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La Orquídea, el tradicional bar que no descansa

Escritores, tangueros y jóvenes son habituésde sus largas jornadas

Martes 15 de marzo de 2016
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"Se convirtió en mi bar, me parece perfecto. Lo que tiene de perfecto es que no hay sobreactuación de lugar de café. Es una cosa rara, difícil de encontrar. La Orquídea es normal, no tiene la histeria del café, una puesta en escena, un artificio", explica el escritor Martín Kohan, a punto de editar su novela Fuera de lugar, de editorial Anagrama. Relata que, desde hace diez años, es habitué de este reconocido bar de Almagro. Allí lee, escribe y se reúne con amigos, a cualquier hora del día, incluso de madrugada, cuando dice que es "el lugar" que lo recibe cuando no puede dormir.

La Orquídea, en la esquina de Corrientes y Acuña de Figueroa, debe su nombre a que nació en 1954 de la mano de los trabajadores del Mercado de las Flores, que fueron sus primeros clientes. Permanece abierta las 24 horas y se puede tomar un cortado o comer una milanesa con papas fritas a las 3 de la mañana o a las 5 de la tarde.

Cuando el mercado se mudó trajo aparejada la renovación del público. Por sus mesas y sillas de madera, bajo ventanas fileteadas por el maestro Gustavo Ferrari, hoy pululan escritores como Kohan o Liliana Lukin, jóvenes que salen de las discotecas, viejos tangueros que llegan de madrugada después de bailar en La Catedral, pastores evangelistas y fieles de la Iglesia Universal del Reino de Dios, que funciona en el galpón del ex mercado.

Símbolos de Buenos Aires

"Cuando viajo lo extraño. Conozco a los mozos y aprecio el hecho de que encuentran una manera perfecta de ser cordiales, afectuosos y discretos a la vez", dice Kohan.

Comenta que una vez, recién llegado de Europa donde ganó un premio, un mozo al que conocía desde hacía años, se limitó a informarle que ese día el café lo pagaba la casa. Es que allí hay mucha gente que escribe, estudia o lee el diario y a nadie se le hubiera ocurrido aplaudir.

Pero lo mismo hubiera sucedido en otro de los bares de la zona, también con nombre de flor, como Las Violetas, en Rivadavia y Medrano, inaugurada en 1884. Un bar notable símbolo de la Buenos Aires de antaño

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