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Gabriel Batistuta: "El fútbol argentino me parece un desastre total; nadie sabe ni cuándo juega, es una vergüenza"

En una entrevista con LA NACION, el ex goleador le apunta a la organización y es crítico de la propuesta futbolística

Domingo 01 de mayo de 2016 • 23:59
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LA NACION
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Foto: LA NACION / Ricardo Pristupluk

Shamel anda por los 11 años y nunca lo vio jugar. No tiene dimensión de la leyenda. "Papá, ¿alguna vez pateaste un penal o un tiro libre?", pregunta con inocencia el menor de los Batistuta. Él nació en Qatar, mientras Thiago (24), Lucas (19) y Joaquín (17), los hermanos mayores, son florentinos…, donde el mito será eterno. Gabriel Omar cuenta que en la casa de Reconquista no hay fotografías, copas ni recuerdos de su trayectoria. Asegura que jamás llevó el fútbol a su hogar. "Adentro de una cancha nunca me divertí", suelta al pasar, sin rencores ni añoranza. "Yo apenas pateé una pelota, nada más", agrega, reflexivo, escapándose de cualquier divismo.

Habla de él como si el fantástico goleador hubiese sido otra persona. No termina de reconocerse en ese superhéroe que arrasaba el mundo. Lo recuerda casi con admiración, y no por vanidad, sino porque no le parece que él haya sido aquél. Quizás, a los 47 años elige no vivir de recuerdos. No se engaña ni victimiza. Lo atrapa el desafío del mañana. No se apresura para responder, revuelve y elige las palabras, pero eso no le quita explosión a su discurso. Volcánico, como en el área rival, enciende el debate.

–¿Cómo ves al fútbol argentino? El juego, la organización...

–En el plano organizativo, el fútbol argentino me parece un desastre total. Acá nadie sabe ni cuándo juega, es una vergüenza. Hace un mes llamé a jugadores y a técnicos para invitarlos al torneo benéfico de golf y me contestaron "quisiera ir, pero no puedo asegurártelo porque no se cuándo juego". Eso te hace calentar mucho: no estamos hablando del servicio meteorológico, que con un mes de anticipación puede pasar cualquier cosa; esto depende de una decisión. Vas a Italia o a España y antes de que empiece el torneo ya sabés a qué hora se juega el último partido de la liga. No es una ciencia. No es que allá son un genios, ¿eh? Empezando por ahí, y esas son las cosas más estúpidas…. Así está el fútbol.

–¿Y la propuesta futbolística?

–Sólo dos o tres equipos tienen una idea… El domingo de los clásicos me dormí en mi casa; para colmo llovía, no sabía qué hacer. Fue un desastre. Ni dos pases seguidos hacían, apenas un poquito en Racing-Independiente… Si lo querés justificar, podés decir que en los clásicos hay un ambiente particular por los miedos, las presiones, pero generalmente es así. Para mí hay mucho vértigo, creen que la intensidad tiene que ver con la velocidad y las fricciones, y no es así. Intensidad es sostener un ritmo, tener dinámica. Pero están confundidos. Equivocaron poner huevos con pegar trompadas…, huevos es pedirla: dámela ahora que yo soy el que hace los goles. Acá creen que huevos es, ante la primer pelota, pum, una trompada para que la tribuna te aplauda. Eso es una p... gigante. Y todo el ambiente está contagiado de ese mensaje, que los medios también bajan.

–¿No ves una esperanza en las nuevas camadas de técnicos?

–Sí, creo que hay algunos que están tratando de cambiar la idea. Guillermo, el Muñeco, Pellegrino, Almirón de Lanús.., me voy a olvidar de algunos, seguro..., pero intuyo que están tratando de transmitir una idea más pacífica, otra cosa con respecto al fútbol y a la conducta. Pero están metidos en el paquete general… y así es difícil.

–Ante el escenario que describís, ¿las elecciones en la AFA pueden representar un cambio?

–Está todo patas para arriba... no tenemos presidente nosotros. ¿Dónde querés ir? Lo de las elecciones de diciembre pasado fue una vergüenza. Esto es así, mirá: cuando pasó lo del empate 38-38 hicimos reír a todo el mundo, una payasada. Pero nos olvidamos que hace un tiempo llevamos un Argentina-Brasil a un estadio donde se cortó la luz... Argentina-Brasil se mira hasta en el medio del desierto del Sahara, pero se suspendió y no pasó nada. ¿Por qué se suspendió? Porque se fue a un lugar que no tenía la infraestructura adecuada, pero había que ir porque un amigo del amigo... No se puede así. ¿Vos sos mi amigo? Ok, tenés que tener todo listo. ¿No lo tenés? No te doy el partido. En otra cultura es simple. Pero acá el amigo se enoja: "Dejate de romper los huevos, si apenas me falta esto y esto…" No vamos a ningún lado así… ¡No tenemos seleccionados juveniles! La AFA construyó un complejo de elite, hay pocos en el mundo, pero cada vez que paso rumbo al aeropuerto de Ezeiza está vacío, no hay nadie, no hay pibes jugando, nadie.

–¿No pensaste en ser dirigente…?

–Yo no soy loco, no tengo la fuerza para entrar solo ahí. Los argentinos protestamos, pero cuando hay que poner la cara no estamos… Y yo soy el primero, ¿eh? No voy porque no me quiero meter en el quilombo, y así piensan todos. Los argentinos somos unos cagones y yo soy el más cagón de todos. Está en nuestra cultura. Creo que en algún momento algo cambiará. Van a venir los pibes y de tanto vernos putear a los grandes dirán "basta loco. Basta, no quiero ver a mi viejo más así, vamos a hacer nosotros algo, porque sino vamos a sufrir lo que sufrieron mi viejo, mi abuelo…" ¿Vos te pensás que yo tengo ganas de ir a la AFA? Si tengo que pedir algo, ¿a quién se lo pido? Si tengo que hablar con alguien que decida, ¿a quién se lo pido? Si tengo que organizar un viaje, ¿adónde voy, con quién hablo? Es un lío. Entonces, ahí me convierto en el cagón más grande y me quedo en Reconquista mirando. Y cuando me preguntan digo "para mí esto es un desastre" y listo. No tendría que hacer esto…, porque yo debería estar empujando para estar ahí adentro… como Almeyda, Ayala, Verón, Caniggia, Maradona… Pero no quiere estar nadie, ¿o vos ves a alguno?

–¿Y por qué la indiferencia?

–Por dos motivos. El primero es éste, que nadie se quiere comprar un quilombo. Y el segundo es que a nadie les interesa que nosotros estemos ahí. Tenernos ahí, con esta cabeza, molestamos. Y terminamos así: sin selecciones juveniles, sin presidente... ¿Cuánto falta para las elecciones?

–Serán el 30 de junio.

–¡Ahora! Ahhh, no sabía… y ni hay candidatos definidos todavía…

–¿Tenés ganas de dirigir? ¿Estás dispuesto a arriesgar la estatua?

–Sí, quiero dirigir, pero acá no. Acá me llamaron de todos lados, pero no. Hay personajes como yo que fuimos un poquito mas allá… Entonces, lo único negativo que te puede pasar es que digan que no tenés capacidad, pero no van a decir que sos un pelotudo…. Estamos a salvo del maltrato. A mí me pasaría eso..., creo. Al Muñeco le está pasando, a Guillermo le pasaría igual. Si el Vasco va a la cancha, lo ovacionan más que antes. Igual, yo no querría perder ni dos partidos.

–¿Y dónde dirigirías?

–Me gustaría una liga como los Estados Unidos. Si me llaman, voy. Es un lindo lugar, reúne todas las condiciones. Estoy como cuando sos soltero: si te quedás mucho tiempo soltero, después no te casás más porque no querés que te marquen los horarios ni te digan qué tenés que hacer. Y más tiempo pasa, más delicado me pongo. En un momento hubiese agarrado cualquier cosa, ahora elijo. Veo la ciudad, estudio…. Pero la verdad es que ahora tengo ganas. Cuando dejé de jugar estaba muy estresado, estaba muy mal, vas teniendo un nombre cada vez más grande y un físico cada vez más chico. Había que mantener ese nombre y cada día tenía menos piernas. Pero ahora se me está pasando, ya hace más de 10 años que dejé…. y tengo ganas de volver.

–Crespo o Batistuta fue un debate nacional. ¿Qué hubiese ocurrido ahora: Batistuta o Agüero, Higuaín, Tevez, Dybala, Icardi?

–Mejor que haya abundancia… Igual, aquella polémica nunca existió con Hernán, la armaron afuera. Los chicos de hoy están muy bien, se portan bien estos pibes… Hay algunos que viajan y no juegan nunca, o juegan muy poco, y no dicen nada. Y mirá que en sus clubes son Gardel.

–¿Con quién te hubieses sentido más cómodo en la cancha?

–Con cualquiera, la verdad es que juegan bien todos. Son muy inteligentes, se mueven bien. El fútbol europeo te cambia la cabeza. Pero fue siempre así, nosotros también lo entendimos recién allá. En Europa el fútbol es un trabajo, no es un juego… El que quiere jugar que se quede en la casa. Yo los haría trabajar 4 o 5 horas. Acá esa mentalidad no existe. ¿Vos viste el cuerpo de los jugadores de allá cuando se sacan la camiseta para festejar un gol? Acá probablemente se entrenan más horas –menos, seguro que no–, pero allá se entrenan, comen una pasta, descansan, toman agua mineral y pasan por el gimnasio. Acá está la picada, la Cola Cola, el famoso asado… Otra cabeza. No tenés que nacer en Australia para entender que si hacés 200 abdominales y después te tomás un vaso de Coca, las 200 abdominales las tirás a la basura. No hay que ser un genio…

–¿Te hubieses imaginado que aquel gol a México, en la final de la Copa América 93, le daría a la Argentina su último título?

–Noooo, olvidate… Aparte, porque yo quería ganar algún Mundial. Es tristísimo. Fue un lindo gol por lo menos, ¿no? Esto tiene que servirnos como un baño de humildad para nosotros, los hinchas argentinos. Hace 25 años que no ganamos nada, pero ni a nivel regional. Ahora se equilibró mucho todo porque los colombianos, los ecuatorianos y los chilenos empezaron a jugar en Europa y crecieron. Pero eso pasó en los últimos 5 o 6 años, y antes tampoco ganamos nada… Entonces, paremos un poco: ¡no podés ser intendente de tu ciudad y querer ser presidente de la República! ¿Qué quiero decir? Que vamos al Mundial y todos seguimos convencidos de que hay que ganarlo. Nosotros tenemos fenómenos, OK y es verdad, pero los demás también tienen fenómenos en sus equipos.

–¿La mochila es cada vez más pesada para esta generación?

–No lo sé, hay que estar en la cabeza de ellos. Si la de Pipita en Brasil o en Chile entraba, hoy estábamos hablando de Argentina campeón. Es tan relativo. La única verdad es que hace mucho que no ganamos, pero exigimos como si ganar fuese frecuente.

pl

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