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Iron Maiden y un recital a la altura de su leyenda metalera

La veterana banda británica presentó en sociedad The Book of Souls, su último álbum de estudio, y recorrió los grandes éxitos de su carrera

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PARA LA NACION
Viernes 18 de marzo de 2016
Bruce Dickinston, carismático y contundente
Bruce Dickinston, carismático y contundente. Foto: Santiago Filipuzzi
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Cuando todavía están muy frescos los recuerdos de su última visita celebrada en River dos años y medio atrás, Iron Maiden regresó a la Argentina y realizó dos nuevas, históricas e inolvidables escalas: una en el Estadio Mario Kempes de Córdoba y otra en el de Vélez Sarsfield del porteño barrio de Liniers.

Desde hora temprana legiones de fans fueron poblando el José Amalfitani ya que la velada contó con dos números de apertura de enorme interés: The Raven Age y Anthrax, toda una institución del thrash metal comandada por Scott Ian. Después, todas las miradas y los oídos apuntaron a Iron Maiden, que, en esta oportunidad, presentó en sociedad The Book of Souls, su último álbum doble de estudio, que es considerado unánimemente por el público y la crítica como uno de los mejores entre sus últimas producciones discográficas.

Conservando las características de su estilo inconfundible y su atractivo toque épico, las flamantes composiciones del sexteto británico parecen ubicarse varios escalones por encima de sus más inmediatas predecesoras gracias a ciertos toques de rock progresivo que engalanan y oxigenan su siempre enérgica propuesta.

Y a propósito de temas nuevos, ya desde el comienzo la Doncella de Hierro dejó bien en claro que no sólo de clásicos estaría conformado su show. Quince minutos después de las 9 de la noche, y tras un breve video en el que el Ed Force One (el avión propiedad de la banda) despegaba de una selva imaginaria, un encapuchado Bruce Dickinson irrumpió en escena y, a la manera de un hechicero en medio de un ritual, dio comienzo a la ceremonia detrás de un caldero humeante con las estrofas de "If Eternity Should Fail", uno de los estrenos. Continuando con las novedades, el viaje prosiguió con la veloz "Speed of Light", le dedicó un tributo al fallecido actor Robin Williams a través de la poderosa y sentida "Tears of a Clown", los tres guitarristas tuvieron su momento de gloria de la mano de la cambiante y festejada "The Red and the Black", mientras que "Death or Glory" y la pomposa y marcial "The Book of Souls", con su letra que habla de civilizaciones, imperios y poder, demostraron que la veterana agrupación goza de muy buena salud.

Secundado por una escenografía que emulaba los restos de la civilización azteca, con paredones de piedra, desniveles, llamaradas de fuego y una pirámide como telón de fondo, y apoyado por un sonido incandescente e impecable, Iron Maiden revalidó sus credenciales de leyenda inoxidable del heavy metal con un concierto demoledor y que no dio respiro en ningún momento. Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers desde las guitarras junto con el baterista Nicko McBrain construyeron un muro indestructible sobre el que se movió cómodo el siempre penetrante bajo de Steve Harris. Y por encima de todo ese andamiaje instrumental sobresalió la estupenda labor del vocalista Bruce Dickinson, no sólo por su infatigable despliegue escénico y su ida y vuelta permanente con el público (agradeció el apoyo de sus fans locales y armó "guerra de hinchadas" entre la platea y el campo para ver quién gritaba más fuerte), sino también por su intacto registro vocal de corte heroico.

Ante semejante demostración de poderío escénico, las casi 40.000 almas que poblaron cada rincón de Vélez respondían con ovaciones y el típico cantito de "olé, olé, olé, olé, mai-den, mai-den". Y el clima fue in crescendo con la llegada de los clásicos que todos querían escuchar. "The Trooper" y "Powerslave" (con el cantante luciendo una máscara de luchador mexicano) provocaron los primeros pogos en el campo y con la presencia del siempre inquietante Eddie deambulando por el escenario arribaron más tarde "Fear of the Dark" (el tema de mayor repercusión de la noche), "Iron Maiden", las clásicas guitarras dobladas que ya son toda una marca registrada de la banda y, luego de cantarle el "Feliz Cumpleaños" a Steve Harris, la imbatible "The Number of the Beast".

"Blood Brothers" y "Wasted Years" se encargaron de colocarle el toque final a una noche plena de energía y contundencia, donde Iron Maiden evidenció que el paso del tiempo no lo amilana. Al contrario, lo fortalece y revitaliza.

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