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La emoción fue del Mellizo y el último grito, de Tevez

En la Bombonera, rendida frente a la presencia del entrenador, Boca sufrió hasta el final, cuando el Apache, al límite, logró el gol del triunfo, en el esforzado 2 a 1 sobre Unión

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LA NACION
Martes 15 de marzo de 2016
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Parecía que se había despedido del torneo. Los míseros puntos de los últimos tres partidos ofrecían un escenario irremontable. Pero al equipo que dirige Guillermo Barros Schelotto le cayó del cielo una chance más. Quizás, era la última. Y la aprovechó. Sobre la hora. Boca ganó y está de pie. Resurgido de sus cenizas. Al acecho.

Fue Carlos Tevez, quién otro. Al límite de la ley -pareció posición adelantada en un primer momento-, se impuso con alma y vida, con un grito de su ídolo y quedó a cinco puntos de Lanús, el líder de la zona 2. Con quien se encontrará el domingo próximo, en la Fortaleza, en un choque que seguramente será de hacha y tiza. Para sacar chispas.

No fue una noche más en la Bombonera. Doce días y tres partidos después de su asunción como director técnico, Guillermo Barros Schelotto pudo darse el gusto de ingresar al estadio como entrenador del equipo xeneize y con una multitud que volviera a corear su nombre, como en las épocas en las que sobre ese mismo césped brillara con la camiseta Nº 7 en su espalda. El triste debut ante Racing a puertas cerradas, un espectáculo sin goles, por la Libertadores, se sumó a la lista de anécdotas y curiosidades del fútbol argentino.

El idilio por el Mellizo es único. El hombre que ahora viste camisa clara y saco oscuro fue uno de los más aplaudidos, tanto cuando fue nombrado por la voz del estadio (esta vez interpretada por Verónica Varano, en homenaje al Día de la Mujer) como cuando ingresó al campo de juego.

El triunfo ante Unión, ayudado por el tropiezo de varios equipos que se ubican por delante suyo en la tabla, le permite al equipo de la Ribera reposicionarse. Tras perder el rumbo, el GPS de sus objetivos para este cuatrimestre está recalculando, y hasta acrecentó las ilusiones de llegar a buen puerto para fines de mayo, con la ilusión del bicampeonato todavía a la vista.

Pero no sólo hubo una reacción desde el resultado. Boca también exhibe una imagen renovada, tanto en lo referido al juego como en la actitud que evidencian sus intérpretes dentro del campo de juego. Hay más compromiso en la recuperación del balón, y más participación de sus volantes en la creación del juego, aún cuando todavía no sean claras la generación de jugadas. Hay un nuevo impulso. Boca, desde ahora, empezó a creer.

Pero nada es casual. Lo que demostró Boca anoche fue una continuidad de lo que había exhibido el jueves último en la altura de La Paz, durante el 1 a 1 contra Bolívar, por la Copa Libertadores: capacidad y voluntad de reaccionar ante la adversidad. En esa noche, también se recuperó en la parte final, lo que ya se convirtió en una marca del Mellizo: un buen resultado en el cierre del espectáculo. Con Barros Schelotto hay otro espíritu: nunca se da una pelota por perdida. Nunca baja los brazos, jamás descree de los imposibles.

Una de las piezas que aprovecha al máximo su momento es Federico Carrizo. Tanto en Bolivia como en la Boca, el Pachi se erigió como uno de los pilares ofensivos, ante la ausencia de un N° 9 de área y la todavía irregular versión 2016 de Carlos Tevez.

La victoria frente a Unión deja a Boca cerca de la punta, algo impensado tiempo atrás. La del domingo, en el Sur, será una nueva prueba de fuego para el equipo de la Ribera. Aunque por primera vez desde que comenzó la competencia, tendrá seis días sin actividad para preparar ese partido. Y con un plus: los regresos casi confirmados de Daniel Díaz y Daniel Osvaldo, recuperados de sus respectivas lesiones. Será el lapso de trabajo más prolongado desde que Guillermo y Gustavo Barros Schelotto arribaron a la entidad azul y oro, en reemplazo de Rodolfo Arruabarrena.

Además, todavía tiene que enfrentarse a otros dos rivales de los cinco que hoy lo superan en puntos: Estudiantes y Defensa y Justicia, en la anteúltima y última fecha, respectivamente.

Parecía que estaba knock-out. Que había dejado pasar el tren del campeonato. Que en 2016 sólo pelearía la Libertadores. Pero no. Como tantas otras veces en su rica historia, Boca late. Otra vez.

A lo Boca: con poco juego y mucha fuerza y corazón

El peso de Tevez

A veces entre los centrales y otras retrasándose unos metros, el número 10 de Boca siempre generó peligro y anotó el gol definitivo. No tiene la precisión y velocidad de meses atrás; sin embargo, conserva el fuego interior. Y es determinante para Boca, por presencia y por contagio. Sin la frescura necesaria

Más allá de que mereció el triunfo, la actuación de Boca fue confusa, nunca tuvo el control real del juego, más allá de los primeros instantes del segundo capítulo. No le faltaron ganas, ni actitud, aunque sí un juego asociado preparado para los grandes desafíos. Es un equipo en construcción permanente y en el camino debe aprobar materias en los dos frentes.

Una reacción eficaz

En uno de sus mejores momentos, Boca se encontró en desventaja, pero no se desesperó y tuvo resto físico para buscar el triunfo hasta el último minuto.

Unión no lo pudo aguantar

El conjunto santafecino había tenido un correcto arranque hasta los 30 minutos, bien en defensa y sin resignarse en el ataque. Después no pudo aguantar el ritmo de Boca, más allá de que se puso en ventaja, cuando pocos lo esperaban. Es un equipo trabajador, pero que suele tener distracciones defensivas serias.

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