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Después de dos meses sin volar, la aerolínea Sol decidió cerrar sus puertas

La compañía envió telegramas de despido a casi 200 empleados; se inicia una etapa de negociaciones por las indemnizaciones; quiere evitar la quiebra

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LA NACION
Jueves 31 de marzo de 2016
Carteles de los trabajadores ante el cierre de la empresa, en enero pasado
Carteles de los trabajadores ante el cierre de la empresa, en enero pasado. Foto: Archivo
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Los vuelos de aquel lejano 14 de enero fueron los últimos que pudo operar la aerolínea Sol. Ayer, después de meses de negociaciones, se agotó la última esperanza que existía para darle continuidad a la compañía. Pasado el mediodía, cuando ya nada se podía hacer, se enviaron telegramas de despido a los casi 200 empleados que aún estaban en la plantilla de la empresa.

Según lo que pudo saber LA NACION, la compañía no irá a la quiebra, sino que pagará las indemnizaciones que le corresponden y tratará de liquidar los activos que le quedan. "Es como cerrar un negocio cualquiera. Se pagan las indemnizaciones y, lamentablemente, se cierran las puertas", dijo una fuente autorizada.

Así terminó la vigilia que se mantenía en torno a la vida de Sol, que empezó en la mañana del 15 de enero, cuando la empresa suspendió sus vuelos después de que Aerolíneas Argentinas rescindió un contrato mediante el que la línea aérea de bandera le compraba horas de vuelo a la empresa rosarina.

Desde entonces se sucedieron las reuniones entre representantes de los ministerios de Transporte y de Trabajo. Se acordó que no habría despidos, al menos en ese momento. Después de una negociación entre todas las partes, acordaron que los sueldos se pagarían hasta el 31 de marzo y que hasta entonces el personal estaría de licencia.

Durante ese tiempo, especulaban, había que encontrar un candidato para quedarse con la compañía en problemas.

Varios grupos se interesaron en la empresa. Uno de ellos, conformado por dueños de compañías de ómnibus, fue el primero en ponerse a trabajar en los números de la operación. Luego se sumó otro, en el que se veía la cabeza de varios operadores turísticos de peso. Ambos se retiraron hace tiempo.

Sólo quedó en pie un grupo boliviano dueño de la empresa Amaszonas, una compañía de vuelos regionales que miraba con ambición el ingreso al mercado argentino.

Hubo reuniones también con los dueños de Air Nostrum, una empresa española que le había aportado a Sol aeronaves CRJ -jet de 50 asientos que reemplazarían a los Saab de 35 lugares- a cambio del 49% de las acciones.

Pero el dinero para poner en el aire la empresa de vuelos regionales no apareció. Según las cuentas de los grupos inversores, eran necesarios alrededor de 20 millones de dólares para los primeros tres meses de operaciones. Luego, ya empezaría a llegar el flujo de caja. "Había más voluntad que dólares", dijo una fuente que participó en la negociación.

Así terminó la historia que empezó mucho antes de que se diera por tierra el polémico contrato que firmó el entonces presidente de Aerolíneas, Mariano Recalde, por el que la estatal pagaba alrededor de un millón de pesos por día a su asociada.

En total, fueron cuatro meses en los que la línea aérea de bandera se comprometió a pagarle a Sol una suma fija mensual en dólares por 210 horas de vuelo más el costo del combustible. El llamado acuerdo de cooperación tenía algunas cláusulas que la nueva gestión, comandada por Isela Costantini, no quiso convalidar. La más llamativa le aseguraba a la empresa rosarina de la familia Angeli, que forma parte del Grupo Transatlántica, una ganancia en dólares del 12% de los costos de explotación. Mientras duró la relación, de la caja de Aerolíneas salieron 124,36 millones de pesos y 71.800 dólares en billetes como anticipo.

Aquel acuerdo fue el final de una negociación que empezó cuando los dueños de Sol le anticiparon al gobierno su intención de dejar de operar. Transcurría fines de 2014. En los despachos oficiales le pidieron no cerrar. "Acá no cierra nadie. Desde Aerolíneas vamos a buscar una solución para poner el dinero que haga falta", escuchó un ejecutivo de la compañía de boca de los líderes de La Cámpora que manejaban Aerolíneas.

Sueltos de manos con dinero ajeno, Recalde y su director financiero, Pablo Ceriani, confeccionaron el contrato de salvataje. Así se inició una dependencia tal de la empresa rosarina con Aerolíneas que no pudo despegar ningún avión desde que se canceló.

Desde entonces, el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, dejó en claro que no habría más auxilio del Estado. Sí asumió un rol de facilitador en la búsqueda de una nueva empresa que continúe, pero el dinero público o la reabsorción de los empleados en la empresa estatal no estaban en los planes.

Fue en enero cuando los funcionarios y los directivos de Aerolíneas empezaron a mirar con atención dos artículos de la ley de sociedades. Por lo bajo se preguntaban qué pasaría si algún abogado pícaro -que nunca falta- dijera que, como Sol dependía de hecho de Aerolíneas Argentinas, ésta era su controlante. En consecuencia, a Aerolíneas se le podría extender la quiebra de Sol. El juego de dos artículos de la norma (el 33 y el 54), que hablan de las sociedades controlantes y de la obligación solidaria de indemnizar ante determinadas conductas, llevó a que se pusiera un especial énfasis en un procedimiento de cierre, pero sin quiebra.

Todo parece indicar que los rosarinos no le llevarán problemas legales a Aerolíneas.

Finalmente sucedió algo más. La colombiana Avianca compró Macair, la empresa de la familia Macri, para operar con aviones similares. Hay que tener espalda financiera para competir con un gigante.

Amenaza de paro en Aerolíneas

La Asociación de Pilotos de la República Argentina (APLA) informó que hará un paro total de actividades a partir de mañana en Aerolíneas Argentinas, pese a que Trabajo dictó la conciliación obligatoria. Reclama la incorporación de 30 comandantes de Boeing 737-NG y 30 Oficiales Área Internacional, entre otros beneficios.

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