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Dilma abdicó y lanzó un salvavidas de plomo

LA NACION
Jueves 17 de marzo de 2016
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Amenazada por la posibilidad de un impeachment en el Congreso, Dilma Rousseff había siempre prometido que no renunciaría a la presidencia. Ayer, de todas formas, hizo casi eso. Designó al ex mandatario Luiz Inacio Lula da Silva como jefe de Gabinete, en una abdicación de facto por la que la presidenta de Brasil dejó el poder real en manos de su padrino político.

Dilma, su gobierno, Lula y el Partido de los Trabajadores (PT) creían que, con esa decisión, salvarían a su administración de las amenazas de la Justicia y de la investigación por el Lava Jato. Por segunda vez en tres días, y enardecidas por el audio publicado por el juez Moro, las calles brasileñas le advirtieron que se habían equivocado. Ahora, Lula y su delfina están más cerca que nunca del abismo.

El ex presidente y Dilma deberán jugarse hoy a todo o nada para salvar el proyecto político que PT desplegó durante los últimos 13 años, y que los tuvieron como protagonista absoluto en la mitad de ese tiempo.

Dilma Rousseff
Dilma Rousseff. Foto: Reuters

Desde que en 2010 fue elegida para suceder a Lula en el Palacio del Planalto, Dilma intentó sin éxito gobernar con una personalidad propia. Como una nota a pie de página en la historia quedaron aquellos primeros meses en el cargo cuando se ganó el apodo de "limpiadora" por despedir a ocho ministros salpicados por denuncias de corrupción (la enorme mayoría de ellos heredados del gobierno de su antecesor).

Su imagen de tecnócrata eficiente se empezó a desvanecer al surgir los problemas económicos hasta que se evaporó totalmente con la peor recesión que haya sufrido el país desde 1930. Y su falta de cintura política terminó haciendo trizas la amplia coalición gobernante que la sostiene.

"Dilma ya fue. Hace tiempo que ya era evidente que Dilma no tiene liderazgo ni habilidad para la articulación política. Con la entrada de Lula al gabinete ella pasa a ser una pieza decorativa. Se la ha comparado con un papel como el de la reina de Inglaterra, pero ni siquiera tiene el aura que la monarca inglesa posee ni la influencia que le dan la fuerte tradición y todos estos años en el trono", resaltó a LA NACION Claudio Couto, profesor de Ciencias Políticas de la Fundación Getulio Vargas en San Pablo.

La gran incógnita anoche era cómo apaciguarán Dilma y Lula hoy mismo la furia de las calles de las grandes ciudades. Si sobreviven a estos días de ira, la segunda gran incógnita será si tendrán tiempo de solucionar la crisis política y sacar al país de la parálisis.

El fin de semana pasado gran parte de la sociedad brasileña expresó un claro rechazo a Dilma, Lula y el PT. Fueron marchas organizadas durante semanas. Las de ayer no, las de ayer fueron la reacción espontánea a la acción de dos líderes políticos que, sordos, ignoraron el mensaje del domingo. ¿Lo podrán escuchar ahora o será demasiado tarde? Si es tarde, será el final de telenovela para un partido que logró sacar a unos 30 millones de personas de la pobreza.

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