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La colaboración viene por todo: el nuevo paradigma de Uber impregna la economía

La polémica que empezó por el transporte urbano se expande a otros sectores, como el hotelero y el gastronómico

Lunes 25 de abril de 2016
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Lo dijo el creativo Fernando Vega Olmos: "A cada hotel le llega su Airbnb". Bien podría haber dicho que a cada industria le llega su Uber. En eso está la ola de economía colaborativa que viene avanzando sobre el mundo.

En la Argentina, el debate sobre Uber aparenta ser el primero de una larga lista de otros "Ubers" de servicios, que también enfrentan a sectores tradicionales con emprendedores tecnológicos. Los negocios entre pares que se expanden con grandes exponentes alrededor del mundo no sólo llegaron al transporte, sino que abarcan distintos sectores: turismo y alojamientos, gastronomía, alquiler de autos y cocheras, mensajería, servicios financieros y más.

Aunque la "uberización" recién comienza, el fenómeno está ampliamente difundido en otros mercados más desarrollados, como los Estados Unidos y Europa. En general, las empresas que introducen innovaciones conviven con los sistemas tradicionales, pero en muchos casos eso requiere un acomodo de las condiciones de funcionamiento. Ocurre que, justamente, la competencia por precios, es decir, el modelo de negocios sobre el que se basan muchas de estas nuevas empresas, se erige sobre grises legales. Es que la tecnología, aquí y en el resto del mundo, corre más rápido que la ley.

Así como los choferes de Uber tienen requisitos distintos a los de los taxistas, algo que permite ofrecer tarifas más económicas, otros servicios funcionan (al menos hasta que la ley se adapte) al margen de la normativa que rige para los negocios tradicionales. Las cargas impositivas que soportan muchos de los sectores tradicionales motivan acusaciones de "competencia desleal" y, por el lado de los trabajadores, muchos señalan el riesgo de alentar la precarización laboral.

Antes del desembarco de las empresas que surgieron de un nuevo paradigma de negocios de colaboración ya existieron polémicas. Ocurrió cuando Groupon y otras cuponeras comenzaron a vender viajes en el país; las agencias de viajes, que deben tener legajo y licencia para funcionar formalmente, pusieron el grito en el cielo. En 2011, la Asociación Argentina de Agencias de Viajes y Turismo (Aaavyt) acusó a la empresa de infringir la ley nacional 18829, que regula la actividad. Groupon fue suspendida temporalmente y multada. Hoy, su división Groupon Viajes está registrada como agencia.

Otra de las que avanza sobre el mapa global es Airbnb, la firma de alquiler de alojamientos en propiedades particulares que ya vale unos US$ 25.500 millones y revoluciona la industria. No sin revuelos: por citar un ejemplo, el año pasado fue multada por 60.000 euros en Barcelona por anunciar sitios turísticos sin la licencia que se demanda para el funcionamiento como tal. En los últimos días de marzo se realizó en Montevideo, Uruguay, la Primera Conferencia Iberoamericana sobre Hotelería Informal, que puso en evidencia la preocupación de los empresarios del sector. En Chile, entidades que agrupan a distintas firmas del sector publicaron hace pocos días una solicitada en un diario para reclamar por la regularización de la oferta informal. En esa lista inscriben también a Booking, plataforma que media en el alquiler de alojamientos.

Walter Rodríguez, secretario de la Federación Argentina de Asociaciones de Empresas de Viajes y Turismo (Faevyt), expone la inquietud de los empresarios locales: "No tenemos nada en contra, salvo que consideramos que hay competencia desleal por el no pago de impuestos. Pueden tener el esquema de negocios que quieran, pero las leyes deben ser parejas para todos. La carga es muy desigual y lo lógico es que se iguale, hacia arriba o hacia abajo", dice.

En gastronomía sucede algo similar, aunque aún en menor escala. Por cada 100 pesos que gastan los comensales en un plato, dicen los empresarios locales, alrededor de $ 40 corresponden a impuestos. De allí que pidan el control de aplicaciones que conectan comensales y cocineros que ofrecen comidas caseras en casas particulares, un modelo expandido en el exterior, cuya versión local es Cookapp, adquirida por Bigbox.

Es el comienzo. Pero queda mucho por conquistar: en Londres, por ejemplo, es un éxito la app JustPark, de alquiler de cocheras entre particulares. También allí y en distintas ciudades de los Estados Unidos funciona TaskRabbit, que permite contratar técnicos de servicios domésticos o cadetes de mensajería de forma inmediata. Existen incluso apps que unen a dueños y cuidadores temporales de mascotas. El nuevo paradigma es un hecho: la tecnología facilita y responde las demandas. El desafío, ahora, es integrarla con lo existente, dentro de un marco legal que pueda equiparar o readaptar las condiciones, sin renunciar a los beneficios de la tecnología.

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