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Dualidad: el empate sólo es áspero porque acarició el triunfo por largo rato

River estuvo a cinco minutos de volver a ganar en la altura de La Paz tras 46 años; se imponía con un gol de Mora y Chumacero igualó para The Strongest; si bien Barovero fue la figura, el equipo de Gallardo pudo liquidar el partido de contraataque

Jueves 17 de marzo de 2016
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LA PAZ.- Estuvo a cinco minutos de quebrar un maleficio que tiene 46 años: ganar en La Paz. Por lo de anoche, a River le cabe el mito griego de Sísifo, obligado a repetir la sentencia de empujar una piedra por la ladera de la montaña porque cuando estaba por llegar a la cima la piedra caía y debía recomenzar la tortuosa tarea. River escalaba esa empinada montaña de los 3600 metros de la capital boliviana, estaba a centímetros de hacer cumbre con un triunfo histórico. En el trayecto había pasado por todo tipo de vicisitudes: del riesgo de caerse en el precipicio de no ser por las atajadas de Barovero, a poder haber convertido la travesía en un estimulante paseo si hubiera aprovechado alguna de las varias ocasiones que tuvo en el segundo tiempo para sentenciar el partido por más de un gol de diferencia. Un encuentro alocado, muy típico de las condiciones especiales que provoca jugar en un ambiente en el que la pelota viaja más rápido y el ácido láctico se acumula más rápidamente en los músculos. En varios pasajes, el desarrollo prescindió del medio campo, se jugó de área a área, entre la desesperación de The Strongest por evitar la derrota y la resistencia con el contraataque activado de River.

En los cálculos previos, un empate en La Paz no es mal resultado. Hace una semana, Boca lo festejó al igualarle a Bolívar en el final. River no lo celebró porque le ocurrió lo contrario: a los 44 minutos del segundo tiempo, el punzante Chumacero enganchó dentro del área, hizo pasar de largo a Casco y Mammana y definió con un remate que le dobló las manos a Barovero. ¿Pudo hacer algo más el arquero? Es probable, pero también es imposible señalarlo o culpabilizarlo porque en los 89 minutos precedentes había atajado todo, hasta los cóndores que podían bajar desde los picos de la montaña.

Se le ahogó el festejo a River en un Hernando Siles que tuvo a 30.000 hinchas alentando a The Strongest. Más allá del lamento del cierre, River reaccionó al fuerte cachetazo de Colón en Santa Fe, donde mostró un fútbol apagado y con muchas inseguridades. Recuperó una imagen de equipo convincente, pero mantuvo el déficit ofensivo de no capitalizar las ocasiones que generó, como le ocurrió frente a Boca y San Pablo.

Volvió al gol Mora, que con una media chilena enganchó un tiro libre de Ponzio cuando iban 17 minutos. Pero Driussi desperdició dos situaciones muy favorables, y, en otras, el equipo falló en el último pase o no vio al jugador mejor ubicado.

Otro motivo de preocupación fue que Balanta, que no jugaba desde el 8 de febrero por un desgarro, volvió a salir lesionado. Gallardo había acertado con el ingreso en la última media hora de Mayada por Nacho Fernández, a quien ni bien se sentó en el banco le colocaron una máscara de oxígeno. Mayada, un velocista, tuvo varias incursiones profundas cuando el partido se había convertido en un frenesí.

Sin claridad, The Strongest presionó, a sabiendas de que cualquier rebote o pelota suelta puede derivar en un remate letal para el rival. Faltaba poco y parecía que todo lo que había sufrido River era el peaje para un triunfazo. Pero no, a Chumacero le quebaba un remate. Y a Ponzio un exceso innecesario tras el empate que le valió la expulsión.

River terminó bastante bien acomodado en un grupo en el que San Pablo apura poco. El balance que se traen los millonarios no es malo, pero saben que pudo haber sido ideal.

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