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La oposición apura el juicio político a Dilma

Tras la mayor protesta de la historia del país, crece la presión sobre la presidenta

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LA NACION
Martes 15 de marzo de 2016
Dilma presa, una de las imágenes recurrentes en las marchas antigubernamentales de anteayer
Dilma presa, una de las imágenes recurrentes en las marchas antigubernamentales de anteayer. Foto: AP / Silvia Izquiero
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SAN PABLO (De nuestro corresponsal).- De las calles al Congreso. Después de la mayor movilización popular de la historia de Brasil, en la que 3,6 millones de personas exigieron la salida del poder de Dilma Rousseff y condenaron los escándalos de corrupción que involucran al Partido de los Trabajadores (PT), el gobierno y la oposición comenzaron a prepararse para medir sus fuerzas en el Parlamento. Allí se definirá la suerte del proceso de impeachment que amenaza a la presidenta.

Desde temprano, Dilma estuvo reunida con sus asesores políticos más cercanos y líderes de los partidos aliados. Los exhortó a fortalecer el diálogo con todas las fuerzas en el Congreso, en momentos en que los partidos opositores aceleran el proceso de juicio político que ya había sido iniciado a fin del año pasado, pero que fue dejado en suspenso por la intervención a último momento del Supremo Tribunal Federal (STF).

"Tenemos que dar una respuesta rápida a las calles. Las protestas fueron muy grandes. No vamos a tener otra oportunidad", dijo el diputado opositor Paulo Pereira da Silva, líder del partido Solidaridad

Respaldado en la sentencia del Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU) que el año pasado halló a Dilma culpable de haber manipulado la contabilidad oficial para ocultar el déficit, el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, dio inicio al proceso de impeachment a principios de diciembre.

Aunque Cunha pertenece al principal socio del PT, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), se ha autodeclarado enemigo número uno de Dilma, y él mismo está acusado de haberse beneficiado del multimillonario esquema de sobornos que se enquistó en Petrobras. Según el gobierno, ha usado el impeachment como cortina de humo para desviar la atención de las denuncias sobre él.

De cualquier forma, la movida de Cunha fue secundada por las principales fuerzas opositoras, comandadas por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que también responsabilizan a Dilma por la grave recesión económica, el descalabro en Petrobras y la crisis política.

Cuando la Cámara de Diputados ya había elegido a los miembros de la comisión especial de impeachment, el STF sorprendió al cuestionar los trámites adoptados para la elección de sus miembros (con voto secreto y por listas sábana) y el proceso quedó estancado. Hasta ahora.

Se espera que mañana el STF deje en claro el "rito" correcto para el avance del impeachment, y Cunha ya adelantó a los diputados que hagan planes para quedarse en Brasilia el jueves y viernes para crear una nueva comisión de juicio político. Tan deseoso está de bajarle el pulgar a Rousseff que hasta ya prevé que los diputados celebren sesiones los cinco días de la semana, en vez de los tres actuales. Buscará así acelerar al máximo los tiempos, como para que haya una definición en mayo o junio a más tardar.

"Esta semana será decisiva ya que el STF definirá el rito y la Cámara le dará continuidad. Los partidos tendrán muy en cuenta las manifestaciones y el impeachment ganó fuerza con ellas", reconoció el diputado Rogerio Rosso, del Partido Social Democrático (PSD), aliado al gobierno.

El propio PMDB, al que también pertenece el vicepresidente Michel Temer, está muy dividido sobre qué actitud tomar.

El sábado pasado, dio los primeros pasos hacia un distanciamiento total del PT al anunciar que no aceptaría nuevos cargos y que en 30 días decidiría si rompe o no con la alianza gubernamental. Y sus votos serán claves para definir el camino del impeachment.

Una vez creada la comisión especial, ésta tendrá 15 sesiones para emitir un parecer a favor o en contra del juicio político, que debe ser votado en el plenario de la Cámara baja. Allí, se requerirán dos tercios de los sufragios (342 de 513) para su aprobación; si eso sucede, la presidenta sería apartada de su cargo por 180 días y el vicepresidente la reemplazaría temporalmente.

El juicio político en sí pasaría al Senado, donde también se necesitaría de un respaldo de dos tercios (54 de 81 senadores) para que la destitución de la presidenta se concretara.

En ese caso, el vicepresidente permanecería en el poder de forma efectiva para cumplir el resto del mandato (hasta fin de 2018), y a la presidenta se le prohibiría candidatearse para un cargo electivo por ocho años. Hasta ahora, sólo Fernando Collor de Mello fue sometido a un proceso de impeachment, en 1992, pero renunció antes de ser defenestrado.

Ayer, el jefe de Gabinete de Rousseff, Jaques Wagner, comparó las maniobras de la oposición y en especial el comportamiento de Cunha con las del maquiavélico protagonista de la serie House of Cards, Frank Underwood.

"Hay gente que está babeando sangre", señaló, y apuntó que aunque el gobierno "reconoce sin desmerecer" la movilización del domingo, fue "producida" por la oposición (en realidad, fue convocada por grupos civiles apartidarios y luego apoyadas por políticos de la oposición). Según Wagner, la gente está exasperada por la recesión económica, que ha llevado a una contracción del PBI del 3,8% el año pasado, mientras que la inflación y el desempleo subieron al 10%.

Ante este escenario, la carta que todavía está considerando jugar el gobierno es la designación del ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva, padrino político de Rousseff, como ministro para articular fuerzas y superar los difíciles obstáculos que se presentan por delante. Rousseff ya le había ofrecido la semana pasada un cargo a Lula en el gabinete, sobre todo para brindarle inmunidad ante las embestidas de la justicia, que sospecha que el ex mandatario se benefició del esquema de sobornos y desvíos de Petrobras. Lula todavía no está convencido de aceptar, cree que sería una suerte de reconocimiento de culpa y podría enfervorizar aún más a las calles.

Sin embargo, ayer el presidente del PT, Rui Falcão, respaldó la idea al anunciar una marcha en defensa del ex presidente para el próximo viernes.

"En mi opinión, él debería ir al gobierno, independientemente de las protestas. Pero es una decisión difícil que tiene que ser muy pensada", subrayó.

La repercusión en los medios

O Estado de S. Paulo: ¿Brasil es Venezuela? ¡No! El domingo demostró que la mayoría del país es verde y amarillo.
Valor Econômico: La fuerte adhesión de la protesta le dará impulso al proceso de impeachment de Dilma.
O Globo: La insatisfacción de la gente aumenta la presión sobre el gobierno, en una semana decisiva.
Folha de S. Paulo: Las protestas para la caída de Dilma Rousseff fueron el mayor acto político de la historia del país.
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