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No quieren ser ni-ni: los chicos derrotan a las estadísticas

Son los primeros con título y trabajo formal en sus familias

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LA NACION
Jueves 05 de mayo de 2016
Macarena Palladirio
Macarena Palladirio. Foto: Rodrigo Néspolo
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Las cifras son contundentes. Los condenan. Les dicen que la pobreza es un linaje que llevan y llevarán en la sangre. Son los 750.000 jóvenes llamados "ni-ni" porque ni estudian ni trabajan.

Esos que el Gobierno intenta asistir con su proyecto de ley Empleo Joven, que da beneficios fiscales a las empresas que ofrezcan "esa primera oportunidad" a chicos de entre 18 y 24 años.

Su contexto los limita. Además de tener un punto de partida desfavorable (el 40,4% de los niños reside en hogares pobres), las proyecciones son igual de desalentadoras: según datos del Observatorio de la Deuda Social Argentina, en relación con pares del estrato medio alto, los adolescentes de entre 13 y 17 años del nivel más bajo tienen 3,5 veces más chances de estar rezagados en educación.

Pero cuando las organizaciones sociales, el Estado y las empresas les dan oportunidades, ellos consiguen ser los primeros de sus familias que tienen un título universitario y un empleo formal. Es el caso de Alejandro Some, de Mataderos, que estudia Ingeniería Electromecánica. O el de Macarena Palladirio, de Pilar, que cursa Trabajo Social en Luján y trabaja en un call center. C

¿Cómo hacer entonces para que estos adolescentes -con infancias de hambre y barro- puedan revertir esta situación y ganarles a las estadísticas?

"El gran secreto es darles oportunidades para que puedan elegir su camino, es contribuir desde el Estado y la sociedad civil en la educación, la formación del trabajo y la libertad. Porque el no tener oportunidades te hace muy resentido", dice "Toty" Flores, dirigente social, ex legislador y fundador de la Cooperativa La Juanita, en La Matanza.

En ese barrio, La Juanita puso en marcha una escuela y diferentes emprendimientos productivos que buscan precisamente eso: dar trabajo y esperanza a los vecinos.

"Es esencial que los chicos reciban una educación de calidad porque hasta para ser albañiles tienen que saber bien matemáticas. Creo que hay posibilidades y que no existe una desesperanza absoluta ni un quiebre", agrega Flores.

Para este líder social, las nuevas tecnologías son un rubro atractivo para motivar a jóvenes que ya vieron fracasar a sus padres en oficios más tradicionales, como la albañilería. "Los trabajos ligados con la informática los motiva mucho y genera que pibes que estaban cercanos a nosotros, con problemas de adicciones o delitos, terminen encontrando una vía por donde canalizar sus energías. Es que la perspectiva laboral que se les ofrece tiene que ser lo suficientemente motivadora como para competir con la oferta del delito. Son chicos muy fuertes, que aprendieron a sobrevivir en sus barrios. Si toda su creatividad la ponen al servicio de un buen trabajo, pueden mostrar todo su potencial", concluye.

Romper con la pobreza

José Luis Rodríguez
José Luis Rodríguez. Foto: Soledad Aznarez

En el panorama actual de inflación y desempleo, los jóvenes de contextos vulnerables son los que tienen menos posibilidades de conseguir su primer trabajo y romper con el círculo de pobreza que los asfixia.

Según datos del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), el 17,6% de los jóvenes de hasta 24 años está de-sempleado, contra una tasa de desocupación de la población económicamente activa de 6,9%.

Por su parte, el 59,8% de los jóvenes trabaja en la economía informal, mientras que el porcentaje de población económicamente activa que participa en la economía informal es de 34,3%.

"Educación y trabajo son dos pilares, no sólo de inclusión y ascenso social en términos económicos, sino del desarrollo humano integral de cada persona. Es importante que estas oportunidades vayan de la mano. Que los jóvenes puedan formarse y notar que esa formación es transformadora de su entorno", sostiene Gabriela Cicalese, vicedirectora de Cáritas, una organización en permanente contacto con las necesidades de los más excluidos.

Para Cicalese, es importante trabajar en estos contextos desde una perspectiva integral y comunitaria. Por ejemplo, en los proyectos educativos, los mismos chicos que han vuelto al sistema educativo formal son los tutores de sus pares que pretenden retomar los estudios.

Alejandro Some
Alejandro Some. Foto: Emiliano Lasalvia

"La creatividad de los jóvenes es tan floreciente que a veces basta una simple oportunidad para que eso aparezca. Y se ve todos los días y en distintos aspectos: cuando crecen artísticamente, cuando se organizan o cuando vuelcan algunas capacidades a sus grupos de pertenencia", agrega la especialista.

En relación con qué se está haciendo desde el Estado para beneficiar a este grupo, afirma: "Hay políticas públicas que son un faro en esta línea de la formación para el trabajo, el primer empleo, la proyección de microemprendimientos, potenciar la creatividad personal y, sobre todo, social. La auténtica política pública debiera apuntar al analfabetismo 0, la baja en la deserción escolar en todos sus niveles y el pleno empleo. Hay una cantidad de planes y programas que garantizan, al menos, una red de contención para lo más urgente".

Cómo colaborar

Cooperativa La Juanita

lajuanita.org

Cáritas

www.caritas.org.ar

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