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El arriesgado arte de hacer huevos de Pascua

Se hacen inversiones millonarias, con meses de antelación, apostando a una venta que se resuelve en unos pocos días

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PARA LA NACION
Viernes 18 de marzo de 2016 • 00:56
Foto: Archivo LA NACION
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Tal como sucede cada año, las góndolas de los supermercados y almacenes están atiborradas desde fines de febrero con huevos de Pascua, ese objeto que se convirtió en condición sine qua non de la mesa argentina en Domingo de Resurrección. La informalidad de algunos puntos de venta y la gran variedad productos disponibles en el mercado -que incluyen desde versiones artesanales en exclusivas boutiques de chocolate hasta pequeñas tiradas de confiterías, pasando por la oferta de las grandes marcas de golosinas- vuelve difícil hablar de cifras, pero los especialistas calculan que cada año se consumen entre 4 y 5 millones de huevos de chocolate en el país. No se trata, sin embargo, de un negocio demasiado tentador para aquel que quiera probar suerte en el rubro, ya que ciertas particularidades lo convierten en una actividad muy riesgosa.

"Sin dudas hay varias compañías que han atravesado muchísimas dificultades al intervenir en la creación y venta de huevos de Pascua, debido justamente a los riesgos que implica", explica Alan Aurich, Gerente General de Havanna. La tradicional empresa de alfajores incluyó los clásicos huevos en su portfolio con el comienzo del nuevo milenio, y se afianzó con la incorporación de maquinaria que poseía Fenoglio, que fue comprada por Havanna en 2005. Aunque nadie en la industria quiere reconocerlo públicamente, desde hace años circula la leyenda de que a Fenoglio, que supo ser una próspera marca pionera en chocolates en Bariloche, una mala Semana Santa la llevó a la quiebra y tuvo que ser vendida para evitar mayores problemas financieros.

Son tres los factores que vuelven al huevo de Pascua un producto único y muy volátil: una venta intensa concentrada en pocos días del año; la influencia de factores climáticos en la decisión de compras del cliente; y las políticas de devolución de las cadenas de supermercado.

Venta de pocos días

Con respecto al primer punto, Aurich es tajante: "El lapso de tiempo durante el cual el producto resulta atractivo, desde el punto de vista del consumidor es muy breve: el lunes posterior al Domingo de Pascuas, los huevos de chocolate son valorados exclusivamente por su materia prima -el chocolate- y no por ser un huevo". Y por más que veamos los productos exhibidos desde finales de febrero, las ventas se concentran en los días de la Semana Santa.

Esto lo convierte en un ítem de consumo único: no hay otra fiesta en el calendario que sea tan puntual en lo gastronómico. Los panes dulces y turrones de Navidad, por ejemplo, son consumidos durante la última mitad de diciembre, permitiendo que si hay bajas ventas para la noche del 24, se puedan ajustar los precios pensando en recuperar terreno perdido o perder stock el 31. Los huevos, en cambio, dejan de importar en 24 horas.

El calor, una incógnita

El segundo punto a tener en cuenta es la fecha del año en que cae Semana Santa, que se rige por un cálculo adjudicado a Constantino el Grande en el primer Concilio de Nicea, en el año 325 d.C. Esto provoca que cambie el momento del año en el que se celebra.

Si es el caso, como ocurre en 2016, que se festeja en marzo, la cercanía del fin de las vacaciones y el comienzo de las clases parece alterar la percepción y el bolsillo del consumidor, que gasta menos. Pero el factor principal es climático: si hace calor en Pascua, las ventas de huevos caen.

El diagnóstico fue compartido por Dadi Marinucci, dueña de la casa de chocolates Vasalissa: "El año pasado fue muy duro porque fue un marzo con mucho calor. Éste, por suerte, parece que vamos a tener el clima ideal para comprar chocolates. No es que la gente no compre huevos porque haga calor, pero un clima más templado invita a comprar más. Además, a diferencia de lo que sucede con el chocolate de kiosko, que aguanta grandes temperaturas, el chocolate del huevo se derrite fácil." Desde Havanna, Aurich coincide: "Marzo es mucho más riesgoso, porque se junta con los gastos de las vacaciones y la vuelta al colegio. La temperatura, por supuesto, también juega un papel preponderante. Por todos estos factores, quienes estamos en la actividad siempre preferimos que las Pascuas sean en abril".

Foto: LA NACION / Fabián Marelli

Qué hacen si no se venden

Finalmente, los huevos de chocolate también son sujetos de las políticas de devolución de los supermercados, que en muchos casos los tienen en consignación en sus góndolas y los devuelven cuando termina Pascua. Si la venta es mala, esto puede ser catastrófico.

Havanna, por ejemplo, fabricó este año 700 mil huevos, pero compañías como Arcor multiplican esta cifra, por lo que la apuesta es todavía más grande.

Natalia Colla, Grouper del Negocio de Chocolates y Golosinas de Grupo Arcor, tiene una visión optimista del negocio. "La Pascua es importante, entre otras cosas, porque inaugura la temporada de chocolates. Los huevos y figuras son los primeros chocolates que ingresan a las casas de las familias argentinas". Es por eso que, más allá de los problemas, nunca faltarán huevos en el cierre de Semana Santa. "En el resto de las fiestas el chocolate es opcional -afirma Marinucci-. Podés regalar bombones en el Día de la Madre o poner tabletas en la mesa navideña. pero el Domingo de Pascua siempre es con chocolate."

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