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De boliche en boliche: qué lugares eligen los jóvenes en la ciudad

La noche porteña ofrece un circuito para los menores de 24 años y otro para los que alcanzan los 30; cuáles son sus rutinas y qué sitios frecuentan

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PARA LA NACION
Jueves 17 de marzo de 2016 • 13:43
Algunos buscan lugares con menos gente
Algunos buscan lugares con menos gente. Foto: Archivo
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Según el Registro de Locales Bailables, en Buenos Aires hay más de cien boliches y discotecas. Lugares donde el aire se pone pegajoso y no hay bebidas que alcancen para enfríar el cuerpo. No importa cómo esté afuera, si hace frío o calor: en medio de la pista el mundo es una noche de verano agobiante, con la música fuerte. En algunos suena música "house" toda la noche; en otros, Agapornis. Yen otros, rock argentino. Desde siempre la noche porteña tiene sus circuitos y rutinas, definidos por edades, precios y estilos y el mismo boliche que un jueves explota de treintañeros en after office, el sábado puede estar copado por sub 25.

Para los que tienen entre 18 y 21, 22, la noche empieza en alguna casa para la "previa" o el "preboliche". Stephanie, estudiante de educación física de 20 años, resume la lista del supermercado: "vodka, ron, jugo de naranja o fernet y coca". Cada fin de semana una casa distinta, según quién se quede solo en el grupo, al boliche recién salen a la 1, en taxi o en colectivo y a tiempo para entrar sin pagar entrada. Con sus amigas eligen Jager, Larc o Barfly, por Palermo, donde comparten una botella entre varias y así la noche les cierra entre $ 200 y $ 300, bastante para ellas que todavía no trabajan y tienen que pedir plata para salir. Ahí se encuentran con ex compañeros del secundario y no se cruzan con lo que para ellos ya es "gente grande", aunque tengan 26 años.

Agustín ya dejó esa etapa atrás hace unos años. Ahora tiene 24, es administrativo en una consultora y acondicionó el quincho familiar (luces, lásers, humo y parlantes) para las previas con sus amigos. "Vamos rotando, fuimos muchísimo a Brook, así que un poco nos cansó. Hoy a los que más vamos son Rosebar, Kika y Like. Pocas veces nos vamos a Costanera, a Opera Bay. Y los días que salimos en la semana, miércoles o jueves, solemos ir a bares y rematamos la noche en Kika, que es el que más movimiento tiene durante un día de la semana".

Cada salida él la vive como un ritual. "Me encanta la preparación, organizar la previa, el hecho de estar trabajando, o en la facultad y pensar en la salida para despejarte. Después de tantos años, generalmente vamos a sector VIP, ya estamos un poco cansados del constante roce con la gente, que te pisen, te vuelquen un vaso. Lo que más me gusta de ir a bailar es que es un lugar para estar con mis amigos tomando y poder soltarnos de lo habitué", cuenta Agustín. Y agrega: "por eso evitamos lugares llenos de chicos y los que se ponen muy de moda. A algunos fuimos una o dos veces, pero hay filas larguísimas para entrar, para el baño, para el guardarropa, para la barra".

Bailar hasta la madrugada, un ritual que repiten los jóvenes
Bailar hasta la madrugada, un ritual que repiten los jóvenes. Foto: Archivo

Los circuitos

En Club Shampoo, en Recoleta, reconvertido en boliche, Paula, de 30 años, conoce al RRPP y pasa gratis con sus amigas. El público es más grande, entre 24 y 30. "Se llena de gente y puede hacer mucho calor. Generalmente encontrás a la misma gente, las personas son muy fieles al boliche que les gusta, así que si tenés amigos que van, los ves seguro", dice. "La música es divertida y a diferencia de Jet o Tequila, en Costanera, en Shampoo te pasan más cachengue. A mí me gusta más la música house bien comercial, pero hace ya un tiempo a la gente le copa más el cachengue, Agapornis, Rombai, Marama". Los relacionistas públicos de las discotecas, esos personajes que arman las listas de invitados y dan vueltas entre la puerta y el interior del boliche, siempre con el celular en la mano, saludando chicas con un beso en el cachete, cruzando miradas con los de seguridad, son los que tienen la última palabra sobre quién entra y quién no. Son los que "cuidan" el ambiente, muchas veces con criterios claros (no jean, no zapatillas, no remera de fútbol, no gorra) y muchas otras con criterios arbitrarios y discriminatorios. "Si no les gusta tu cara no pasás, si no les parecés linda, incluso si sos de otro país", cuenta Paula, que una vez se quedó afuera de una discoteca en Punta del Este porque ella no conocía al RRPP, aunque sus amigas sí. La selección sigue en las redes sociales: en Facebook e Instagram, suben las fotos de cada noche, y, a juzgar por el resultado publicado, solo pasan el filtro las chicas lindas y los chicos que las acompañan.

"Siento que hay diferentes "circuitos" muy marcados", dice Lucila, que es periodista y a los 25 años tiene el ojo entrenado. "Lo que sería "indie con onda", con super reinado de Niceto, y lo que serían los boliches de moda, más comerciales, chetos diría yo. Con mis amigas salimos al boliche tradicional, no tenemos problemas, pero la onda es otra. Las oportunidades que tenés para ponerte a charlar son mínimas, siempre todo da para el encare y nada más", explica. Por eso prefiere ir a fiestas en centros culturales como Matienzo, el Konex o ver una banda en Niceto. "La música y la onda juegan muchísimo, uno elige los lugares por eso, porque pasan la música que te gusta, porque te sentís identificada con la gente que va, es como que compartís un estilo y te sentís cómoda. En el boliche tradicional, en el que pasan la música comercial de moda, me divierto, pero me da igual ir o no. En Matienzo o en el Konex vas y siempre te llevás algo, una experiencia, como, por ejemplo, que en el medio de la noche toque una banda nueva que no conocés. Son espacios en los que salis, tomás algo, bailás, pero también podes socializar mucho". No hay listas, no hay códigos de vestimenta, no hay que híper producirse: "En estos lugares cada uno va con su onda y no pasa nada, en general todos tienen la misma, pero son mucho más relajados, te ponés un vestidito y ya estás, los varones jean o bermuda, en los otros hay mucha más producción para salir y eso me da fiaca".

También hay vida afuera de las pistas. En Caballito, sobre Directorio, entre Del Barco Centenera y José María Moreno existe un pequeño polo de bares. Aldana, de 34 años, va hace años a Salí a la corniza (conocido como "La Corniza", así, con zeta), uno de los bares más conocidos del barrio. "Es un bar al que voy porque sé que siempre me encuentro con alguien, que puedo ir sola, que me cruzo con amigos y conocidos. Es un bar de previa o para quedarse toda la noche porque cierra tarde, la música está buena, más rocanrolera, algo raro ahora que se impuso la electrónica en todos lados, y es más barato que Palermo, los precios no son una locura". En el límite entre Villa Crespo y Palermo, Duarte, Shangai y Cervelar también definen un mini circuito, más informal. Con oferta cervecera en los últimos dos y coctelería en el primero los tres se llenan a partir del jueves de grupos de amigos, parejas y primeras citas de Tinder.

Circuitos para los de entre 18 y 24 años

Apple: Avenida Mosconi 2885

Jager: Niceto Vega 5422

Barfly: Juramento 1543

Input: Juan B. Justo 1658

Rabbit: Scalabrini Ortiz 1648

Circuitos para los de 24 en adelante

Rosebar: Honduras 5445

Golf de Palermo: Av. Torquinst 6385

Club Shampoo: Av. Quintana 362

Kika: Honduras 5339

Moscow: Juan B. Justo 1477

Vita: Darwin, entre Honduras y Gorriti

Like: Fitz Roy 1627

Cuánto se gasta

Promedio en boliche: 500 pesos

Entrada: 150 a 250 pesos

Mesa en sector VIP: entre 350 y 500 por persona

Las mujeres entran gratis en casi todos los boliches antes de las 2.

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