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Casi como un viaje de egresados en Palermo

Descendientes de glorias de Coronel Suárez, cuatro amigos se dieron el gusto de compartir equipo en el mejor estadio... y ganar

Viernes 18 de marzo de 2016
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Tres de los cuatro todavía no hicieron su viaje de egresados, pero quizás esa experiencia de fines del secundario no emparde la que ayer sintieron en una cancha de polo. "Impresionante", "increíble", "un sueño" y "lo mejor que puede pasarme" calificaron Juan Harriott (h.), José R. y Santiago R. Araya y Tomás Alberdi lo que representó para ellos esa vivencia única: jugaron en el mejor estadio del mundo, con la camiseta de su club de siempre, entre amigos y con sus padres en las tribunas, y ganaron.

Puede que en el futuro terminen teniendo 10 de handicap y ganando varias veces el Argentino Abierto. Puede que no, claro. Pero lo de ayer nunca se irá de su memoria, como nunca se va el primer día de trabajo. Los Araya, Harriott y Alberdi, que portan apellidos bien grandes en el polo, defendieron la camiseta más pesada de todas, la de Coronel Suárez. En un torneo importante, el Nacional por la Copa República Argentina. Con varios goles de ventaja, pero contra un adversario muy superior. Y en el mismo lugar, sobre el mismo césped, donde maravillan los cracks. "Ahí juegan Cambiaso y Nero y yo salí a taquear en mis caballos. Gran alegría y nervios a la vez", sintió Juan Harriott, el más chico.

Los cuatro son amigos y compañeros en el club que festejó 26 veces el Abierto de Palermo y cuatro la Triple Corona. Harriott es sobrino-nieto de Juancarlitos y nieto de Alfredo; los Araya son hijos de sus homónimos y nietos de Horacio, y Alberdi tiene un lejano parentesco con Enrique y Juan Carlos, que hicieron historia mayor hace décadas con el marrón de Venado Tuerto. Este Suárez afrontó la clasificación con otra formación, pero para esta rueda final se unieron los adolescentes y "el veterano del equipo", Santiago Ramón Araya, de 22. Su primo José Ramón tiene 17, y Tomás Alberdi y Juan Harriott, 16.

Foto: LA NACION

Mucha presión para su juventud esa mezcla fuerte de camiseta, lugar y certamen. Y el rival: Las Rosas, con 26 de valorización, aparecía demasiado bravo para sus modestos 10. "Podría jugar la Copa Cámara", según José Ignacio Araya, Pepe, el padre de José Ramón. Pero la Copa República se disputa con handicap y así empareja a poderosos y débiles, al dar ventaja a estos últimos. Por eso Suárez estuvo 16-0 arriba en el throw-in inicial. Las Rosas (P. Llorente -h.-, F. Gai -h.-, Francisco Elizalde y Rodrigo Rueda -h.-), lógicamente, fue limando esa diferencia. Los chicos dieron la cara con tres goles en los chukkers 4° y 5°, pero a mediados del 6° y último quedaron sólo un gol adelante: 19-18. Durante medio período defendieron como leones y dos oponentes estuvieron a sendos tiros de empatar, pero la marca les impidió impactar la bocha. La campana halló a Suárez defendiendo en sus 60 yardas. Apretado, pero a salvo.

"Una alegría bárbara. Los cuatro padres estuvimos sufriendo y gritando", apuntó Pepe Araya, que no aguantó más que un chukker en la platea y ya en el segundo se fue a los palenques a dar una mano. Su hijo no estaba menos inquieto. "En los días anteriores soñaba con esto. Hubo muchos nervios, pero muchas ganas. Fue impresionante", contó José Ramón.

Juan Harriott destacó: "La idea era no hacer quedar mal a la camiseta... Papá estaba contento y orgulloso. Él vio a su papá con estos colores, y ahora a mí en Palermo". A Tomás Alberdi casi no le alcanzaban las palabras para expresar lo vivido: "Jugar por Suárez, con tres amigos y en la cancha 1 es lo mejor que puede pasarme. Estar en Palermo es estar en el mejor lugar del mundo". Y Santiago Ramón Araya, el único mayor de edad, logró su primer triunfo en tres años participando en el Nacional. Lo festejó, por supuesto: "Un sueño. No esperábamos ganar contra un equipo de tanto handicap, y lo hicimos en la 1 de Palermo. Mi primo, amigos, la camiseta. Impresionante, increíble".

En esa jornada inaugural, otro partido entre equipos de 26 y 10 de handicap terminó 32-18 para el primero. Los de Suárez tenían pocas chances, pero bajaron a un peso pesado del torneo. Mañana se enfrentarán ya en Pilar con uno más de su tamaño, Gualeguaychú (15), aunque con menos ventaja. Los chicos se juntaron "para aprender y pasarla bien" entre amigos. Pero ya empiezan a creer que pueden hacer algo más que digno con los colores y el pedigrí que llevan encima.

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