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La Gran Gala Modernista, una fiesta inolvidable

Domingo 20 de marzo de 2016
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PARA LA NACION
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La invitación anunciaba "Gran Gala Modernista". El programa de mano, que enumeraba los distintos capítulos de la fiesta, suscitaba esperanzas e incertezas encontradas: entrega de premios a los dos alumnos de colegios secundarios que habían ganado un concurso de cuentos breves y otro de poesía, la final de un concurso de recitadoras (un plato que prometía ser fuerte en su escolar perversidad), un concierto del cuarteto de Untref y el "Grand Bal" de clausura. Se celebraba el cierre del congreso internacional "La sutura de los mundos" sobre la obra de Rubén Darío, organizado por la Universidad de Tres de Febrero. El festejo se realizó en el teatro Margarita Xirgu. Antes de que se abrieran las puertas de la sala, los invitados circulaban en el hall. De pronto, desde el balcón del pullman, un travesti ataviado como una vedette, montado en unos tacos que propiciaban fracturas y esguinces, dejó caer plumas cortadas en pedacitos sobre la cabeza de los asistentes. La platea había sido modificada, se había levantado el corazón del patio de butacas y se había dejado una herradura de tres filas, de modo que el centro del salón estuviera vacío, salvo por una mesita y tres sillones.

En el escenario, el director Rubén Szuchmacher y Daniel Link, vestido con una levita y con una cadena al cuello de la que colgaba una condecoración nicaragüense que acababa de recibir, actuaron de maestros de ceremonias. Szuchmacher, al principio del acto, no sólo recitó el poema Caupolicán, también lo escenificó. Cuando dijo los versos "robusto tronco de árbol al hombro de un campeón / salvaje y aguerrido...", se vio aparecer por la entrada de platea, a un joven atlético, no demasiado vernáculo, los fornidos músculos al desnudo, cubiertas las vergüenzas por una breve tela de inspiración indígena, llevando sobre un hombro en lugar de un tronco un dorado candelabro de pie, de esos monumentales como los que Luis II de Baviera utilizó para decorar el Salón de los Espejos del castillo de Herrenchiemsee.

Hubo otro recitado escenificado de intención más espectacular y mundana. Mientras se escuchaban los versos de "Era un aire suave...", apareció la marquesa Eulalia, la de las risas y desvíos dedicados "al vizconde rubio de los desafíos y al abate joven de los madrigales". No sólo apareció en el recitado, también apareció en el teatro, con un vestido largo de tul blanco, echada la cabeza hacia atrás para destacar la línea del cuello. Reía la marquesa en silencio como en el cine mudo, sentada a un sillón; pronto tuvo enfrente al vizconde rubio (no era tan rubio) y, poco después, a Daniel Link, abanico rojo en mano, que la acompañó en las risas. Por una puerta lateral entró Mercurio, invocado por Darío en la poesía. En esta ocasión, Mercurio se había encarnado en un mulato al que le habían dorado el cuerpo perfecto con un barniz, lo que daba como resultado una piel verdosa. Mercurio estaba desnudo, salvo por un tapasexo, ya que no taparrabo: el rabo estaba íntegramente expuesto en todo su esplendor juvenil y le arrancó a Sylvia Molloy la exclamación: "¡Tiene un derrière...!" En efecto, lo tenía. También estuvo la Diana de Darío, interpretada por una actriz envuelta en tules blancos y cortos, que dejaban ver muslos poderosos. Diana daba saltitos mientras agitaba arco y flechas; Mercurio, en cambio, era una estatua inmóvil.

Entre recitado y recitado, se desarrolló un breve concierto. El notable Cuarteto de cuerdas Untref interpretó movimientos sueltos de obras de Alberto Williams, Julián Aguirre, Teresa Carreño, Arnold Schönberg, Claude Debussy y Maurice Ravel. Por último, Szuchmacher invitó al baile, que se inició con Danubio azul. El vals tiene un ritmo envolvente y exige movimientos envolventes, sin embargo, los bailarines porteños se entregaron a una danza curiosamente ortogonal. Movían las piernas con rigidez de hojas de tijera que se abrían y se cerraban casi con chasquidos marciales.

En los palcos y platea estaban Aníbal Jozami (el único de esmoquin), Diego Bentivegna, Sylvia Molloy, Edgardo Cozarinsky, Arturo Carreras, Tamara Kamenszain, Raúl Antelo, Carlos Battilana, Daniel Link, Diana Wechsler, Noe Jitrik, Sebastián Freire, María Moreno, Laura Isola y Jorge Telerman.

Intenso festival académico.

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