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Sabores del mundo, en un banquete en la Avenida de Mayo

Miles de visitantes recorrieron más de 80 puestos gastronómicos y disfrutaron de espectáculos de música y teatro

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PARA LA NACION
Domingo 13 de marzo de 2016
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Un sábado en plena Avenida de Mayo, con la Casa Rosada imponente bajo el sol de mediodía, sin el bullicio y el trajín típico de los días laborables, dibuja una postal poco frecuente. El día se presentaba tentador, casi tanto como las exquisiteces que protagonizan la quinta edición del Patio Gastronómico de las Colectividades, encuentro que se repetirá esta tarde, de 16 a 21.

Ayer, miles de personas disfrutaron de este evento. La intersección con la calle Bolívar presentaba un gran escenario que ofreció distintos números de música, danza y teatro. Varias pantallas repetían las imágenes que eran captadas por medio de un dron y de varias cámaras fijas, cuestión que los hambrientos paseantes no perdieran detalle del espectáculo sin necesidad de abandonar sus preciados puestos de expendio de delicias.

Los 200 metros que separaban el escenario de la calle Balcarce lucían engalanados como en día de fiesta. Prolijos gazebos blancos albergaban exquisiteces típicas de varias regiones del mundo, preparadas en su mayoría por descendientes de esas patrias, fieles transmisores de los secretos culinarios que un nutrido público disfrutó desde poco antes de las tres de la tarde.

Ayer, el centro porteño estuvo lleno de turistas
Ayer, el centro porteño estuvo lleno de turistas. Foto: Maximiliano Amena

Michael, Tom y Rick bien podrían mimetizarse con cualquier joven porteño: esponjosa y bien cuidada barba con bigote, colorido cap y jeans bien pegados al cuerpo componen el "uniforme" de estos tres estudiantes de Texas, de paseo por la ciudad. "Nos dio algo de pena no encontrar un puesto de comida americana, pero vimos opciones muy tentadoras", confesó Tom, en inglés, mientras sus amigos apuraban unas sabrosas salchichas alemanas con chucrut.

Al comienzo de la jornada, los platos salados salían sin pausa: salchipapas peruanas, arepas venezolanas y bigos (una especie de estofado a base de repollo, cebolla, zanahoria y carne) polacos resultaban irresistibles para un almuerzo tardío. Las jugosas empanadas dominicanas y los sandwiches de Rusia con fiambres artesanales también generaban el interés de varios, que a razón de $ 50 por unidad cualquiera podía considerarse satisfecho.

Pedro y Ana vinieron a Buenos Aires hace tres años, cuando la situación en Venezuela se tornó complicada tanto laboral como políticamente. Sentados a una de las largas mesas dispuestas a los costados de la arteria principal, estos profesores de matemáticas disfrutan de sendas cachapas, una suerte de tortilla de maíz que puede contener rellenos varios; en este caso carne picada bien condimentada y un sabroso queso que insiste en rebasar los bordes y manchar servilletas y manos. "Aunque aquí se puede encontrar buena cocina de nuestro país, esta feria tiene un atractivo especial, además de comida sabrosa y a buen coste", explica Ana.

Empieza a caer la tarde y el público no se renueva, sino que se multiplica. Unas muchachas ataviadas cual bailarinas del Moulin Rouge ofrecen a los más pequeños figuras de animales a partir de globos. Un veterano bandoneonista musicaliza un número de baile polaco, al tiempo que niñas con vestimentas típicas bolivianas representan danzas del altiplano. Todo enmarcado por la gran oferta gastronómica, eje del evento organizado por la Ciudad. "Buenos Aires es esto: una suma de colectividades que conviven en paz y en intercambio constante", dijo a LA NACION el vicejefe de gobierno porteño, Diego Santilli.

El sol que al comienzo brindaba un cálido abrigo amenaza con esconderse en breve y las preferencias viran hacia un café caliente y algunas de las dulzuras que, ahora, se muestran más tentadoras. El local austríaco no da abasto despachando tibios y supremos strudel de manzana, en masa filo. El stand dominicano vive su momento de notoriedad, mientras ofrece sublimes crepas de maíz, pasas, coco y canela, y el gazebo griego agota su provisión de baklavas y kataifis, dulces hechos a base de frutos secos, almíbar y miel.

Familias enteras recorren los 80 puestos sin poder decidirse. Es que cada propuesta se apetece irresistible. Quienes ya saciaron su hambre y gula por demás, optan por sentarse a las mesas y disfrutar de los shows sobre el escenario, aguardando la elección del representante porteño de colectividades 2016. Una tarde atípica en pleno centro de la ciudad.

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