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El allure de la capital de la moda

Dior, Issey Miyake, Vetements, algunas de las firmas más destacadas del prêt-à-porter parisiense. Desde allí te contamos qué se usa

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PARA LA NACION
Jueves 17 de marzo de 2016
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PARÍS

Después de Nueva York, Londres y Milán, París cerró su semana de la moda, con 92 desfiles, propuestas oriundas de 25 nacionalidades y 5000 profesionales, marcada esta vez por el debate sobre los posibles cambios en el calendario tradicional de la fashion week. Son varias las voces que se alzan para proponer el reemplazo de sus cuatro desfiles de prêt-à-porter anuales por sólo dos, para unir las presentaciones de sus colecciones femenina y masculina, y tener disponibilidad de compra inmediatamente después del desfile. Actualmente, las colecciones llegan a las boutiques casi cinco meses después de los shows y luego de haber sido reveladas a través de la prensa y ahora las redes sociales, un tiempo anacrónico para muchos, como Paco Rabanne o Courrèges que ya pusieron en venta algunos de los looks vistos en las pasarelas de estos últimos días.

El show más aplaudido fue sin duda el de Dior, en el patio del Louvre. Si bien por la falta de un diseñador oficial, luego de la partida de Raf Simons, eran varios los que auguraban una colección confusa, el dúo de estilistas integrado por Lucie Meier y Serge Ruffieux encantó a todos. Con bocas pintadas en un negro profundo, la identidad de la casa no fue amenazada: siluetas de línea A, con faldas y vestidos que afinan asimetrías. El foco estuvo puesto en los hombros y en el escote que drapean, esconden o destapan de múltiples maneras. Es el allure de una parisiense sensual y rebelde a la que le gusta seducir. La histórica chaqueta Bar fue reinventada, los looks totalmente negros se multiplican con diseños en crepé, cashmere y satén bien acompañados con botines sin taco en forma de serpiente, aros largos y anillos en todos los dedos. En primera fila, Kris Jenner (que vio desfilar a su hija Kendall, nuevamente morocha) y Jessica Alba.

Issey Miyake
Issey Miyake.

La marca del momento en París es Vetements, un colectivo de siete estilistas cuyo líder, Demna Gvasalia, fue nombrado director artístico de Balenciaga. Inspirados por la estética de Martin Margiela, y rodeados por la decoración neogótica de la catedral americana de París, presentaron un desfile femenino-masculino con volúmenes XXL, mensajes provocadores sobre las remeras, buzos con capuchas con reminiscencias religiosas, parcas que remitieron al mundo automovilístico con logos conocidos pero transformados, uniformes de escuela convertidos en vestidos y tailleurs de terciopelo.

En Rick Owens, visto en el Palais de Tokyo, el protagonista fue el volumen. En el desfile de este californiano que desde hace 20 años inventa un estilo en el que lo primitivo linda con lo futurista, se vieron modelos con enormes cabelleras, pantalones muy amplios, tapados asimétricos y túnicas con plisados esculturales.

Un trabajador único del cuero español. Así fue definido el director artístico de Loewe, Jonathan Anderson, que presentó vestidos largos con corsets de cuero, y agregó paneles de cuero en el busto o en los codos. El halago por los especialistas incluyó el calificativo de "brillante"; el cuero español, la signature de la casa, también estuvo en tapados largos de ciudad y parcas. La de Lanvin, en cambio, fue una colección tildada de incoherente, mientras en estos días se espera el anuncio de quién reemplazará al histórico Alber Elbaz.

Isabel Marant eligió evocar los años 80, marcados por la energía punk que se mezcla con su hippie parisiense: cárdigan con falda de cuero arrugada y cierre, suéter de tricot con hombreras y un pantalón de cuero rojo, un look; cinturas ceñidas por un cinturón ancho de charol por encima de todo, o un suéter largo que cae como un vestido y que acompaña de botas con tachas, algo más que la define. Riccardo Tisci en Givenchy volvió a su primer amor: en ambiente neogótico, estampado bestiario y referencias religiosas y, además esta vez, formas alambicadas inspiradas en la mitología egipcia.

La línea sexy y excesivamente rockera de Chloé cuando estaba en manos de Stella McCartney -hoy de la mano de Clare Waight Keller- se convierte en una propuesta más hippie chic, con grandes vestidos a volados en degradé de pastel, tapados que parecen hechos con tapicería y suéteres llevados a maxivestidos. Carven fue criticado por intentar contentar a todo tipo de clienta, mezclando pantalones de charol y otros géneros futuristas, terciopelo romántico, minis apretadas, camperas bombers de algodón con Nylon y chales de lana.

Si bien la mayoría de los compradores japoneses no estuvieron presentes en esta semana de la moda (cancelaron su presencia luego de los atentados de noviembre último, al igual que muchos de los Emiratos Árabes), los diseñadores nipones sí ocuparon las pasarelas. Issey Miyake, la casa que desde siempre mezcla los géneros con la tecnología, usó pegamento recalentado y estirado en vestidos y faldas. El estilista Yoshiyuki Miyamae jugó así con el efecto visual sobre piezas monumentales que imprimió de formas geométricas. El mundo de Jun Takahashi, el creador de Undercover, sintetizó cuentos de hadas con un espíritu hogareño. Tapados tipo bata, sacos y pantalones de peluche color pastel, camperas de cuero y pieles. Yohji Yamamoto impuso una gama que varía poco: negro y blanco. Y mantuvo su línea depurada: tapados y polleras alargadas que se usan con zapatillas abotinadas. Así es la capital de la moda.

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