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La UE busca llegar a un acuerdo con Turquía para poner fin a la crisis de los refugiados

Los 28 mandatarios llegan a la cumbre divididos ante las exigencias de Ankara

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LA NACION
Viernes 18 de marzo de 2016

PARÍS.- Divididos y en su gran mayoría escépticos, los 28 líderes de la Unión Europea (UE) comenzaron ayer en Bruselas a buscar una forma aceptable para llegar a un acuerdo con Turquía que permita resolver la crisis de la inmigración.

Para la canciller alemana, Angela Merkel, que, junto al primer ministro turco, Ahmed Davutoglu, jugó un papel de primer orden en el esbozo del plan, obtener un acuerdo significaría "lograr una oportunidad de hallar una solución colectiva a la cuestión migratoria". Pero "eso no quiere decir dar un cheque en blanco a Ankara".

Al llegar a la cumbre de Bruselas, la canciller alemana reconoció que esperaba "intensas discusiones" y "negociaciones complicadas". En ese contexto, la reunión bien podría extenderse hasta entrada la noche de hoy.

"El objetivo es claro: obtener un acuerdo aceptable para los 28 y para nuestros socios turcos", declaró por su parte el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, responsable de las negociaciones, a pesar de los cortocircuitos operados por Berlín, que el funcionario apreció medianamente.

Al término de diez días de intensas negociaciones, Tusk se declaró "más prudente que optimista" sobre la conclusión de ese proyecto, cuyas grandes líneas fueron presentadas el 7 de este mes.

Las objeciones, en efecto, son numerosas. Muchos países temen que la principal medida del proyecto, que prevé el envío a Turquía de todos los nuevos migrantes que lleguen a Grecia desde ese país -incluidos sirios e iraquíes-, sea ilegal.

El espinoso tema fue objeto de una reunión previa entre Merkel; el presidente francés, François Hollande, y el primer ministro griego, Alexis Tsipras. En primera línea, con 50.000 migrantes en su país, Tsipras exige ayuda suplementaria y una solución a largo plazo para los refugiados. Otros denuncian una suerte de chantaje de parte de Ankara, que exige como contrapartida una serie exorbitante de concesiones.

Están aquellos, como Hungría, que consideran que ese plan nunca funcionará pues los traficantes hallarán caminos alternativos para hacer pasar a la gente y, sobre todo, se opone firmemente al principio de no recibir un solo refugiado en Europa.

Por fin está Chipre, que bloquea el proceso de integración a la UE solicitado por el gobierno islamoconservador de Recep Tayyip Erdogan hasta que Turquía se retire del territorio chipriota que ocupa desde 1974.

Desde comienzos de año, más de 145.000 personas llegaron a Grecia procedentes de Turquía, elevando a más de un millón las entradas a ese país por tierra y mar desde enero de 2015.

La gran mayoría huye de la guerra en Siria, Irak y Afganistán, según el Alto Comisionado para los Refugiados (Acnur). Ese flujo, combinado con el cierre de la llamada "ruta de los Balcanes", coloca en una situación absolutamente dramática a Grecia y a las decenas de miles de migrantes bloqueados en ese país. También acentúa la presión en el resto de la UE, que, sin plan B, depende únicamente de Turquía.

Consciente de lo que puede ganar, Ankara se declara dispuesta a hacerse cargo de todos los nuevos candidatos al asilo que lleguen a las islas griegas. Pero, aunque seductor, el proyecto plantea serios cuestionamientos, como el de darle a Turquía las llaves de la frontera exterior del bloque europeo.

Sumándose al concierto de críticas de las ONG, la ONU advirtió sobre la ilegalidad de "posibles expulsiones colectivas y arbitrarias" hacia Turquía.

La Comisión Europea afirma que todo acuerdo respetará el derecho, que cada solicitud de asilo será tratada en forma individual y su titular podrá apelar contra su expulsión hacia Turquía.

Según los términos del proyecto, bautizado "uno por uno", por cada sirio expulsado hacia Turquía, los europeos se comprometerían a "reinstalar en la UE" otro sirio actualmente refugiado en Turquía, país que acoge en su territorio aproximadamente 2,7 millones de personas de esa nacionalidad que huyeron de la guerra que comenzó en 2011.

Ese dispositivo, "temporario y extraordinario", sería limitado en un primer tiempo a 72.000 personas.

En contrapartida, Turquía obtendría una nueva ayuda financiera sustancial de 6000 millones de euros para mejorar las condiciones de vida de los refugiados; la liberalización de la visas turísticas para sus ciudadanos, y una reactivación del proceso de integración a la Unión Europea, bloqueado por el conflicto con Chipre.

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