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Disturbios en San Pablo: la policía dispersó una protesta anti-Dilma con camiones hidrantes y gas lacrimógeno

Horas antes de la marcha en apoyo al gobierno, esta mañana hubo choques entre manifestantes anti-gobierno y la Policía Militar sobre la Avenida Paulista

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LA NACION
Viernes 18 de marzo de 2016 • 09:52
La policía usó camiones hidrantes para dispersar las protestas opositoras
La policía usó camiones hidrantes para dispersar las protestas opositoras. Foto: AFP
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RIO DE JANEIRO.- Horas antes de que militantes del oficialista Partido de los Trabajadores (PT) realicen allí una manifestación en apoyo a la jaqueada presidenta Dilma Rousseff y a su nuevo jefe de Gabinete, el ex mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, ya se produjeron esta mañana enfrentamientos entre manifestantes anti-gobierno que bloqueaban la Avenida Paulista en San Pablo y la Policía Militar que buscaba retirarlos del lugar.

Las autoridades habían dado a los grupos que protagonizan la vigilia de protesta plazo para despejar la avenida hasta las 9, pero al no ser cumplida la orden, la tropa de choque de la Policía Militar comenzó a actuar con camiones hidrantes y gas lacrimógeno. En estos momentos hay gran confusión y tensión en la zona.

"El que los manifestantes de la derecha permanezcan en la Avenida Paulista es una decisión del gobernador [del estado de San Pablo] Geraldo Alckmin [del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña, PSDB]. El asumirá todos los riesgos. Nosotros no recularemos", advirtió Emídio de Souza, presidente estatal del PT.

El partido oficialista, así como otras fuerzas de izquierda aliadas, sindicatos y movimientos sociales habían convocado para hoy a las 16 en todo el país marchas en apoyo del gobierno bajo la consigna "¡No habrá golpe!". Los cálculos de los organizadores estimaban que en San Pablo participarían unas 150.000 personas, entre ellos el ex presidente Lula.

Manifestantes anti-gobierno, que exigen la salida de Rousseff del poder, se instalaron en la Avenida Paulista desde anteanoche, cuando en las principales ciudades estallaron protestas espontáneas en rechazo al contenido de las escuchas telefónicas ordenadas por el juez federal Sergio Moro de conversaciones entre Lula y Rousseff. En esas grabaciones, la presidenta daba a entender que le había ofrecido a su padrino político el puesto de jefe de Gabinete como una suerte de "blindaje legal" frente a un eventual intento de detención por parte de Moro, ya que el cargo le garantiza cierta inmunidad y sólo el Supremo Tribunal Federal podría autorizar su arresto.

Desde Curitiba, donde lleva adelante las investigaciones en torno al multimillonario esquema de corrupción en Petrobras, Moro y sus fiscales sospechan que Lula se benefició personalmente de la red de sobornos y desvíos en la petrolera estatal.

Hoy, en tanto, se espera que empiece a funcionar en la Cámara de Diputados la comisión especial de juicio político que tiene que decidir si somete a la presidenta Rousseff a un proceso de impeachment por la manipulación de las cuentas oficiales para esconder el déficit fiscal en los últimos años.

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