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Así había asumido Lula da Silva como nuevo jefe de Gabinete de Dilma, en una tensa ceremonia

El ex presidente no habló durante la toma de posesión, mientras que la mandataria hizo referencia a la grave crisis política; después, un juez anuló la designación

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LA NACION
Jueves 17 de marzo de 2016 • 09:56
Dilma volvió a elogiar públicamente a Lula en su designación como jefe de Gabinete
Dilma volvió a elogiar públicamente a Lula en su designación como jefe de Gabinete. Foto: AFP
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RIO DE JANEIRO.- En medio de un clima de suma tensión, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva asumió esta mañana como jefe de Gabinete de Dilma Rousseff, una polémica designación que fue criticada como excusa para garantizar el "blindaje legal" del ex mandatario, sospechado de haberse beneficiado del esquema de sobornos en Petrobras, mientras que el gobierno espera que refuerce a la jefa de Estado de cara a un inminente proceso de impeachment en el Congreso. Su gestión duró poco. Menos de una hora después, un juez suspendió su designación.

Las altas temperaturas en Brasilia no sólo se limitaban a los termómetros; fuera del Palacio del Planalto, cercado por un gran operativo de seguridad con batallones de choque y agentes a caballo, grupos pro y contra el gobierno protagonizaron algunos enfrentamientos violentos que llevaron a la policía a intervenir con gas lacrimógeno.

Con carteles en los que se leía "El gigante despertó" y "Estamos con el juez Sergio Moro", unos manifestantes exigían la renuncia de Rousseff y respaldaban al magistrado federal que desde Curitiba comanda las investigaciones sobre el escándalo del "petrolão". De camisetas y banderas rojas, militantes del oficialista Partido de los Trabajadores (PT) gritaban consignas a favor del gobierno y cantaban vivas a Lula, quien gobernó entre 2003 y 2010. "¡Olé, olé, olá, Lula, Lula!", coreaban y criticaban la "República de Curitiba".

Dentro de la elegante sede del gobierno brasileño, diseñada por Oscar Niemeyer, el ambiente también era pesado. Los ministros e invitados especiales aplaudieron ni bien Rousseff y Lula ingresaron a la sala donde se realizó la ceremonia de asunción, y luego levantaron los brazos al ritmo de cánticos de "¡No habrá golpe!". Cuando la presidenta comenzó su discurso, un infiltrado manifestante contrario al gobierno le recriminó "¡Vergüenza!", y fue rápidamente aplacado por los funcionarios.

"Es un orgullo para mí traer a este gobierno al mayor líder político de este país", señaló Rousseff, quien luego hizo referencia a la grave crisis política y la profunda recesión económico que atraviesa Brasil. "En este momento, no puedo y no quiero prescindir de nadie", dijo y resaltó que la aceptación del cargo por parte de Lula demuestra que tiene "la grandeza de los estadistas y la humildad de los verdaderos líderes".

La presidenta aprovechó varios tramos de su discurso para condenar la decisión ayer del juez Moro de hacer públicas las escuchas telefónicas realizadas por la Policía Federal de conversaciones entre Lula y ella. En una de esas grabaciones, Rousseff señalaba que le enviaba a su padrino político el documento de su designación como ministro para usarlo "en caso de necesidad", lo que fue entendido como para protegerse si Moro ordenaba su prisión preventiva. Ya como parte del gabinete, Lula adquiere inmunidad frente a la Justicia regular y su arresto sólo puede ser autorizado ahora por el Supremo Tribunal Federal (STF).

Lula no habló durante la ceremonia, pero recibió efusivas muestras de cariño de otros ministros, militantes petistas y líderes de movimientos sociales.

En San Pablo, la Avenida Paulista comenzó a ser nuevamente bloqueada por manifestantes en contra del gobierno que clamaban por la renuncia de Rousseff y pedían la cárcel para Lula.

Lula está bajo sospecha de haberse beneficiado de los sobornos pagados por grandes constructoras a ex directivos de Petrobras y políticos oficialistas a cambio de jugosos contratos con la compañía. La semana pasada, el Ministerio Público del estado de San Pablo ya había pedido la prisión preventiva del ex presidente (2003-2010) tras acusarlo de ocultamiento de patrimonio y falsificación de documentos oficiales en el caso de un departamento tríplex en el balneario paulista de Guarujá que habría sido pagado por la constructora OAS para la familia de Lula; por su parte, los fiscales de Curitiba también lo investigaban en relación a una chacra en Atibaia, en el interior de San Pablo, que recibió costosas reformas a cargo de la constructora Odebrecht; ambas compañías están ya incriminadas en el escándalo del "petrolão".

Explicaciones

Desde que anoche decenas de miles de personas salieron a las calles a pedir la renuncia de Rousseff y a repudiar a Lula, el gobierno intentó de todas las maneras posibles dar una explicación a las comprometedoras grabaciones telefónicas. Primero, aclaró que cuando Rousseff señaló que el certificado de la designación de Lula debería ser utilizado "en caso de necesidad" se refería a la eventualidad de que Lula no pudiera estar presente en el juramento, y que se lo había enviado para que lo firmara. Luego, se quejó de que la orden de Moro para intervenir los teléfonos de Lula había terminado ayer a las 12.18 del mediodía, pero la conversación que fue usada como prueba del "blindaje legal" era de las 13:32.

En un comunicado, la Policía Federal rebatió las críticas explicando que la orden del magistrado había sido de unos 45 minutos antes pero que la compañía telefónica que brindó las grabaciones sólo había recibido la comunicación más tarde e incluyó en su envío a la policía todas las cintas hasta ese momento. Moro ya adelantó que enviará las escuchas al STF como prueba de que la presidenta Rousseff intentó obstruir la Justicia mediante la designación de Lula como ministro.

Por su parte, el Procurador General de la República, Rodrigo Janot, indicó que también pedirá al STF que se investigue a la jefa del Estado así como al ex presidente Lula.

Estos convulsionantes acontecimientos llegaron casi al mismo momento en que en la Corte Suprema se definió ayer el "rito" para el proceso de impeachment de la presidenta. En diciembre, la Cámara de Diputados había iniciado los trámites para enjuiciar a la mandataria por adulterar las cuentas públicas con el fin de esconder el déficit fiscal, lo que representa un crimen de responsabilidad según lo estipulado por la Constitución. Sin embargo, el STF intervino a último momento y alegando fallas en los procedimientos dejó en suspenso el impeachment. Hasta ahora.

Con las nuevas reglas establecidas, el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, autodeclarado enemigo del gobierno y él mismo bajo investigación por el "petrolão", afirmó que hoy volverá a la carga con el impeachment. El primer paso sería la creación de una comisión especial de juicio político que debe estar integrada por 65 diputados.

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