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¿Y si el Mellizo encontró el Nº 9?

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LA NACION
Sábado 12 de marzo de 2016
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Boca tiene un problema con el centro delantero. Desde la venta de Jonathan Calleri y la lesión de Daniel Osvaldo, pasando por la incomodidad de Carlos Tevez para moverse entre los centrales y las pocas respuestas que dio Andrés Chávez cuando le tocó asumir el rol. En ese contexto, sobre todo pensando que el libro de pases no está abierto. ¿Y si el Mellizo encontró en Federico Carrizo al N° 9?

Un gol de tiro libre no le alcanza a ningún jugador para ganarse un puesto, pero Carrizo le está aportando a Barros Schelotto algo que hasta ahora Boca no tenía ni individual ni colectivamente en 2016: rebeldía para encarar y rematar, atrevimiento para sacarle un tiro libre a Tevez. Algo ya había insinuado cuando ingresó ante Racing, en la Bombonera. Está claro que no es un futbolista para que choque con los centrales, pero sí para que termine atacando el espacio, llegando desde atrás. Además, tiene un mejor uno contra uno que Sebastián Palacios y Chávez y más velocidad que Lodeiro. Puede convivir con ellos en el 4-3-3 del entrenador. Incluso Pachi, con un buen remate de media distancia, se destacó jugando varias veces como falso N° 10 en Rosario Central, con Miguel Angel Russo.

Muchos podrán marcarle que tiene, como falencia, la baja estatura (1m70), algo que le dificultaría para ser un eventual jugador libre en las pelotas paradas en contra, pero hay determinados riesgos que se pueden compensar, según la cuestión. Nicolás Stefanelli, que hace las veces de falso 9 en el 4-2-3-1 del muy buen equipo de Defensa y Justicia, mide 1m66; y Facundo Quintana, centro delantero que sorprendió a propios y extraños en Estudiantes, 1m71.

El propio Guillermo Barros Schelotto reconoció en La Paz que la recuperación de Osvaldo no solucionará los problemas ofensivos del equipo. El técnico sabe que el problema de Boca es mayor: tiene que ver con la elaboración de situaciones de riesgo, con una movilidad para generar los espacios y que las sociedades entreguen eficacia en los metros finales. Es cierto que un N° 9 grandote (del estilo de Palermo o de Calleri) le sirve al equipo para "descansar" con la pelota; para buscar una segunda jugada, para generar infracciones. Pero los futbolistas rápidos y desequilibrantes, como Ezequiel Cerutti (San Lorenzo) y Lautaro Acosta (Lanús), son los que más faltas generan para sus equipos y también amonestaciones para los rivales. Federico Carrizo entra en ese rubro.

Carrizo, en el arranque de la era Arruabarrena, en el 2° semestre de 2014, había aportado siete asistencias y un gol; pero en 2015 perdió terreno y se fue a México. Ahora volvió con ganas. Y aunque no es 9, su pique y aceleración pueden llevarlo a terminar jugadas en el punto penal.

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