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Francisco: la Guardia Suiza lo mantiene informado de San Lorenzo

Por pedido del Pontífice, algunos integrantes del cuerpo que custodia el Vaticano le pasan periódicamente los resultados de su club favorito; el líder de la Iglesia Católica lleva anotaciones deportivas en sus libretas personales

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PARA LA NACION
Sábado 12 de marzo de 2016
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En sus 510 años de existencia, los guardias suizos encargados de custodiar el Vaticano recibieron misiones de todo tipo. Algunas fueron riesgosas y casi suicidas; la más conocida, enfrentarse con el ejército de 20 mil hombres del emperador Carlos V durante el saqueo a Roma en el siglo XVI. Otras, como llevar una pluma roja en la cabeza, tuvieron que ver casi con caprichos estéticos. Pero hace tres años, cuando el cardenal Jorge Bergoglio llegó a la cima de la Iglesia Católica, algunos de los soldados del Papa recibieron un encargo mucho más pintoresco: mantenerlo informado sobre uno de sus santos preferidos, Lorenzo de Almagro.

Gracias a ellos, el Pontífice, que mucho antes de ser Francisco dejó de mirar televisión por una promesa, recibe desde el 13 de marzo de 2013 noticias sobre su club, resúmenes de partidos y ubicación en la tabla de posiciones incluidos. Así supo días atrás, por ejemplo, que el clásico contra Huracán había terminado con un empate, que el gol del Globo había ocurrido sobre la hora y que su autor había sido Ramón Ábila. Así ha conseguido enterarse también de que ése fue el primer empate de una serie que tiene inquietos a los demás hinchas del Ciclón.

Semana tras semana, alguno de los simpáticos sujetos vestidos con los colores de Rosario Central (que son en realidad el azul y el amarillo de la familia noble a la que pertenecía el papa Julio II, el creador del cuerpo de protección) cumple el ritual informativo para el hombre que desde hace más de 25 años recrea jugadas en su cabeza, probablemente único terrícola vidente que pese a su afición al fútbol nunca ha visto jugar a Lionel Messi.

Bergoglio dejó de mirar televisión en julio de 1990. Lo contó él mismo hace un tiempo en una entrevista, y dan fe de ello amigos de él consultados por LA NACION. Por una promesa a la Virgen del Carmen, renunció al televisor, lo que implicaba, entre otras cosas, sacrificar los partidos del club de sus amores. Sólo una vez puso en pausa su juramento, pero no por cuestiones futbolísticas: el martes 11 de septiembre de 2001, con el mundo sacudido por los atentados contra el World Trade Center, no pudo contenerse. En esos tiempos, como arzobispo de Buenos Aires, la radio y la prensa gráfica argentinas le permitían seguir informado sobre San Lorenzo y hasta escuchar las transmisiones de los partidos. Pero desde su mudanza a Europa en 2013, con su agenda ultra saturada, ha tenido que apelar a canales menos tradicionales para estar lo más informado posible sobre el tema. Fiel al estilo que desde entonces buscaría imprimir a su papado, aprovechó la cuestión para involucrar en una de sus pasiones a la gente que lo rodea en su domicilio vaticano, y tratar de que no lo consideren sólo como lo que al fin y al cabo es: su jefe. "El Papa se acerca a la gente más periférica de su servicio y tiende puentes para que todos se sientan importantes", explicó a LA NACION una amiga de él.

No sorprende entonces que la simpática misión de mantenerlo al día haya recaído en algunos miembros del cuerpo de soldados que vela por su seguridad. Naturalmente, durante sus constantes viajes debe emplear otros métodos, y suele informarse, por ejemplo, con los periodistas que lo acompañan en las giras. Atento siempre a lo que sucede en el mundo, el Papa pregunta sobre cuestiones deportivas sin olvidar nunca aquella máxima según la cual "el fútbol es lo más importante de lo menos importante".

En lo posible, además de indagar acerca de algún resultado, Francisco intenta estar al tanto de otros detalles futbolísticos. No pide urgencia, y de hecho pueden pasar varios días sin que reciba información fresca sobre cuestiones deportivas, pero le gusta estar al tanto de datos como los goles, los puntos e incidencias. Con esa información, Francisco hace algo que ya hacía en Buenos Aires: lleva anotaciones en libretas personales sobre la marcha de su equipo. Cuando tiene tiempo libre -cosa que no sucede muy a menudo-, además de leer, escuchar música y escribir, lo aprovecha para acomodar esos datos deportivos. "Anota todo, como en la vieja sección de El Gráfico «La jornada está aquí»", explicó a LA NACION un ex diplomático argentino que lo conoce muy bien y que mantiene contacto fluido con él.

El correo deportivo entre el Papa y sus escoltas no se limita a San Lorenzo cuando hay algún acontecimiento destacado. El flujo de información corrió, por ejemplo, durante el Mundial en 2014, y de hecho en el Vaticano aún recuerdan el día en que Francisco llamó a Dilma Rousseff después del 1-7 contra Alemania. La mandataria había estado pocas semanas antes con el Pontífice en la residencia de Santa Marta y había hecho un pedido: "Neutralidade". Dilma le confesó que no sabía casi nada de San Lorenzo hasta que, de pronto, se convirtió en la sensación del continente. Las plegarias del socio número 88.235 por su club, sin dudas, eran la explicación. Por eso su ruego: "Sea neutral en sus rezos, porque la copa es de Brasil". El Papa le prometió que sería imparcial, y cumplió. Después del mazazo de la semifinal, la llamó casi para solidarizarse con ella y con los sufridos hinchas. "Presidenta, créame que yo habría rezado por Brasil, y no por Alemania, pero usted no me dejó", dijo. El comentario no le cayó del todo bien a la gobernante. Después de todo, venían de parte de un hincha argentino.

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