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Ya son más de 2000 los artistas callejeros que actúan a la gorra

Según la entidad que los agrupa, el número casi se duplicó; bailarines, músicos y malabaristas recorren zonas turísticas y barrios; reclaman una regulación que los proteja

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PARA LA NACION
Lunes 25 de abril de 2016
Miguel se gana la vida con su quena en la peatonal Florida desde hace 8 años
Miguel se gana la vida con su quena en la peatonal Florida desde hace 8 años. Foto: Fernando Massobrio
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Cada vez son más los bailarines, músicos, clowns, malabaristas y estatuas vivientes que actúan en subtes, plazas y calles de la ciudad. En total, son unos 2000 artistas a la gorra los que siguen en Buenos Aires la tendencia mundial de grandes capitales, en las que es habitual que la gente disfrute de espectáculos gratuitos.

Según el Frente de Artistas Ambulantes Organizados (FAAO), el número de involucrados en el circuito prácticamente se duplicó: pasaron de ser unos 1250 durante los últimos años a más de 2000 en la actualidad. En una recorrida, LA NACION pudo comprobar que no sólo se instalan en sitios turísticos -como la llamada plaza Francia o San Telmo-, sino también en casi todos los barrios porteños.

"La gente que se reúne en círculo alrededor nuestro se relaja, se descomprime. El mejor regalo es que nos brinden su sonrisa", comentó Alejandro Cabrera, saxofonista de Jamaicaderos y presidente de la organización que agrupa a los artistas callejeros.

"Ellos alegran la ciudad. Cuando salgo del banco para almorzar, me quedo un rato escuchándolos", dijo Fernanda Estévez, fan de La Roma Jazz, un grupo de mendocinos que toca en la peatonal Florida. "Les doy dinero para ayudarlos y para que sigan actuando acá", aseguró mientras, bailando, depositaba un billete en una boina sobre el improvisado mantel que, de tanto en tanto, era pisoteado por señores de traje.

En la cuadra siguiente, casi llegando a Diagonal Norte, tocaba el clarinete Melisa, vecina de Villa Pueyrredón y miembro del grupo de payasos de circo La Equilibruja. Más allá, el malabarista internacional Germán Welchli hacía rodar por sus brazos una serie de pelotas; su práctica, explicó, es el arte milenario de los juglares. "En Buenos Aires se vive un ambiente amigable. En Barcelona te persigue la policía, pero acá podés trabajar bien. Cuando hago mis shows en los vagones de la línea A, pongo música zen bajito para no molestar", detalló.

Por lo general, estos artistas son jóvenes, llegan de diferentes puntos del país y hacen del arte urbano su único medio de subsistencia o lo utilizan para pagar los estudios. Algunos poseen instrumentos, pero otros se las arreglan como pueden: por ejemplo, dos enormes tachos de pintura invertidos pueden servir como tambores de batería. Sebastián Zoppi, que hace música con baldes en la city, fue descubierto por el ex Pink Floyd Roger Waters, quien lo sumó a uno de sus recitales en River, le regaló una batería y lo llevó de gira por Europa.

El grupo Equilibruja y el malabarista Germán Welchi, en el microcentro
El grupo Equilibruja y el malabarista Germán Welchi, en el microcentro. Foto: Santiago Cichero / AFV

A Zoppi y al resto de artistas que se presentan en la calle ni el frío, ni la lluvia, ni el cansancio los detienen. Su sueño es convertirse en estrellas como Rod Stewart, Lou Reed, Louis Armstrong, Bob Dylan, Billie Holiday o Norah Jones, quienes se iniciaron como artistas callejeros.

En el ámbito local, Facundo Arana tocaba el saxo en la línea D a los 17 años, antes de ser actor. También así comenzaron grupos de rock como Arbolito, Los Tipitos, Los Gardelitos y Viejas Locas, que durante años actuaron gratis los domingos en el parque Centenario.

Tensión

Para la mayoría de los vecinos y comerciantes, los artistas que pasan el sombrero son un atractivo que le imprime color y alegría a la ciudad. Sin embargo, algunos se quejan, especialmente cuando suena la música a volumen alto. Para Cabrera, el problema es que las actuales leyes no son lo suficientemente claras: "El decreto 1239/93 permite actividades artísticas en plazas y paseos porteños, siempre que no produzcan deterioros en los espacios que utilicen. Pero esto choca con la ley 1540, que delimita los máximos de vibraciones permitidas y las áreas de sensibilidad acústica". En esta norma se suelen basar las autoridades para imponerles contravenciones; Cabrera acumula 62. Pero, aseguró, el público es tan fiel que hasta los turistas lo defendieron cuando la policía lo echó con su saxofón de la plaza.

En rigor, el arte a la gorra no está prohibido en la Capital, aunque tampoco está permitido. Según el Ministerio de Ambiente y Espacio Público, "se está trabajando junto con la Legislatura en la evaluación de proyectos" regulatorios. El Frente de Artistas Ambulantes indicó que el diputado Pablo Ferreyra ingresó la semana pasada un proyecto impulsado por ellos. El texto prevé que deben respetar el nivel de ruido máximo establecido por la ley 1540 y no pueden obstruir la libre circulación de personas ni el acceso a comercios; también, que sus pertenencias no pueden ser decomisadas ni retenidas.

Experiencias en otras ciudades del mundo

París

Francia

Es frecuente escuchar música de violines en el metro de París, pero no todo es tan romántico y bohemio como parece. Para asegurarse de que el trayecto sea agradable, la empresa transportista RATP somete a los violinistas a un riguroso casting; además, dos veces por año los ya instalados deben probar que jamás desafinan. El jurado está integrado por especialistas, empleados de RATP y pasajeros que se anotan espontáneamente para participar.

Londres

Inglaterra

Londres es probablemente la capital mundial de la música callejera. El Underground realiza un concurso llamado Rhythm of London, en el que selecciona a 70 buskers, o músicos callejeros. Varios artistas actúan al aire libre un día determinado, las filmaciones se cuelgan en la Web y luego la gente vota online a sus diez favoritos, quienes, además de ganar premios, obtienen licencia para tocar durante un año en el subterráneo.

Nueva York

EE.UU.

La ley Music Under New York determina los 25 espacios donde los seleccionados se turnan para actuar. Cada primavera se elige a los mejores mediante un consejo de evaluación compuesto por músicos, profesionales de la industria, representantes del metro y miembros de organizaciones artísticas locales. En el Central Park, se les prohíbe cantar o tocar en áreas consideradas "tranquilas", identificadas con carteles.

Normativa en conflicto

El decreto N° 1239 de 1993 permite actividades artísticas en plazas y paseos de la ciudad, siempre que no produzcan deterioros en los espacios que utilicen. De carácter restrictivo, impide cualquier tipo de amplificación por medios electrónicos.

Paralelamente, la ley N° 1540 de control de la contaminación acústica regula la emisión de ruidos y vibraciones en el espacio público; no incluye razón para impedir el uso de amplificadores, siempre que el volumen emitido no supere los topes máximos establecidos.

El proyecto 809-D-2016, que acaba de presentarse en la Legislatura, habilita a actuar a los artistas callejeros sin exigir un permiso formal. Les prohíbe obstruir la circulación de las personas y el acceso a locales comerciales; también dañar el espacio público y fijar un precio por la actividad. En cuanto a los ruidos, prevé que se ajusten a la ley 1540. Y establece que sus pertenencias no pueden ser decomisadas.

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