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Una historia que mezcla motines, denuncias y reclamos vecinales

Revueltas ocurridas en 1984 y en 1996 dañaron la estructura del lugar y su reputación

Lunes 14 de marzo de 2016
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El traslado de los últimos detenidos a los penales de Ezeiza y Marcos Paz marcó el fin de la ex cárcel de Caseros, que funcionó entre abril de 1979 y agosto de 2000 en el barrio porteño de Parque Patricios.

Había sido inaugurada por el dictador Jorge Rafael Videla y tenía una capacidad para albergar a 1800 presos en celdas de 1,20 metros de ancho cerradas por una puerta blindada. Las celdas se ubicaban entre los pisos 3 y 18; la última planta estaba destinada a los presos de mayor peligrosidad.

El edificio con forma de H, pensado como una construcción moderna e innovadora, colapsó apenas cinco años después de su inauguración como consecuencia de un violento motín, ocurrido en 1984.

Luego de la revuelta, la estructura de la cárcel quedó dañada. Los presos rebeldes, que exigían ser tratados con condiciones más dignas, habían abierto boquetes en las paredes para deslizarse a través de ellos hacia otros pisos y por los caños de agua y cloacas.

Doce años después fue sofocado otro intento de motín que podría haber terminado en una tragedia. La banda conocida como Los 12 Apóstoles, que dos meses antes habían provocado el motín en Sierra Chica, el más sangriento de la historia carcelaria argentina, mantuvo 18 rehenes durante cuatro horas.

Liderados por Marcelo Brandán Juárez, los presos tomaron el pabellón 15 de Caseros y se enfrentaron con los agentes del Servicio Penitenciario Federal, que lograron frenar el caos.

En 2001, la por entonces secretaria de Asuntos Penitenciarios Patricia Bullrich (hoy ministra de Seguridad de la Nación) anunció el fin de la ex cárcel de Caseros, y el gobierno encargó la demolición del edificio al Comando de Ingenieros del Ejército Argentino.

La H gigante fue derribada mediante la técnica de implosión, el mismo procedimiento utilizado en el ex albergue Warnes.

El proceso de desmantelamiento previo incluyó remover 1174 camas, 360.000 kilos de rejas, cocinas industriales, un equipo de panadería (se elaboraban 3600 kilos de pan por día), máquinas de imprenta, dos gimnasios, material quirúrgico, camillas y equipamiento médico y odontológico del hospital que funcionaba en la unidad.

El viejo inmueble, sobre la avenida Caseros, data de fines del siglo XIX y sirvió para alojar a efectivos de las fuerzas de seguridad y a menores de entre 18 y 21 años.

Cuando los inmuebles quedaron ociosos, fueron rápidamente copados por intrusos y vendedores de drogas, según denunciaron los vecinos de Parque Patricios, que durante años batallaron para que el lugar fuera recuperado del olvido y el abandono y mejoraran así tanto el paisaje como la calidad de vida en el barrio.

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