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Dilma, cada vez más acorralada: sufrió las mayores protestas en democracia

Más de tres millones de personas salieron a las calles para pedir el juicio político

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LA NACION
Lunes 14 de marzo de 2016
Río de Janeiro: cerca de 700.000 personas se concentraron en Copacabana
Río de Janeiro: cerca de 700.000 personas se concentraron en Copacabana. Foto: EFE / Antonio Lacerda
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SAN PABLO.- Las calles de Brasil volvieron a hablar y lo hicieron con una fuerza contundente. En la mayor manifestación de la historia democrática del país, más de tres millones de brasileños desbordaron ayer las principales ciudades. Lo hicieron para exigir al Congreso la destitución de la presidenta Dilma Rousseff y condenar los escándalos de corrupción en torno a Petrobras, que han manchado al Partido de los Trabajadores (PT) y a su máximo líder, el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva.

"¡Fuera Dilma!", "¡Basta del PT!", "¡Lula corrupto!", eran los gritos que más se escuchaban entre las multitudes que, vestidas con los colores nacionales verde y amarillo, marcharon en forma pacífica y en un ambiente casi carnavalesco, como sólo los brasileños saben combinar protesta política con alegría.

Los actos, convocados por los grupos civiles Movimiento Brasil Libre y Vem Pra Rua, tuvieron por primera vez el abierto respaldo de las fuerzas de oposición, lideradas por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

Las marchas se replicaron en unas 400 ciudades y dejaron en evidencia la gravedad de la crisis que enfrenta Dilma. La mayor manifestación fue en San Pablo, donde la policía militar calculó que 1,4 millones de personas cubrieron la tradicional avenida Paulista. En Río de Janeiro, los organizadores estimaron que hubo entre 700.000 y un millón de personas desfilando por la avenida Atlántica, en Copacabana, mientras que en Brasilia se reunieron más de 100.000 personas.

Otras ciudades que congregaron mucha gente fueron Curitiba (centro de las investigaciones judiciales del petrolão), con 200.000 personas; Recife (150.000); Natal (150.000); Porto Alegre (120.000); Fortaleza (100.000); Florianópolis (80.000), y Belo Horizonte (50.000). Según los cálculos oficiales, se trató de la mayor movilización popular en Brasil desde las manifestaciones a favor de la campaña Diretas Já, que en 1984 presionó al gobierno militar para el retorno de la democracia.

La magnitud de las protestas representa un durísimo revés para Dilma, ya severamente desgastada por la más grave recesión económica desde 1930 y acorralada por una crisis política derivada de profundas diferencias con el principal socio de la coalición oficialista, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). Con la alianza que sostiene a la presidenta al borde de un quiebre y ante este irrefutable mensaje popular, la apertura del proceso de impeachment presentado el año pasado en la Cámara de Diputados cobra nuevo impulso y deja a Dilma a merced de un Congreso muy fragmentado y repleto de enemigos, donde el gobierno ha perdido la escasa influencia que tenía.

"Queremos un cambio y el Congreso tiene que escuchar nuestras voces; si no, volveremos a salir a las calles hasta que se vayan todos los corruptos", resaltó a la nacion el empresario paulistano Ricardo Gomes, de 48 años, mientras caminaba a la sombra de los rascacielos de la avenida Paulista con familiares y amigos, todos vestidos con la camiseta de la selección nacional de fútbol. "Yo voté a Lula y al PT en el pasado, pero me siento muy defraudado con cómo han terminado corrompiéndose después de 13 años en el poder", aclaró en referencia a las acusaciones que pesan contra varias figuras petistas, incluido el popular ex presidente.

Desde que, dos años atrás, el juez federal Sergio Moro inició las investigaciones acerca del esquema de sobornos y desvíos que imperaba en Petrobras, han terminado en prisión numerosos ex directivos de la petrolera estatal, poderosos empresarios de constructoras que pagaban coimas a cambio de jugosos contratos y políticos oficialistas que mediaban en los negocios. Entre los pesos más pesados hoy tras las rejas se cuentan el ex jefe de Gabinete de Lula José Dirceu; el ex tesorero del PT João Vaccari Neto; el principal estratega de las campañas de Lula (2006) y de Dilma (2010 y 2014), João Santana, y el ex presidente del mayor conglomerado del país, Marcelo Odebrecht.

En unas medidas que sacudieron el mundo político, el propio Lula fue llevado a declarar compulsivamente ante la justicia dos semanas atrás por órdenes del juez Moro, que sospecha que el popular ex presidente se benefició de la red de sobornos, mientras que la semana pasada el Ministerio Público del estado de San Pablo denunció al ex mandatario por presunto ocultamiento de patrimonio y pidió su prisión preventiva (la justicia todavía tiene que tomar una decisión al respecto).

Brasilia: en la capital brasileña se reunieron más de 100.000 manifestantes
Brasilia: en la capital brasileña se reunieron más de 100.000 manifestantes. Foto: AP / Eraldo Peres

En prácticamente todas las marchas de ayer, los manifestantes expresaron su rotundo apoyo a Moro, a través de originales pancartas y máscaras con su rostro (ver Pág. 3). Sin embargo, los símbolos de la jornada fueron los muñecos inflables de Dilma y Lula vestidos de presidiarios, que se vendían más que el pão de queijo caliente. La gente los agitaba mientras entonaba el himno nacional o coreaba cánticos contra el PT.

"Esta administración ya se acabó, es cuestión de tiempo hasta que se hunda. No tiene la más mínima gobernabilidad", señaló el maestro Edilson Araújo, que llevaba la cara pintada con los colores brasileños y recordó que con movilizaciones similares comenzó la abrupta salida de Fernando Collor de Mello, quien antes de enfrentar un impeachment en el Congreso renunció, en 1992.

Varios políticos opositores se animaron por primera vez a unirse a las marchas, como por ejemplo el presidente del PSDB, Aécio Neves, y el también socialdemócrata gobernador del estado de San Pablo, Gerardo Alckmin, pero a no todos los manifestantes les gustó su intervención y fueron silbados y hostilizados.

"Estamos junto a los brasileños que quieren y merecen algo mejor, para construir un nuevo camino para el país", llegó a decir Aécio antes de ser tildado de "oportunista" y "ladrón" por personas de la muchedumbre.

En Brasilia, la presidenta monitoreó los eventos del día y luego se reunió con su núcleo político para analizar cómo responder al degradado panorama para su gobierno. Hasta anoche, la única reacción oficial fue un comunicado que resaltó "el carácter pacífico" de las protestas.

Para evitar enfrentamientos, desde el PT y el mismo gobierno habían llamado a cancelar las contramarchas. De todos modos, un grupo de simpatizantes de Lula se acercó al departamento donde vive en São Bernardo do Campo. Con Lula cada vez más sospechado, Dilma le había ofrecido la semana pasada formar parte de su gabinete, lo que le brindaría inmunidad ante la justicia regular. En un principio, Lula se negó, al señalar que sería una forma de admisión de culpa, pero prometió considerarlo después de las manifestaciones. Muchos creen que, con la dimensión que tuvieron ayer, una aventurada jugada en ese sentido enfurecería aún más las calles de Brasil.

Las mayores concentraciones, según Datafolha

865.000

Misa del Papa

2013: Multitudinaria celebración en Copacabana

500.000

Pedido impeachment

Ayer: medio millón de personas se juntaron en Av. Paulista

400.000

Diretas Já

1984: la marcha en San Pablo era la mayor, hasta ayer

335.000

Marcha para Jesús

2012: fue un gran evento religioso en San Pablo

270.000

Gay Parade

2012: fue otra gran manifestación en Av. Paulista

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