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El alza de las divisas emergentes es transitoria

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PARA LA NACION
Miércoles 16 de marzo de 2016
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A los inversionistas en mercados emergentes se les puede perdonar que tengan un poco de angustia existencial. Para ellos, la famosa frase del filósofo francés Jean-Paul Sartre en su obra de teatro A puerta cerrada debería reescribirse así: El infierno no son sólo los demás, sino también los bancos centrales de los otros.

Los mercados emergentes se han visto atrapados entre los dos grandes temas de nuestro tiempo: las expectativas de que la Reserva Federal de Estados Unidos orqueste un fortalecimiento del dólar y los temores de que el Banco Popular de China permita un debilitamiento importante del yuan. Ambas tendencias perjudican a los mercados emergentes, donde las empresas tienen grandes deudas en dólares y exportan mucho a China.

Este año, la presión de dicha tenaza se aflojó un poco. El alivio de los inversionistas impulsó acciones, monedas y bonos de las economías en desarrollo. El índice de MSCI que agrupa a las acciones de los mercados emergentes acumula un alza de 17% desde su mínimo de fines de enero, el segundo mejor resultado para ese lapso desde la recuperación de 2009.

La explicación de este repunte es clave para decidir si los inversionistas en acciones de estos mercados deben subirse al tren o si, luego de perder un tercio de su dinero en los últimos cinco años, llegó la hora de hacer las maletas.

La actual racha puede ser entendida como la reversión de las tendencias mencionadas. El dólar dejó de apreciarse en el momento en que las probabilidades de futuras alzas de tasas por parte de la Fed se redujeron significativamente. Eso alivió la presión sobre las empresas de países emergentes que enfrentan crecientes costos en moneda local para pagar sus deudas en dólares.

Mientras tanto, el gobierno y banco central de China hicieron lo imposible para convencer a los inversionistas de que ya no tenían planes de devaluar el yuan y anunciaron un nuevo paquete de medidas de estímulo. Los precios de los metales industriales, que son sensibles a la demanda china, repuntaron, al igual que las acciones de las mineras y los mercados emergentes expuestos a los commodities.

Hubo también otros factores en juego, como el desapalancamiento de los fondos de cobertura, la aparición de compradores que aprovecharon los precios de liquidación y una mejora de los déficits de cuenta corriente de las economías emergentes. Desde 2009, sin embargo, el motor de las inversiones ha sido la liquidez de los bancos centrales, primero entrando a los mercados emergentes y luego saliendo.

Según el análisis de CME Group, los mercados de futuros asignan una probabilidad de casi 80% a que la Fed aumente la tasa de interés de referencia este año, frente a menos de 20% hace un mes. El dólar no ha aumentado, pero muchos creen que lo hará, como consecuencia de esa expectativa.

China, a su vez, ha logrado cierto éxito en convencer a los inversionistas de que podrá estabilizar el yuan y que sus reservas de divisas no se agotarán. Después de meses de salidas de capital de más de US$100.000 millones, la cifra se redujo a US$28.600 millones en febrero. El Banco de Pagos Internacionales añadió su grano de arena al creciente optimismo cuando indicó que esas salidas no parecían ser fugas de capital interno.

En el corto plazo, la estabilización de China alivia parte de la presión sobre los mercados emergentes que dependen de ese país para sus exportaciones, mientras que la reanudación de la construcción aumenta la demanda de materias primas.

Tal situación es insostenible. China tiene que reducir su dependencia de la infraestructura y los bienes raíces, sectores ligados al uso intensivo de materias primas, y promover el consumo. Sin embargo, mientras China siga aumentando la deuda para mantener el crecimiento y ganar tiempo para la transformación, los mercados emergentes obtienen un poco más de espacio para respirar.

Todo esto nos devuelve a la Fed y la pregunta sobre cuánta atención debería el banco central estadounidense prestar a los mercados emergentes.

En el corto plazo, lo más probable es que la Fed avance lentamente hacia un encarecimiento del costo del dinero y que China haga lo propio con las reformas de su economía, dejando a los inversionistas de mercados emergentes en un vaivén permanente.

El largo plazo es más complicado. Los países emergentes han invertido grandes sumas en los últimos 15 años y son demasiado dependientes de un negocio de bajo margen como es la venta de materias primas a China. En realidad, como señala Gerald Minack, de Minack Advisors, una firma de Sídney, el derroche de inversión ha llevado el retorno sobre los activos en los mercados emergentes por debajo de los niveles de los países desarrollados.

Esta presión ejercida por la Fed y China es necesaria para incentivar a las economías emergentes a dejar de lado su rol como proveedores de bajo margen al gigante asiático y erradicar inversiones poco deseables y que acumulan deuda.

El mejor escenario es que una serie de cesaciones de pagos de empresas desplace el capital hacia mejores usos y que el apetito de China por la deuda amortigüe algunos de los desenlaces más duros de este proceso.

La cotización de las divisas de los mercados emergentes ya incorpora muchas malas noticias, pero considerando los riesgos en el horizonte, no lo suficiente.

Por lo tanto, el repunte es una buena oportunidad para retirarse del mercado.

Despertando de una pesadilla

Los mercados emergentes pasaron de negociarse como bonos chatarra a negociarse como deuda con grado de inversión, luego retrocedieron.

Foto: The Wall Street Journal
Foto: The Wall Street Journal
Foto: The Wall Street Journal
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