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El placard de la memoria

Los recuerdos imborrables que transmiten las prendas familiares

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LA NACION
Domingo 13 de marzo de 2016
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Lejos de los arcones lúgubres y de las bolsas en que suele amortajarse la ropa huérfana de sus dueños, el libro My mother´s clothes, de la fotógrafa Jeannette Montgomery Barron, documenta los tesoros del placard de Eleanor Morgan Montgomery, la madre de la artista. Sin pompa fúnebre, pero también despojado de clichés, el libro sugiere una galería de estilos post mórtem, fotografiada de modo poético.

Esa fue la primera impresión que tuve al contemplar sus páginas pero luego, al avanzar la lectura de sus textos breves, supe que Jeannette Montgomery Barron es una artista y fotógrafa que nació en Atlanta, Georgia, y se mudó en 1979 a Nueva York para estudiar en el Centro Internacional de Fotografía. Radicada en Roma, es célebre por sus retratos de la escena de 1980 (de Francesco Clemente a Keith Haring, Bianca Jagger, Boy George, Andy Warhol) y que había comenzado a practicar sus stand stills mientras su madre tenía Alzheimer y como recurso para recordarle situaciones.

Un abrigo de piel, tal vez de visón, fue fotografiado sobre el pasto y con luz natural; un frasco de su perfume favorito, Norell, ideado por el diseñador William Norell (de quien vistió infinitas prendas), en su esbelta botella que contiene las últimas gotas agazapadas en el fondo, y que emerge fotografiado sobre un brocato.

O bien una chaqueta animal print con etiqueta Bill Blass (uno de los diseñadores favoritos de la clase alta norteamericana), acostado sobre una alfombra persa algo raída, el saquito de piel blanca comprado por catálogo en Neiman Marcus, dispuesto sobre una percha de madera sobre la pared con estampas en toiles de Jouy azul y blanco.

La galería de estilos del acervo admite una túnica roja de etiqueta B. H. Wrags, que emerge sobre el fondo de animal print que además engalana la portada. Un bañador rojo de Norma Kamali, que según cuenta la autora era el favorito de su madre y que lo usó hasta los ochenta años, plus un abrigo dorado de Yves Saint Laurent, primeros planos de zapatos Gucci y de un colgante de Elsa Peretti comprado en Tiffany's: las ropas dan fe de sus fundas de tintorerías y un método de conservación que admitió papeles entre sus mangas.

El libro no es una novedad editorial, fue publicado cerca de 2010 pero es nuevo en la biblioteca de mi amiga Valeria y me lo prestó unos días después del funeral de mi hermana mayor, celebrado en el pueblo de mi infancia. Llevaba mucho tiempo sin ver a mi hermana, ignoro cómo se vestía pero no dudo que de un modo extravagante como su mente.

En mi torpe intento de trazar un homenaje en modo stand still verbal de sus ropas, sitúo a las faldas con tela de colchón en azul y blanco que ella diseñó en su adolescencia y cuyas telas compramos juntas en una tienda de ramos generales (luego las cosía una modista desde su casa con piso de barro que significó una de mis primeras aproximaciones a la alta costura), un par de zapatos liláceos con taco stiletto que usó en su fiesta de quince años y también los artilugios de su colección de atuendos armaduras -segunda piel en puro algodón como correlato de sus prédicas medicinales.

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