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Vínculos: la particular relación de Franco y Mauricio Macri

Tres especialistas analizan este complejo y chisporroteante vínculo que se replica en miles de historias de padres pioneros e hijos exitosos

Martes 22 de marzo de 2016 • 00:56
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LA NACION
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Mauricio y Franco Macri durante la asunción presidencial
Mauricio y Franco Macri durante la asunción presidencial. Foto: Fernando Massobrio/ Ricardo Pristupluk/ DYN

"Un país es una empresa. Si no sabes conducir una empresa no puedes conducir un país", disparó la semana pasada, alcalino, el empresario Franco Macri cuando lo entrevistaban sobre su relación con Mauricio, su hijo, el presidente. La respuesta no tardó en llegar unas horas después, por parte del propio presidente. Durante la reunión de gabinete en Tecnópolis, cuando se le habló de un experimento de un biólogo que rejuveneció a un ratón viejo con una transfusión de sangre de un animal joven. "En vez de hacer el experimento me hubieran preguntado a mí, que vi durante años cómo mi papá se rejuvenecía con novias más jóvenes que él".

Distante. Competitiva. Cítrica. Por momentos, fría. Ambivalente. La relación entre el presidente y su papá se convirtió en la última semana en motivo de conversación para miles de argentinos. No se trata de la primera vez en la que se producen cortocircuitos en una relación que es, al menos, compleja. No es sencillo entender el desencuentro entre estos dos hombres de éxito. LA NACION consultó a tres especialistas para analizar la relación de Franco Macri con Mauricio. No para inmiscuirse en la relación entre ellos sino, para entender el tipo de vínculo que se replica en miles de otras historias: la de un padre que triunfó en lo que se propuso y de su hijo exitoso que no desarrolló el perfil del heredero o el continuador del emporio que el padre levantó sino que decidió forjar su propio camino.

"El éxito del hijo puede resultar amenazador -apunta el ensayista Sergio Sinay, especialista en vínculos-. A menos que el hijo exitoso reconozca pública, explícita y frecuentemente que el éxito se le debe a su padre. De lo contrario este verá amenazada su imagen que, para la posteridad, podría ser remplazada por la de su hijo. Para el estereotipo de padre exitoso es difícil reconocer cualquier otro éxito que no sea el propio, porque generalmente ha fundido su identidad en su actividad. Es lo que hace, es lo que se dice de él, es la mirada de los otros. Perder la primacía equivale a dejar de existir. Y un hijo exitoso, sobre todo si es autónomo y emocionalmente independiente, representa esa amenaza".

A fines de enero, Franco Macri publicó una carta en su página web confesando esa desilusión que sintió al comprobar que su hijo no sería su continuador pero reconciliándose con la nueva realidad. "Mucho se ha hablado de la relación conflictiva entre nosotros. Más por mi culpa que por la de él y muchas veces porque la prensa desvirtuó mis declaraciones. Traté de ser el mejor padre que pude. Tal vez le puse una vara demasiado alta con mis expectativas y con las cosas que yo había hecho, tal vez, como él mismo dice, competí con él cuando se fue convirtiendo en hombre. Debo reconocer, haciendo honor a la verdad, que siempre pensé que mi hijo Mauricio iba a reemplazarme un día en el manejo de mis empresas. Soy italiano, europeo y por tradición -más allá de que el afecto por los hijos se extienda en forma igual para todos- el hijo mayor, sobre todo si es varón, suele tener una primacía especial", confesó.

"En mi padre conviven dos personas, la que me ama incondicionalmente y la que me boicotea""

"Las relaciones padre-hijo normalmente no admiten muchas variaciones. O bien los hijos repiten el modelo de los padres, como en el modelo norteamericano, donde el hijo empieza en la empresa de cadete y termina siendo gerente. O el hijo rebelde desafía el mandato familiar. Si le va bien, la sociedad valora tanto una cosa como otra. Si le va mal, se convierte en la oveja negra de la familia. Desde una perspectiva narracionista, construimos relatos que justifiquen una u otra historia", explica el psicólogo Martín Wainstein, especialista en vínculos, docente regular de la Universidad de Buenos Aires.

¿Para un padre exitoso es difícil reconocer el éxito del hijo? "Lo verdaderamente difícil es reconocer el éxito del hijo en un área, o a través de una metodología, diferente de la del padre. Cuando el hijo no es un continuador, sino que hace su propio camino. La falta de reconocimiento afecta la relación, lleva a algunos hijos a insistir, cada vez más, hasta lograrlo. Otros lo asumen como una batalla perdida; algunos lo pueden tomar con humor, pero generalmente es fuente de frustración y afecta el diálogo padre-hijo", explica el abogado Leonardo Glikin, que suele asesorar a empresas en las que participan miembros de una misma familia.

"En mi padre conviven dos personas, la que me ama incondicionalmente y la que me boicotea", reconoció Mauricio Macri en una entrevista en Los Leuco, por TN, durante la campaña presidencial, cuando le preguntaban por la relación de su padre. Tanto el amor, como el boicot, según dijo, tuvieron que ver con la elección de hacer su propio camino. "Él (por Franco) fue el que me trajo a este mundo, y me dio la oportunidad de educarme, me dio oportunidad de trabajo. Yo aprendí mucho, es un hacedor. Pero también estuvo luego esa época fea, en la que él, que me había enseñado, empezó a boicotearme y ahí fue donde tomé la decisión de irme porque me iba a hacer mal y aproveché a desarrollar la locura mía por el fútbol y por Boca".

"Siempre pensé que mi hijo Mauricio iba a reemplazarme un día en el manejo de mis empresas"

Para entender el vínculo, apuntan los especialistas, hay que pensar en ese modelo familiar patriarcal, tal vez parte de paradigma algo pasado de época, donde los hijos continuaban el mandato familiar. "Cuando los hijos siguen rígidamente los mandatos familiares, muchas veces están eligiendo la seguridad antes que la libertad, el visto bueno paterno antes que la exploración de una identidad propia que los conduzca a una adultez autónoma. Debajo de lo que socialmente puede ser visto como la continuidad de una estirpe y un éxito se esconde muchas veces una sofocada insatisfacción y sufrimiento por lo no experimentado, lo no intentado, lo no vivido", explica Sinay.

Cuando habla de cómo eligió su camino propio, Mauricio Macri apunta tanto al vínculo con su padre como a la vivencia de su secuestro, en 1991. Como si una cosa y se hubiera entrelazado con la otra y hubiera desembocado en una nueva traza para su vida. "Desde que fui liberado empecé a vivir de una manera muy distinta. (...) Con el tiempo llegué a estar convencido de que la libertad que recuperé después de mi secuestro fue mucho mayor que la que tenía antes. Sin saber cómo, en ese extraño intercambio recibí más de lo que me sacaron por haber sido secuestrado. Quedé más libre que nunca para hacer cualquier cosa, hasta para pensar por primera vez que podría crear mi propio destino", escribió en primera persona el presidente en su página web.

Reinventarse es repetir la historia

"Parte del discurso de la continuidad y consolidación implica, también, la necesidad de diferenciarse. De evitar que los hijos se sientan clones de sus padres, y que encuentren su propio camino, descubran su propio estilo, en el marco de un desarrollo en el cual, simplemente, no son pioneros sino continuadores, lo cual significa estar en el mismo espacio, pero de una manera totalmente diferente. Continuar a un pionero es, en definitiva, una forma de diferenciarse y, paradójicamente, empezar de cero en otro ámbito, es repetir la historia del padre. ", apunta Glikin.

"Suele ocurrir que muchos padres exitosos han desarrollado ese éxito a costa de sus vínculos y de su cercanía física y emocional con su entorno más cercano e íntimo. Consciente o inconscientemente se autojustifican con el argumento de que se sacrifican para el futuro de la familia, cuando no de la sociedad o el país, y puede anidar en ellos la fantasía de que, a pesar de todo, serán finalmente reconocidos y admirados y tendrán la gratitud de esos hijos, a los que dejaron a cargo de madres, institutrices, colegios. En ese desarrollo ocupan todo el espacio circundante y se acostumbran a funcionar como el macho alfa de la manada. El éxito del hijo, desde ese lugar, puede resultar amenazador", detalla Sinay.

"A veces me quedo mirándola mientras juega con Juliana y me pregunto ¿Qué vida vivirás, Antonia?."
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No es casualidad que Mauricio Macri haya elegido otro estilo, incluso para criar a sus hijos. En el relato autobiográfico de su página web marca cuatro momentos decisivos de su vida. El secuestro, su paso por Boca, su decisión de entrar en política y la relación con sus hijos, como testimonio de que la vida es cambio. Entonces cuenta ese primer día, después de separarse de su primer matrimonio, en el que quedó a cargo de Agustina, que entonces tenía nueve años, Gimena, de cinco y Francisco de dos: "De repente los vi. A los tres. No sé si estábamos desayunando o jugando a algo, pero los vi claramente, los vi como no los había visto nunca hasta ese momento. Tres personas, tres historias, tres vidas. Seres independientes y distintos a mí que vivirían sus vidas mucho más allá de la mía, con sus propias pasiones, sus propios sueños, con destinos que podrían ser diferentes y hasta antagónicos a lo que yo podía imaginar para ellos en ese momento. Últimamente me pasa lo mismo con Antonia. A veces me quedo mirándola mientras juega con Juliana en lo que es la escena más hermosa de mi vida, y mientras las miro me pregunto ¿Qué vida vivirás, Antonia?".

En el último tiempo, el presidente parece haber decidido mirar la relación con su padre desde otra perspectiva. Sobre todo, desde que Franco, a los 85 años, tuvo un delicado problema de salud. "Uno siempre sabe que uno no está para toda la vida en este lugar. Fueron momentos duros. Alguien que tiene el nivel de exposición pública como mi padre y que haya sido tan crítico conmigo en muchos momentos, dolía diez veces más. Pero yo siempre dije que yo no iba a permitir que se vaya de este mundo sin que tengamos una relación", dijo Mauricio Macri pocos días después. Un acercamiento, seguido de un alejamiento.

Después, llegó el triunfo en las elecciones, la presencia de Franco en el búnker, la cercanía durante la asunción y el apoyo durante los primeros días de gobierno. Entonces, en enero llegó la carta de Franco, y unos días después un frío saludo por Twitter para el cumpleaños de su hijo. No pasó mucho hasta que, durante una entrevista con Carlos Pagni, en Odisea Argentina, por TN, Franco Macri volviera a exponer públicamente sus sentimientos ambivalentes sobre su hijo. "Una cosa es llegar y otra gobernar", dijo. Como si nunca alcanzara para un padre exitoso, como si los logros de un hijo nunca fueron suficientes.

"Es interesante la idea de que un vínculo conflictivo pueda ser productivo. Padre e hijo se desafían y ambos obtienen un logro: uno, tener un hijo exitoso y el otro ser ese hijo exitoso", apunta Waistein. Y agrega: "Los dos (Mauricio y Franco) siempre hablan de la vara, de la medida. Probablemente sea un vínculo en el que el padre, de forma permanente, sube la vara, dobla la apuesta. Es paradójico porque puede ser visto como un rechazo, como un "no das la talla", pero a la vez es el modo de algunos padres de estimular a sus hijos, de desafiarlos para que busquen siempre llegar un poco más lejos", agrega.

Quizás no sea casualidad que "Gladiador" sea una de las películas favoritas de Mauricio Macri. Más allá de su épica guerrera, el film dio una de las frases más memorables de la relación padre-hijo: la que le dice Marco Aurelio a su hijo Cómodo, cuando le anuncia que no va a ser emperador de Roma: "Tus defectos como hijo son mi fracaso como padre".

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