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Analítico, locuaz y tanguero

LA NACION
Viernes 11 de marzo de 2016
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El martes fue el último día que estuvimos en La Biela. Él, como siempre, en la ochava de la barra con un discreto aperitivo antes de ir a comer al Rody (Ayacucho y Vicente López). Estaba espléndido, como siempre, locuaz, analítico y la conversación no transitó por el fútbol ni por el tango: aunque pocos lo sabían, Roberto Perfumo dominaba como ya casi nadie lo hace la música de Buenos Aires y hablaba hasta de formaciones enteras de orquestas. No, hablamos sólo y solos de política, ante la atenta mirada del barman Angelito. Le preocupaba la desocupación, el desafecto por el trabajo ("Ya nadie quiere trabajar de nada. Tener un oficio...mi viejo era albañil"). También del odio de alguna gente de la política y del resentimiento dejado por personajes que nos gobernaron.

Cuando se fue a comer, Angelito me dijo: "¡Qué señor, es un placer oírlo hablar". Recuerdo otras conversaciones, nunca entreveros, porque, ¡cómo hablarle de la musicalidad de D'Agostino o de fútbol al mariscal de la vida y los estadios! El menor de cuatro hermanos sonaba como un fuelle cuando hablaba de tango y con la dulzura de un violín cuando se refería a su mujer, Mabel. Fue en Las Delicias, la otra gran confitería de la calle Quintana (donde vivía) cuando le dije: "Y pensá que cuando era chico yo te odiaba". "¡Era lógico!", me contestó, pero "siempre fui de Racing, Mariano, si hasta nací en Sarandí".

Y un día, este antiguo xeneize le preguntó por el River del 75, cuando el equipo de Núñez salió campeón después de 18 años. Y explicó: "Uyyy, lo que me costó armar esa defensa. Bueh..., a Comelles lo había traído don Angel... Artico era medio rústico y a López (Héctor, "El gorrión") hubo que enseñarle a correr. ¡Qué laburo!".

Hace unas horas, de camisa y con sweater en los hombros, se fue apurado, saludado por todos, porque siempre hablaba de la pelota con todos como si fuera uno más. "Nos vemos mañana" ¡La pucha, ni siquiera nos dimos la mano!

mwullich@lanacion.com.ar

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