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Internet sin fronteras: desafíos y oportunidades en la era del Big Data

Cómo las naciones deberían regular el uso y difusión de la información para poder alcanzar el desarrollo económico

Viernes 18 de marzo de 2016 • 13:19
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Nuestro mundo depende, cada vez más, del flujo libre de datos - a través de teléfonos inteligentes, computación en la nube, tarjetas chip, biométricas, sensores y más. Estos son el motor de nuestras economías, crecimiento y productividad.

Según el estudio Flujos globales en la era digital de McKinsey & Company, "el PIB crece anualmente entre $250 mil millones y $450 mil millones - casi el equivalente al PIB de Finlandia o Noruega - cuando los datos fluyen libremente". Además, los países que apoyan los flujos transfronterizos de datos reciben un 40% más en beneficios económicos que los países menos conectados.

Pero, ¿cómo podemos aprovechar al máximo los beneficios que pueden provenir del uso responsable de los datos, mientras minimizamos los riesgos inherentes de privacidad y seguridad? Esta es una de las preguntas centrales de nuestros tiempos, en momentos en que cada vez se depende más del big data.

Compartir datos trae grandes beneficios. Por ejemplo, basta con ver cómo el flujo libre de información ayuda a los expertos en el cuidado de la salud, a la hora de hacer seguimiento y contener el contagio de enfermedades terminales alrededor del mundo. En la lucha contra el Ébola en el occidente de África, según un catedrático, "sería una tragedia si, durante una crisis como esta, los datos no se compartieran adecuadamente dentro de la comunidad de la salud pública".

Aún así, compartir datos trae consigo preocupaciones legítimas sobre la seguridad económica y nacional, la privacidad del ciudadano y del consumidor, y la pérdida de la propiedad intelectual. Es absolutamente indispensable generar medidas adecuadas y efectivas, y que todos tengan un rol activo a la hora de proteger la información bajo su control.

La privacidad y la seguridad no tienen que llegar a expensas de la innovación o del progreso económico. De hecho, la privacidad y la seguridad son claves al momento de conseguir ambos. Un enfoque equilibrado ayuda a asegurar que el uso de datos se realice mediante un flujo libre, responsable y seguro de estos. Yo estoy a favor de un enfoque equilibrado.

Impulsar esfuerzos para crear medidas de seguridad y barreras extremas no es la respuesta – especialmente en lo que algunos han llamado la nacionalización de datos, que comprende el requisito de almacenar o procesar datos físicamente dentro de las fronteras de una nación. Estas restricciones a menudo ocasionan preocupaciones sobre el acceso a datos de seguridad nacional y para propósitos de procesamiento judicial con el uso comercial de los mismos. El resultado de esta fragmentación de la información crea un splinternet, que puede generar el riesgo de un crecimiento estancado o hasta revertido de la economía.

Para que las economías funcionen de forma efectiva y eficiente, necesitan acceso a datos confiables, continuos y a precios asequibles. Las leyes que restringen el flujo de estos tienen un efecto recesivo sobre el acceso de la industria y los consumidores en bloque. Las personas no logran obtener productos y servicios de otros mercados, y las economías locales quedan aisladas del potencial de crecimiento asociado con el resto de la economía digital global.

Las leyes de nacionalización de datos a menudo generan cobros adicionales. Los costos incrementados de la infraestructura afectan a toda la cadena de valor, con un impacto desproporcionado sobre los negocios más pequeños que no pueden costear las inversiones adicionales con facilidad. Y al duplicar infraestructuras, los sistemas de datos pueden quedar fraccionados y ser cada vez más vulnerables, consecuencia, irónica, no intencionada de estas leyes.

Un menor acceso a los datos también tiene una consecuencia colateral: un menor acceso a ideas e innovación. ¿Por qué? Porque las restricciones extremas pueden dar como resultado acceso limitado a cierta información que podría ser necesaria para que una idea simple se convierta en el siguiente descubrimiento digital, idea que a su vez podría evolucionar hacia una innovación que cambie las reglas del juego, y genere crecimiento y nuevos empleos o una solución global a un problema público.

Entonces, ¿qué hacemos?

La respuesta se encuentra en nuestro liderazgo conjunto a lo largo de los sectores público, privado y de sociedad civil, liderazgo que renuncia al camino fácil del "no" para forjar el camino más difícil del "sí, siempre y cuando...". Podemos llegar al "sí, siempre y cuando..." si realizamos pasos como el de la codificación de principios globales acordados en torno a la privacidad y seguridad que pueden ser adoptados por jurisdicciones locales, actualizando tratados y acuerdos de vigilancia existentes para adaptarse a la era del big data, y creando estándares que permitan la agrupación de la información del sector público y privado para enfrentar los retos globales. No basta con desafiar los argumentos de la nacionalización de datos; debemos producir respuestas viables.

Al igual que el vapor impulsó la mayor parte de la Primera Revolución Industrial, el flujo libre de datos será fundamental para impulsar lo que el Foro Económico Mundial y otros están llamando la Cuarta Revolución Industrial. De hecho, durante la reunión anual del Foro Económico Mundial, una sesión en particular (Internet sin fronteras) se enfocó en cómo evitar la fragmentación futura de los datos. Fue una sesión muy oportuna que abordó un asunto clave para el siglo XXI: el uso, protección y difusión responsable de datos. La forma en que todo esto se aborde es el reto y la oportunidad que todos compartimos.

Ajay Banga es el CEO global de MasterCard

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