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Atrapados en Grecia, los refugiados ven cómo sus sueños de desvanecen

Decenas de miles de inmigrantes ilegales quedaron varados en el país, sin saber cómo continuará su odisea

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LA NACION
Sábado 12 de marzo de 2016

ATENAS.- Hace diez días que Fatima, Mohammed y sus cinco hijos esperan con toda las fuerzas del alma que alguien les anuncie un milagro: que los europeos volvieron a abrir las fronteras de Macedonia y que ellos, por fin, podrán proseguir viaje hacia Alemania.

Ambos saben, sin embargo, que ese sueño acaba de estallar en mil pedazos. Que en poco tiempo más, cuando Europa y Turquía lleguen a un acuerdo, se verán obligados a pasar los próximos años hacinados en un campo de refugiados turco. O volver a Afganistán.

Por el momento, como detenidos en el tiempo en la plaza Victoria de Atenas, parecen navegar por la segunda etapa del intrincado proceso de la pérdida: después del shock, la negación. "No es posible. Después de todo lo que soportamos, no pueden expulsarnos. Los europeos no pueden hacernos esto", dice Fatima en un inglés balbuceante.

Su marido, Mohammed Wahdat, recuerda el día que se dijo: "Lo logramos, por fin". A los 35 años, este especialista en minería que trabajaba para el gobierno de Kabul decidió la insensata aventura del exilio para que sus tres hijas mujeres (de 5, 10 y 11 años) pudieran ser libres. "Y estudiar", dice con humildad.

Con esa idea fija salieron en ómnibus desde Kandahar, caminaron días y noches por los bosques de la frontera iraní, atravesaron Turquía en tren y cruzaron el mar Egeo en un bote inflable: él, sus tres niñas, y sus hijos Ahmed, de 7 años, y Aruin, el bebé de 24 meses que nunca cesó de llorar en brazos de su esposa.

"El día que llegamos al Pireo pensé que habíamos vuelto a nacer", recuerda. "Ahora nos dicen que debemos volver atrás. Pero... para nosotros no quedó nada detrás", dice con desconcertante serenidad. Desde hace un año, cada mañana los ferries desembarcan en el Pireo -el puerto de Atenas- con cientos de candidatos al refugio en Europa. Exhaustos, llegan de Lesbos, Chios y Kos, las islas griegas del Dodecaneso.

Como Mohammed y Fatima, esos migrantes atravesaron antes miles de kilómetros para dejar sus remotos países y, una vez llegados a las costas turcas, se lanzaron al mar en embarcaciones de fortuna que se dejan tragar por el mar Egeo una de cada dos. Traen unos pocos bultos, miserables testimonios de una vida de sufrimiento y privación. En lo más íntimo del cuerpo, ocultan unos pocos euros, fruto irrisorio de todo aquello que dejaron atrás.

Desde agosto pasado esa ruta funcionaba a fondo. Hasta ahora, muchos de esos migrantes hacían una pausa de uno o dos días en los parques de la capital griega antes de seguir camino hacia el Norte. En Atenas esperaban un ómnibus que los llevara hacia Tesalónica, Larissa o Avros, en la frontera con Macedonia. Ese minúsculo país abría las puertas al gran sueño de la Europa opulenta. Atravesándolo, dejando también atrás Serbia, Croacia, Eslovenia y Austria, está Alemania. Son en total 1561 kilómetros. Pero ¿qué son, comparados con los 5000 o 6000 que cada uno ya dejó atrás?

Pero eso era antes. Hace 10 días, Donald Tusk, el presidente del Consejo Europeo, advirtió al mundo que Europa cerraría herméticamente sus fronteras exteriores. ¿Entonces? Entonces, aquellos migrantes que llegan a Grecia quedan atrapados sin saber hasta cuándo. En este momento son 35.000 en todo el país. Y 2500 más arriban cada día a Atenas. Sin punto de comparación con el rechazo a la inmigración que paraliza al resto de Europa, el drama humano aumentó la angustia de los griegos. Ya seriamente afectados por una crisis económica que dejó al 24% sin trabajo, los griegos ven su futuro cada vez más incierto.

"Llegan y llegan y llegan... ¿Pero adónde van a ir?", dice azorado Vassilis Pappas, sentado en un banco de la plaza Victoria, punto de reunión de los migrantes. "Nos convertimos en extranjeros en nuestro propio país. Es la verdad. Los griegos lo abandonan y emigran. Mire a su alrededor: todos los negocios cerraron. Nosotros partimos y ellos llegan", dramatiza Pappas.

En la sala de espera del Pireo es otro el ambiente y el estado de ánimo. Poco antes de la llegada de un ferry, varios voluntarios preparan platos de sopa caliente y pan para distribuir. "No pertenecemos a ninguna organización. Nos conectamos vía Facebook", relata Eleni.

Muchos son los ciudadanos que llegan al puerto con cajas que contienen botellas de agua, ropa, galletas o leche para los chicos. "Los reportajes de la televisión sensibilizan a la gente", reconoce Katerina Kitidi, del Alto Comisionado para los Refugiados de la ONU (Acnur).

Reubican a inmigrantes

Grecia comenzó a reubicar en nuevos centros de recepción a 16.000 refugiados de los más de 42.000 atrapados en su territorio tras el cierre de la ruta de los Balcanes.

El plan contempla la habilitación de 15 nuevos centros, que buscan aliviar la presión sobre el campamento fronterizo de Idomeni y el puerto ateniense de El Pireo.

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