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La pintura de Brochero que está detrás de la canonización

Dos imágenes del cura encargadas en 1998 unen la historia de los milagros que se le atribuyen

La imagen del cura
La imagen del cura. Foto: LA NACION / Ricardo Pristupluk
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LA NACION
Martes 15 de marzo de 2016 • 12:43
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CORDOBA.- Mañana cumpliría años José Gabriel Brochero, quien nació en 1840. El tradicional festejo en Traslasierra se agrandará por el anuncio de que el 16 de octubre será canonizado por el Papa Francisco. Las ceremonias coincidirán con la vuelta al pueblo una imagen del "cura gaucho" que es el hilo conductor entre los dos milagros que el Vaticano le reconoció, el de Nicolás y el de Camila.

La historia comenzó en 1998, cuando el entonces párroco Guido Ricotti le encargó al artista Cruz Heredia unas imágenes del cura para usar en las peregrinaciones. Una fue para Nora de la Fuente, la abuela de Nicolás Flores, el niño del primer milagro, quien revirtió un diagnóstico inicial de "vida vegetativa" tras un accidente. Otra, para su cuñado, Jorge Carracedo.

La que tenía la abuela acompañó a Nicolás en toda su recuperación y, en el 2013, desembarcó en Haití, donde una fisioterapeuta que trabajó con el niño cordobés le encomendó a Brochero una nena aplastada por su casa en el terremoto. Los médicos no querían operarla porque entendían que no había nada que hacer. Hoy, a los 14 años, está en silla de ruedas, mucho mejor. Una sala de un hospital haitiano lleva el nombre de "Kai Gabriel" en honor al cura y allí está la pintura que Nicolás regaló y que llevaron a ese país su mamá y su abuela.

Ese mismo año Norma y Marisa -hijas de Carracedo y radicadas en San Juan- visitaron a su tía Nora y le ofrecieron llevarle la imagen de Brochero. "No me animé a decirles que yo había tenido una -relata ella a LA NACION-. La trajeron y en el cuaderno de visitas consta que estuvo en mi casa y la historia de Nicolás". En setiembre, las hermanas regresaron a su provincia con el cuadro.

La otra historia

Pocas semanas después se enteraron de las cadenas de oración que se armaban por Camila Brusotti, la protagonista del segundo milagro. Cuando la nena, que tenía ocho años, llegó al hospital su mamá dijo que se había caído de un caballo; la mentira duró poco, a las horas ella y su pareja quedaron detenidos por la golpiza que le habían dado. A Camila le faltaba todo el parietal derecho y el diagnóstico era muy pesimista, le daba 72 horas de vida.

Las hermanas Carracedo fueron con la pintura de Brochero a la casa de los abuelos de Camila. Se presentaron, le contaron del "cura gaucho" y de la recuperación de Nicolás. Ellos la aceptaron y empezaron a rezar; en el último día de la segunda novena Camila abrió los ojos mientras su bisabuela materna le cantaba en el hospital. Está recuperada.

Hoy esa imagen de Brochero, el hilo que une los milagros, regresó a su pueblo. "Es un rostro firme, sereno, de un hombre rústico", describe Nora, la abuela de Nico. "No conocía al cura; vino a buscar a Camila", repite Raúl, el abuelo de la nena sanjuanina. El obispo de Cruz del Eje, Santiago Olivera sostiene que "todo es sorprendente y emocionante".

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