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Alberto Manguel, en un viaje que fue desde la intimidad hasta las luces de la función pública

En un diálogo con Jorge Fernández Díaz presentó Una historia natural de la curiosidad

Domingo 24 de abril de 2016
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LA NACION
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Manguel dijo que dirigir la Biblioteca Nacional es como cerrar un círculo
Manguel dijo que dirigir la Biblioteca Nacional es como cerrar un círculo. Foto: Rodrigo Néspolo

Una vez que terminó de acomodar los 35.000 volúmenes de su biblioteca, acumulados durante años en sucesivas casas de distintas geografías, Alberto Manguel descansó. Literalmente: esa noche durmió en ese espacioso lugar en su casa francesa donde pudo por fin reunir sus páginas queridas. Es entre libros -leyéndolos, hablando de ellos, escribiéndolos- donde el intelectual y nuevo director de la Biblioteca Nacional se siente más cómodo. Y a los libros volvió una y otra vez en el diálogo que ayer mantuvo en la Feria del Libro con el escritor y secretario de Redacción de la nacion Jorge Fernández Díaz, quien lo presentó como "el otro Umberto Eco".

La excusa fue la presentación de su libro Una historia natural de la curiosidad (Siglo Veintiuno Editores), pero las preguntas lo hicieron transitar también por su formación intelectual -su gratitud al Colegio Nacional de Buenos Aires; su encuentro con Borges-, por anécdotas de su vida trashumante -una cena con Marcello Mastroiani, la foto en que Mick Jagger usa un cinturón de los que Manguel fabricaba-, hasta su rol como director de la Biblioteca Nacional y su reacción ante las protestas gremiales por los despidos de muchos empleados.

Fue la parte más incómoda para Manguel -él mismo dijo sentirse aliviado cuando finalmente empezaron las preguntas sobre su libro-, que de todos modos manejó con inteligencia y palabras medidas, en la línea de sus últimas declaraciones públicas. En estos días estuvo recorriendo la Biblioteca, contó. "Me llamó la atención el fervor de mucha gente que trabaja en la Biblioteca, su entusiasmo y sus conocimientos. Yo no voy a dirigir nada, voy a estar allí para ayudarlos a conseguir lo que necesitan. A muchos no los dejan trabajar tranquilos", dijo. El público, que colmó la sala, le era favorable: lo escucharon más cerca del silencio admirado que de cualquier cuestionamiento.

Elogio de la conversación

Una historia natural de la curiosidad es un elogio de las preguntas y de la conversación como vía al conocimiento. "Traté de escribir sobre las preguntas que nos hacemos todos, estructuradas con escenas de Dante -la Divina Comedia es la obra más extraordinaria desde siempre", había dicho- y relatos de mi propia vida donde esas preguntas aparecieron", contó. Quién soy, qué hay después, cuál es mi lugar, qué es el lenguaje son algunas de ellas.

La curiosidad aparece en el libro, sugirió Fernández Díaz, casi como "una ley de gravedad". "La imaginación construye historias. La narración está impulsada por la curiosidad. Contamos para poder hacer mejores preguntas", respondió Manguel, quien, entrelazando sus ideas con sus recuerdos, dijo extrañar de su adolescencia "los lugares donde uno podía conversar. Hay que volver al arte perdido de la conversación". De la curiosidad de Caperucita Roja a la tarde en que se perdió en su barrio de Belgrano al volver de la escuela, todo puede alimentar las preguntas del hombre que aprendió el español batallando con las erres después del francés y el alemán.

"Pensar que nacer en un lugar determina por siempre jamás un sentimiento de fidelidad a una nación es absurdo. Todos vivimos en una geografía imaginaria que está hecha de las experiencias que hemos tenido", dijo. Quizá no sea la lealtad a una tierra, sino a Borges, el hombre al que le leía y al que escuchaba "de-sarmar" cuentos como un mecánico desarma una máquina, la que lo hace volver ahora: "Dirigir la Biblioteca es cerrar el círculo: me voy a sentar en la silla de Borges. Eso me intimida y me desafía".

Para agendar

Jorge Fernández Díaz presenta hoy su libro Te amaré locamente, en una charla con Luis Novaresio. A las 16, en la sala José Hernández

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