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Empresarios: la opinión ausente del Mercosur

El sector privado fue en origen -y debería ser hoy- el principal beneficiario en el bloque;sin embargo, la política y la ideología copan el escenario y las opiniones en torno a esta alianza de países; las oportunidades que presenta el mercado intrarregional

Martes 19 de abril de 2016
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Más política: Venezuela presidirá en breve el Mercosur y la Unasur
Más política: Venezuela presidirá en breve el Mercosur y la Unasur. Foto: Reuters / Marco Bello

En los 25 años del Tratado de Asunción se han leído interesantes publicaciones de académicos y analistas, pero aún no se ha pronunciado el que es, quizás, protagonista más importante del proceso: el sector empresarial.

Es que concebido como una herramienta de integración regional y facilitación del comercio, el Mercosur fue cediendo luego ante otros intereses, mutando hacia aspectos más políticos que comerciales.

El Mercosur cuenta con 295 millones de habitantes y con un PBI de US$ 3,3 billones, que aún lo ubican como quinta economía mundial y el segundo mayor territorio aduanero (superado por Rusia).

A pesar de ello, su comercio exterior cae desde hace varios años, lo que junto a ciertas decisiones algo controvertidas y al escaso cumplimiento de sus objetivos reales de integración regional e internacional, induce a especialistas a afirmar que el bloque se aleja de sus objetivos fundacionales; en opinión de algunos, transita por una especie de asociación política de gobiernos de definida tendencia, donde lo comercial y económico no ocupa el lugar adecuado. Se ideologizó un tema de negocios. Otros señalan que fueron surgiendo trabas arancelarias y no arancelarias que produjeron una división oculta: un grupo más aperturista (Uruguay y Paraguay) y otro más proteccionista (Argentina y Brasil).

Imperfecto

La realidad es que la creación del Mercosur coincidió con un importante crecimiento del comercio intrarregional, pero luego sus miembros no lograron aislarse de algunos hechos internos en materia económica que perturbaron la integración y la eliminación de las asimetrías (aun existentes). No se logra perfeccionar ni la zona de libre comercio -pues persisten barreras arancelarias para sectores específicos- ni la formación de un mercado común debido a que no se visualiza un libre flujo de capitales y personas.

Las cuestiones de mayor impacto se lograron establecer en protocolos que no siempre obtuvieron plena vigencia, mientras el mundo se aceleró y dio origen a megacuerdos comerciales (como el TPP en el cual participan países asociados al bloque).

En otro aspecto, desde siempre hemos señalado que todo el andamiaje de negociaciones y sus resultados, sin dudas complejo, configura un esquema que se vuelve exitoso y consistente si se le agrega la comprensión y ejecución por los que deben utilizar las herramientas, es decir las empresas, que las deben usar para la generación de negocios.

Esos protagonistas creyeron, releyeron infinidad de veces e interpretaron los sentimientos de los legisladores que en 1991 aprobaron el texto de ese tratado, y 25 años después se los nota sino decepcionados y algo frustrados en sus ambiciones y expectativas.

Esa situación se genera por algunas circunstancias confluyentes, a saber:

La lenta y cansina posición de los países miembros que no han logrado superar la diferencia de sus objetivos. Aún se notan aspiraciones no satisfechas de los países con economías más pequeñas y las políticas ocasionalmente restrictivas de las mayores. A ello se agrega una suerte de cambios de ejes direccionales, que repliega lo comercial y se vuelcan frontalmente hacia objetivos de orden social que casi monopolizan las discusiones, sin lograr un equilibrio adecuado entre ambos conceptos.

En este escenario, no sería ajena la incorporación de Venezuela, el último asociado (¿país miembro?) que, por ejemplo, mantiene su proyecto de instalar una zona complementaria de comercio geográficamente interna a cuatro bloques -Mercosur, ALBA, Petrocaribe y Caricom- que no se llega a comprender en su magnitud excepto en el claro desvío de otros desarrollos regionales.

Los procedimientos para arribar a los imprescindibles consensos deben revisarse y actualizarse. Existe un exceso de la retórica unida a la presuntamente reducida efectividad de lo acordado (¿cuántas resoluciones y decisiones han sido internalizadas por cada país?). Un presidente de uno de los países expresó, con un dejo de nostalgia, en la última cumbre de Asunción: "El Mercosur es lo que nosotros queremos que sea", como asumiendo su responsabilidad por las críticas recibidas por parte de especialistas y operadores.

La aparentemente difusa visión negociadora que ha producido que el bloque haya quedado relativamente relegado de los movimientos negociadores de última generación, estilo siglo XXI, a lo que se le agrega que algunos acuerdos logrados no han generado el nivel mínimo comercial pretendido.

El regreso a lo "reservado", hecho que para los que hemos pasado décadas transitando por los pasillos o esperado horas en el "cuarto de al lado", representa un regreso que no suma en este siglo, en que la información transita tan rápidamente y por tantos canales que es casi imposible seguirla. Por ejemplo: ¿Cuáles son las 80 medidas que afectan al comercio intrarregional anunciadas en la última cumbre de Asunción y por qué no se publican?

El Foro Consultivo Económico y Social es el único órgano oficial representante de la sociedad civil organizada, a pesar de lo cual las autoridades del bloque siguen sin actuar de acuerdo a tal título. Es así que se sigue administrando financieramente a través de las entidades del sector privado que lo componen, y emite recomendaciones de manera naturalmente proactiva pues las consultas desde niveles superiores son inexistentes.

La evidente decepción empresaria debería generar al mismo tiempo una severa autocrítica hacia su actitud, que le ha impedido ejercer la creatividad y proactividad necesaria, para encontrar entre los mecanismos del bloque propuestas concretas y/o salidas para su desarrollo comercial. Por ejemplo: proyectos de una real y efectiva integración productiva sectorial, o la forma de interrelacionar los regímenes de origen con los establecidos en otros acuerdos de países miembros o asociados con terceras partes, como los que tiene Chile con los países asiáticos.

Somos muchos los que seguimos creyendo y apoyando al Mercosur. Pero entendemos que debería abandonar ese angosto sendero que está transitando, con sólo un 16% de comercio intrarregional. Y algunos miembros simultáneamente deberían decidir desvíos de su comercio con países de extrazona, para volcarlo al comercio intrarregional de productos con suficiente capacidad de abastecimiento y nivel competitivo.

Como expresó el Alto Representante del Mercosur, Florisvaldo Fier, en 2017 toda América del Sur se convertiría en un zona de libre comercio en virtud de la conclusión de los períodos de transición de algunos acuerdos del Mercosur con Perú y Colombia, con la enorme característica de ser una región bioceánica, escenario en el cual el Mercosur debe prepararse a desempeñar uno de los roles fundamentales en la evolución del comercio sudamericano (interior y exterior).

A ello se le debe agregar que otro de los desafíos que afronta el bloque es la posible concreción de una serie de acuerdos comerciales, entre los que se destaca, debido a las características de su mercado, el que se negocia desde hace más de 15 años con la Unión Europea (en el que no participa Venezuela, situación aún de algo compleja interpretación dada su próxima presidencia pro tempore).

Vuelta atrás

Para mejorar o regenerar el entusiasmo y aliento empresarial, el bloque debería retomar el camino inicial brindando claras señales de su inclinación hacia los movimientos de este siglo, con la dimensión que se le adjudica en el exterior (se lo sigue considerando la quinta economía del mundo), meta que quizás pueda resultar complicado alcanzar, teniendo en cuenta que a partir de julio próximo Venezuela asume la presidencia, junto con la de Unasur, hecho que un analista venezolano ya define como que: "El presidente (Nicolás) Maduro, generará estabilidad, concordia y equilibrio a las relaciones internacionales entre nuestros países; eso es la agenda política de América latina, defender la democracia y la convivencia entre nuestros países".

Habrá que esperar los resultados de esta curiosa y casi inédita situación bipresidencial, y mientras tanto, se debería recordar que para el Mercosur lo mejor es más Mercosur. Pero actualizado al siglo XXI.

El autor es ingeniero, titular de Axxionar-C. Restaino y Asociados

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