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¿Cuándo el estrés es demasiado estrés?

Aunque es una función normal del organismo y necesaria, hay momentos en que deja de ser saludable

Martes 26 de abril de 2016 • 00:30

El estrés es una función normal del organismo. No hay vida sin estrés. El único lugar donde no hay estrés es "la paz del cementerio". Sin estrés no se puede vivir. Si un paciente tuviera un nivel muy bajo de estrés habría que estresarlo un poco para que reaccione adecuadamente a las demandas cotidianas, para que esté en condiciones para afrontar los eventos vitales y saque adecuado provecho de ellos.

El estrés es algo así como la adecuada tensión de una cuerda de guitarra. Para que suene correctamente no debe estar ni muy floja ni muy tensa. La tensión debe ser la adecuada. debe estar "afinada". Esta alegoría puede proyectarse al estrés. Se entiende por estrés a la respuesta psíquica y física de nuestro cuerpo frente a las demandas cotidianas. En definitiva podría compararse a los dos platillos de una balanza donde en uno de ellos se encuentran las amenazas y exigencias que se nos presentan y en el otro nuestra capacidad de manejo y/o resistencia. En la medida que el balance resulte equilibrado nuestro nivel de estrés se encontrará dentro de límites normales.

Pero sí en cambio las demandas agudas o crónicas superan nuestra capacidad de resistencia el fiel de la balanza se inclinará hacia el platillo de las demandas, las cargas o las presiones. Es ahí justamente cuando presentamos ese cuadro clínico tan común en nuestros días que es el síndrome del estrés.

La pregunta es entonces: ¿cuándo sé que estoy estresado?

Foto: Shutterstock

La respuesta es la siguiente: "Cuando las cargas superan mí capacidad de resistencia o afrontamiento, aparece el síndrome del estrés, que se manifiesta por síntomas sumamente variables dependiendo de la persona que se trate".

Lo que quiero decir es que cuando una persona se siente superada por las circunstancias que la ocupan aparecen síntomas de los más variados, tales como insomnio, nerviosismo, contracturas musculares, dolores de cabeza, palpitaciones, miedos, cambios de humor, trastornos digestivos, trastornos de ansiedad, aumento o disminución del apetito, por solo citar algunos. Cualquiera de estos síntomas, como otros tantos, podrían ser manifestaciones de estrés, pero hay que señalar que en general una persona determinada siempre tiene los mismos síntomas.

Supongamos por caso que nos referimos a la Sra. Ana, cuando presenta estrés manifiesta cansancio y nerviosismo. Es decir que esos síntomas serán en ella las señales de "alarma" que debería hacerle pensar que las cargas cotidianas, sociales y/o laborales, superan su capacidad de resistencia y en tanto ello se manifiesta con síntomas.

Esta "alarma" deberá ser escuchada a tiempo para realizar la consulta médica correspondiente e intervenir en el curso de los acontecimientos para evitar ingresar en una etapa de estrés crónico que gatille o produzca una enfermedad para la cual estaría genéticamente predispuesta.

Es bueno que identifiquemos aquellas circunstancias que nos estresan y cuáles son los síntomas correspondientes. El autodiagnóstico del estrés es, entre otras cosas, un camino de autoconocimiento.

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