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Ocho pasos de una estrategia para hablar en público

Los mejores discursos pueden dar la impresión de no exigir ningún esfuerzo, pero no es así; existen algunas pautas para mostrarse seguro y lograr ser persuasivo

Lunes 14 de marzo de 2016
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Fast Company
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Las piernas se le aflojan cuando se acerca al podio. Le tiemblan las manos al ajustar el micrófono. Teme que la cabeza le vaya a estallar. En su interior siente que crece un aullido y busca escapar. Es hora de actuar, y las sensaciones son primitivas y básicas. Los biólogos dicen que en presencia de una supuesta amenaza, entramos en modo luchar-o-huir, lo que detona una reacción que se inicia en los centros de temor del cerebro y termina con los músculos llenos de sangre y oxígeno, preparados para dar batalla o para escapar. Si esto es lo que experimenta, no se preocupe. Incluso algunos de los mejores artistas, como la actriz Barbra Streisand, sufrieron los síntomas del miedo escénico extremo.

Por más pánico que pueda provocarnos pensar en una presentación frente a un grupo, se trate de un discurso ante cientos de personas, una presentación de negocios, una entrevista de trabajo o un informe en una reunión, nuestra carrera puede depender de hacerlo bien. Entonces, ¿cómo podemos mejorar nuestra presentación?

Los antiguos griegos creían que todo ciudadano debe estudiar oratoria y el arte de la persuasión. Aristóteles lo dividió en tres componentes: ethos (cómo ganar el respeto del auditorio), logos (cómo dar sustento al mensaje) y pathos (cómo apelar a las emociones y persuadir con argumentos). Si domina los tres elementos, ya está casi cumplido. Las siguientes son ocho maneras de ayudarse a transmitir sus ideas de modo convincente y persuasivo en cualquier situación en la que deba hablar en público.

1. Practique

La práctica es clave para dominar cualquier capacidad. Winston Churchill pasaba una hora preparándose por cada minuto que hablaba en público. Un discurso de 45 minutos significaba 45 horas de preparación (una semana de trabajo promedio), aunque tenía que conducir un país y una guerra. Un gran discurso debe parecer que se pronuncia sin esfuerzo, incluso espontáneo. Quizás Mark Twain fue el que mejor lo expresó al decir: "Por lo general me lleva más de tres semanas preparar un buen discurso espontáneo".

2. Tenga un gancho

Como todas las grandes canciones que nunca olvidamos, su discurso debe tener un gran gancho. Considere las charlas TED más vistas. En los primeros dos minutos, el orador lanza su gran idea. "Es la educación la que debe llevarnos al futuro inasible", dice sir Ken Robinson, que hace campaña por la creatividad en el aprendizaje. "Quiero comenzar ofreciéndoles algo gratis, no tecnológico, vital... [que] podría cambiar significativamente el modo en que se desarrolla su vida", dice la psicóloga Amy Cuddy. ¿Ganchero? ¡Sin duda! Los estudios muestran que el ritmo cardíaco del público comienza a bajar cuando el que orador pisa el escenario. Scott Berkun alerta en su libro: "Algo anda mal si pasaron 60 segundos y no está aún en su primer argumento".

3. Cállese

Napoleón Bonaparte era un maestro para movilizar a su tropa. Pero para compensar su baja estatura y su francés crudo con acento corso usaba el poder del silencio. Antes de la batalla, se paraba en silencio delante de sus tropas hasta un minuto, antes de dirigirse a ellas. David Hume, que escribía discursos para cuatro presidentes, lo llama la "demora estratégica", que "agrega peso y sabiduría" a la percepción del público. Si bien es poco probable que alguien torture a sus colegas con 60 segundos de silencio, la pausa hábil puede ser igualmente efectiva en una venta, reunión o negociación.

4. Hágalo real

Cuando Ronald Reagan escribió sobre la oratoria, compartió un secreto. En su primer día como locutor radial, estaba nervioso. Entonces, imaginó que estaba hablando con los "muchachos en la peluquería local". "Aprendí la regla fundamental de la oratoria: sea en la radio, la televisión o con un público en vivo, hable a la gente, no desde arriba o a través de la gente. Use las palabras normales de todos los días". Es la razón por la que en su mensaje fundamental al rival de los Estados Unidos dijo: "¡Señor Gorbachov, derribe ese muro!".

5. Haga al público soñar con una estrella

Así como una historia tiene un arco narrativo, una presentación tiene una estructura que puede llevar al público a aceptar una idea. En su charla TED, Nancy Duarte usa la estructura de una serie de cambios contrastados de lo que es a lo que podría ser. Es un patrón que puede encontrarse en los mitos heroicos, en la música clásica y en los discursos de grandes comunicadores como Martin Luther King y Steve Jobs. Duarte explica: "Cuando uno dice: «Aquí hay un problema. ¿Qué pasa si lo resolvemos?». «Aquí hay una barrera. Terminemos con la barrera», uno hace que el statu quo sea poco atractivo y el público se pregunta: «¿Quiero acordar y alinearme con esto o no?». Ese contraste entre lo que es y lo que podría ser crea tensión en la mente del público. Y esa tensión hace que el público se adelante más rápido hacia lo que podría darse en el futuro si se adoptara su idea.

6. Hable con su cuerpo

Sean Stephenson, autor deDeje de dudar: cómo terminar con el autosabotaje y lanzarse al ruedo, fue pasante en la Casa Blanca durante la presidencia de Bill Clinton. Se maravilló de su habilidad para relacionarse con la gente por medio de un repertorio amplio de gestos físicos. ¿El efecto? Todos "se reían, lo abrazaban y lo escuchaban atentamente", dice Stephenson. Clinton les ponía la mano en el hombro, la espalda o el antebrazo al hablar. Los miraba a los ojos y usaba expresiones faciales para generar empatía.

7. Póngase en movimiento

Cuando Chris Rock, el comediante, actuaba de joven, se paraba sin moverse delante del micrófono. Eddie Murphy vio la actuación y le dio un consejo: para retener la atención del público, debía moverse. Desde entonces Rock camina por el escenario. Amy Jen Su y Muriel Maignan Wilkins escriben: "El movimiento despierta el sistema nervioso central. Nuestros ojos siguen el movimiento [cuando usted se mueve en el escenario] el público no puede evitar mirarlo. En cambio, cuando se detiene, la repentina ausencia de movimiento es algo que impacta y crea énfasis". Organice su charla como un actor que aprovecha el espacio.

8. Suba a escena

Martin McDermott, autor de Hable con coraje, advierte que la gente con experiencia escénica comúnmente habla en público con más naturalidad. No tiene que haber sido la estrella del musical en la escuela, "seis meses de improvisación fortalecieron mi capacidad como presentador más que cualquier curso profesional que haya hecho", dice. Muchos otros gurúes de la oratoria recomiendan clases de improvisación para aguzar su capacidad de pensar frente a un público.

Traducción Gabriel Zadunaisky

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