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Marina Fages, una viajera musical

La inquieta artista presenta hoy su disco Dibujo de rayo

Viernes 01 de abril de 2016
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PARA LA NACION
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Marina Fages
Marina Fages. Foto: LA NACION / Mauro Alfieri

El año pasado Marina Fages anduvo de gira por Europa. Llegó hasta ahí sin apoyo de un sello multinacional, operaciones de marketing ni padrinazgos. Con una voluntad de hierro y muy buenas canciones, se armó un itinerario de seis meses por Alemania, Holanda y Francia, entre otros países. Ahora el plan es ir más lejos: en octubre, esta artista andariega que nació en Buenos Aires y vivió en Tierra del Fuego y Mendoza recalará en Japón.

Pero antes hay un par de shows acá, dos buenas oportunidades para los que aún no saben nada de ella. La primera cita es hoy en Kirie (Bolívar 813), un local de San Telmo que, vale la pena aclararlo, cuenta con una prestación de sonido de calidad infrecuente en el circuito under. Y en junio habrá un concierto en el Margarita Xirgu. También ese mes, Fages presentará una muestra de sus pinturas al óleo centrada en retratos de artistas de la escena del rock independiente: Los Rusos Hijos de Puta, Los Hermanos McKenzie, Santiago Motorizado, Lucy Patané y ella misma (parte de su trabajo se puede ver en www.flickr.com/photos/fages/).

Hasta hoy, Fages editó dos discos, Madera metal (2012) y Dibujo de rayo (2015). "El primero es un disco de canciones acústicas llevadas por la guitarra, súper folk dice ella. En el segundo, la diferencia la marcó la producción artística. Tenía un concepto: el sonido de un trueno que golpea la tierra, que puede ser muy distinto según las circunstancias; entonces, imaginé que necesitaba un baterista distinto para cada golpe. Terminé convocando a siete bateristas, una locura. Intentamos que todos grabaran el mismo día, y logramos que seis pudieran."

En Dibujo de rayo lo inusual no sólo es la cantidad de bateros en un mismo álbum (Sergio Verdinelli, Juan Manuel Ramírez, Fernando Samalea, Lucy Patané, Doctora Muerte, Camilo Carabajal y Walter Broide). También es excepcional que un disco estilísticamente tan heterogéneo termine sonando sólido y consistente. Son muchos los viajes que propone el disco, reveladora radiografía de una artista adicta al movimiento que ni siquiera sube siempre al escenario con la misma banda de apoyo. Hoy, los compañeros de ruta serán Los Señores (Samalea, Fernando Kabusacki, Matías Mango), pero en otras ocasiones fueron Chicas de Humo (Patané, Lu Martínez), Los Poderosos (con integrantes del grupo formoseño Guauchos) o Los Arpones (formación marplatense). Para sus aventuras europeas, también armó con el multiinstrumentista Nacho Czornogas el dúo Galgo & Kiki, que cruza folklore con electrónica y tiene editado un EP, Luna de miel.

El afán explorador de Fages no es nuevo. Ya en la escuela secundaria -"un privado medio pelo de Palermo", describe, era la artista de la clase: pintaba, hacía música, era la encargada de las escenografías de todos los actos. "Era una nerd mal cuenta. Compraba revistas como Conozca más y Muy interesante. A los 10 años le robaba libros a mi mamá. También escuchaba radio, sobre todo a Bobby Flores. Después conocí a Nirvana y a bandas de punk rock del barrio".

-¿Volviste a Mendoza y a Tierra del Fuego?

-Sí, sobre todo a Tierra del Fuego; mi viejo vive ahí. Me gustaba pivotear entre dos realidades tan distintas. Acá no íbamos solos ni al quiosco, y allá nos quedábamos en la calle hasta las nueve de la noche porque todavía estaba el sol. Río Grande es una ciudad costera con mucho viento y sin un solo árbol. Hay seis horas de luz en invierno. Tiene una alta tasa de suicidios.

-Cuándo empezaste a escuchar música, ¿quién te orientó?

-Mi viejo escuchaba mucha música y yo pasaba los veranos en Tierra del Fuego. Tenía muchos vinilos de música clásica y de los Beatles. También mi mamá cantaba algunas canciones de folklore. Pero el primer contacto real con la música fue cantar en el coro de la iglesia. Yo iba a un colegio religioso, pero a los 13 me hice atea. De todos modos, para mí la música es algo completamente místico: cuando tocás, estás en conexión con algo, celebrando algo. Si me concentro y lo estoy haciendo bien, siempre llego a ese lugar, como si estuviera cantando en un templo. O en un bosque, porque para mí los bosques son como templos. Creo que fue ésa la experiencia que me marcó el camino.

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