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El derecho de las bestias, en una puesta bellísima

Domingo 27 de marzo de 2016
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PARA LA NACION
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Salvajada / Libro: Mauricio Kartun, Sobre Cuento De Horacio Quiroga. / Intérpretes: Compañía de Titiriteros de la Unsam; Román Lamas, Natalia Gerardi, Omayra Martínez, Pablo Maidana, Lucía Arias, Clara Chardín, Joaquín Tato, Anibal Flamini, Guillermo Tassara. / Dirección: Tito Lorefice, Hernesto Mussano. / Sala: Centro Cultural de la Cooperación, Corrientes 1543. / Funciones: domingos, a las 20 (Última Función). / Duración: 60 Minutos.

Titiriteros que conectan con lo trascendente
Titiriteros que conectan con lo trascendente. Foto: CCC

En el marco del 7º Ciclo de Teatro de Títeres y Objetos del CCC, se presenta Salvajada. Se trata de una adaptación de Mauricio Kartun del cuento Juan Darién, de Horacio Quiroga, donde se narran las peripecias de un tigre huérfano que tomó forma humana al ser criado por una madre que acababa de perder a su hijo. Esa búsqueda de cariño mutuo propone un cruce entre dos universos: naturaleza y cultura, civilización y barbarie. Kartun lee aquí una recurrencia histórica argentina, esa necesidad de separar a los que pertenecen y a los que no. Así, la obra adquiere una postura política definida. Se escucha a un pueblo enardecido quejarse porque los tigres "entran por una puerta y salen por la otra" y otras expresiones, extemporáneas a Quiroga, pero de toda justicia a partir de esta lectura del cuento. Están, también, los reconocibles procedimientos lingüísticos kartunianos que transforman, por caso, a una serpiente pitón en "Pitonisa". En esos pliegues de la lengua y en las expansiones y giros que encuentra sobre el cuento, Kartun encuentra tesoros que sorprenden y oxigenan la opresión del ambiente.

El reto es hacer una puesta a la altura de lo escrito. La dirección de Lorefice y Mussano responde con creces al desafío. Salvajada es un trabajo coral que, desde sus titiriteros, da vida a una enorme cantidad de personajes. La puesta trabaja con títeres de distinta escala, desde los pequeños hasta los que superan el tamaño humano. También, es una clase magistral de cómo una obra crea sus convenciones y se permitirse romperlas. Una jaula puede formarse con dos palos para luego abrirse y volver a cerrarse, mostrando un esquema en el que todo parece entrar porque siempre es claro por dónde pasa el relato, a pesar de que los recursos para contarlo varíen. De alguna forma, las criaturas de Salvajada habitan un mismo universo, aunque son muy diferentes entre sí. El escenario es una caja negra sin escenografía, apenas hay unos objetos y una proyección detrás. Y allí entra la selva toda, sus atractivos y sus peligros. El juego de texturas y gestos contagia su ilusión de violencia, la música no cesa y carga el ambiente de la ambigüedad sensual de la selva donde se libran batallas entre bestias y hombres. Salvajada es enormemente pregnante desde lo intelectual y lo sensorial, sigue en la cabeza y el cuerpo del espectador mucho después que este deja la sala.

La obra encierra un misterio que se resiste a ser desentrañado, parece conectar con una matriz mítica. El teatro de objetos parece ser terreno fértil para esto, quizá porque el títere nunca miente. Su piel de goma, de madera o de cualquier otro material no contiene falsedad. Es un títere sin disimular serlo. Estar guiado por un titiritero no hace falso lo que ofrece; a menudo ocurre en la vida que hay hilos moviendo las cosas, el problema es cuando no se dejan ver. El títere expone su mecanismo constructivo a partir del trabajo de un manipulador que cultiva por años aquel movimiento capaz de hacer que un muñeco inerte mute su expresividad y se llene de vida por un instante para así poder conectar con lo trascendente. Salvajada funde el mito con la actualidad a partir de un superlativo trabajo de dramaturgia y dirección.

Nuestra opinión: excelente.

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