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La protesta eleva al juez Moro a héroe nacional

El magistrado que lleva el petrolão fue exaltado por los manifestantes y señalado como paladín contra la corrupción

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LA NACION
Lunes 14 de marzo de 2016
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SAN PABLO.- "Todos somos Sergio Moro"; "Moro, máximo campeón de Brasil"; "Moro es mi amigo; se mete con él, se mete conmigo"; "Gracias, Moro, por hacerme creer de nuevo en mi país". Las pancartas con referencias al juez federal que desde Curitiba lleva adelante el caso del esquema de corrupción que se implantó en Petrobras eran ayer omnipresentes en las protestas que se realizaron en todo el país, donde los manifestantes alzaron al magistrado casi al nivel de héroe nacional.

"En momentos de gran crisis, en los que todo parece oscuro, cuando surge una persona como el juez Moro, honrada, seria, con coraje y una visión de un futuro distinto, la gente lo adopta como un símbolo de esperanza. Tengo 81 años y he visto de todo en Brasil, pero muy pocas personas con la integridad de este juez", comentó a LA NACION la jubilada Ignez Gurgel, quien pese a su dificultad para caminar avanzaba paso a paso por la Avenida Paulista agarrada del brazo de su hija y con una leyenda en el pecho que decía "Eu amo Moro".

Desde que hace dos años saltó a la escena nacional al ordenar las investigaciones sobre el escándalo del petrolão, el abogado de 44 años oriundo de la ciudad paranaense de Maringá ha despertado tanta admiración como curiosidad. De estricto bajo perfil, no ha dado entrevistas a los medios y muy poco se conoce de él más allá de su formación (se graduó en Derecho de la Universidad Federal en Maringá en 1995; tiene una maestría y un doctorado en la Universidad Federal de Paraná; participó en cursos de abogacía en Harvard y se especializó en temas de lavado de dinero en un programa del Departamento de Estado de Estados Unidos), su meteórica carrera (se convirtió en juez federal en 1996) y algunos datos personales (está casado y tiene dos hijos).

Se sabe también que asistió a la jueza del Supremo Tribunal Federal (STF) Rosa Weber durante el juicio por el escándalo del mensalão (2012-2013) y que en esos años también trabó una gran amistad con el entonces presidente de la máxima Corte brasileña, Joaquim Barbosa, una de las figuras más respetadas de Brasil.

Al igual que le sucedía a Barbosa en esos tiempos, ahora Moro suele recibir efusivas muestras de afecto. Cuando es descubierto en la calle o en los restaurantes de Curitiba, la gente lo aplaude y lo viva, situaciones que por momentos parecen incomodarlo. Ayer, con la mención de su nombre en prácticamente todas las manifestaciones del país, Moro rompió su tradición y envió a los medios un comunicado en el que se declaró "emocionado" y agradeció el apoyo popular a las pesquisas del petrolão.

"A pesar de las referencias a mi nombre, rindo tributo a la bondad del pueblo brasileño por el éxito que hasta el momento ha tenido el trabajo institucional robusto. Es importante que las autoridades elegidas y los partidos oigan la voz de las calles y se comprometan igualmente con el combate de la corrupción, reforzando nuestras instituciones y cortando, sin excepción, en su propia carne, pues hoy se trata de una iniciativa casi exclusiva de las instancias de control", resaltó el juez.

Por otro lado, hay grupos de brasileños que a Moro quisieran verlo muerto. Recientes amenazas contra su vida en las redes sociales llevaron a que en los últimos días el juez aceptara manejarse con escolta y que evitara los lugares públicos, los paseos en bicicleta y el traslado de su casa al trabajo en scooter. La policía asegura que tiene identificados a los autores de esos mensajes más radicales.

"Tiene que tomar precauciones; su trabajo ha despertado el odio de muchos empresarios y políticos corruptos. Moro es una pieza fundamental en la limpieza que Brasil necesita y no podemos perderlo. No sé si es un héroe, pero estoy seguro de que es un patriota consciente de su poder como ciudadano, algo que nos está enseñando a todos los que estamos hoy en las calles pidiendo el fin de la impunidad", dijo a LA NACION el comerciante paulistano Fabio Martins, 38.

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