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Una pareja recorre el mundo en combi hace 3 años y cumplió su sueño: llegar a Alaska

Paul y Erika se conocen desde los 11 años y hace 3 decidieron emprender un viaje que les cambió la vida: unieron la Argentina con Alaska

Viernes 06 de mayo de 2016 • 00:10
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PARA LA NACION
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Erika y Paul cumplieron su sueño: están viajando en combi desde hace 3 años para llegar a Alaska y, finalmente, lo lograron
Erika y Paul cumplieron su sueño: están viajando en combi desde hace 3 años para llegar a Alaska y, finalmente, lo lograron. Foto: Erika y Paul

Parece una historia salida de una novela romántica, pero es tan real como sus protagonistas. Paul, Erika y Aurora son una familia con algo distinto para contar. Un cuento, una aventura, un mundo de anécdotas que sólo ellos tres conocen. Unir la Argentina con Alaska en combi es la premisa de este viaje que emprendieron hace ya tres años y del que hoy pueden hablar orgullosos. Están en Alaska, aquel lugar que tanto anhelaron desde que las páginas de un libro definieron su destino.

Se vieron por primera vez a los 11 años, cuando cursaban juntos el séptimo grado de la escuela Francesco Faa Di Bruno, ubicada en el barrio porteño de Palermo. Compartieron banco, risas cómplices y miles de travesuras como cualquier par de amigos en sus primeros años de adolescencia. No eran novios, aunque Erika admite, entre risas, que a los 13 años lo intentaron y duraron dos horas y Paul "rebotó" dos veces antes de que ella se animara a decirle que ya no lo veía como un amigo. Salieron durante un tiempo y a los 19 años se fueron a vivir juntos. Sabían bien lo que querían y eso era (y es) recorrer la vida de la mano.

¿Cómo llegó esta pareja de 29 años a comprar una combi, dejar todo y viajar por el mundo?

En una llamada por Skype, Erika y Paul hablan desde Alaska, el lugar al que apuntaron desde que empezaron a soñar con este viaje que se inició en agosto de 2013. Se los nota entusiasmados, pero por sobre todo, enamorados de su historia. No es una ciencia darse cuenta. Ninguna respuesta termina sin que el otro la complete y ninguna mirada cómplice termina sin una caricia en el pelo o en la cara del otro. "Cuando estábamos en el colegio hablábamos de que cuando termináramos queríamos ir a recorrer el mundo con una mochila -dice Paul-. Al final terminamos e hicimos lo que hace todo el mundo: estudiar y conseguir un trabajo". Cuenta que casualmente, en 2012, se quedaron sin trabajo al mismo tiempo y ese fue el detonante de una idea que se venía gestando desde hacía tiempo.

Un libro fue el que terminó por convencer a la pareja: "Paul estaba leyendo un libro, Atrapa tus sueños, de Herman Zapp; él es argentino y se fueron con su pareja en un auto rumbo a Alaska", relata Erika y dice que desde ese momento "le volvió la vida al cuerpo". Fue entonces que le propuso emprender el mismo viaje con una combi. El encuentro con los Zapp en su paso por la Argentina los motivó aún más y ya no había vuelta atrás.

La segunda historia de amor viene de la mano de Aurora, la combi que los acompaña en este periplo. Hablan del vehículo como si fuera una persona: "Fue amor a primera vista", dicen casi al unísono. Cuando comenzaron a buscarla no se la imaginaban, hasta que se encontraron con un mecánico que les presentó a esta camioneta olvidada debajo de un ombú durante 15 años, oriunda de Neuquén, con el motor fundido y la pintura desgastada. La compraron en el momento, la restauraron y la llamaron 'Aurora'. "Le pusimos así por las auroras boreales. En inglés significa eso y es la que se ve en Alaska y, en español, es la luz del amanecer antes de que salga el sol", aclaran. No es casualidad que hayan elegido el color amarillo para embellecerla: "Nosotros sentimos que llevamos un poco de luz a todos lados y que contagiamos a la gente".

Erika, Paul y Aurora son inseparables. En la parte trasera, pegaron un sticker con la bandera de cada país que visitaron
Erika, Paul y Aurora son inseparables. En la parte trasera, pegaron un sticker con la bandera de cada país que visitaron. Foto: Erika y Paul

La aventura en cuatro ruedas

Noviembre de 2012 fue la fecha en la que decidieron lo que querían hacer y tardaron 6 meses en salir. Vendieron su auto, juntaron todos sus ahorros y, a pesar de que la familia en un principio no los apoyaba, decidieron hacer una prueba y se fueron a Uruguay un mes para "aclimatarse". El viaje fue un éxito y cuando volvieron decidieron que era el momento indicado para iniciar la aventura: desde entonces, dejaron su huella en 290 ciudades de varios países, entre los que se encuentran la Argentina, Chile, Perú, Bolivia, Colombia, México, Ecuador y otros países de Centroamérica, hasta que llegaron a Estados Unidos, de ahí a Canadá y finalmente a Alaska, donde están actualmente.

Destacan, en todo momento, la hospitalidad de las personas: "Si bien estuvimos en zonas muy calientes de guerrilla y pueblos muy humildes, nunca nos pasó nada. La moraleja es que aprendimos a no prejuzgar a nadie en ningún lugar y que en todos lados casi toda la gente es buena y quiere ayudar". De hecho, Paul y Erika registran su viaje a través de las redes sociales y no tardaron en llegar los mensajes de familias que los invitaron a quedarse en sus casas. La mitad de las noches durmieron en Aurora, que tiene un asiento que se reclina y se hace cama y, la otra mitad, en casas de familia.

El mapa de viaje de la pareja, en detalle
El mapa de viaje de la pareja, en detalle.

-¿Tuvieron momentos de crisis?

- Sí. Sobre todo al principio. Una vez nos quedamos varados en un salar del norte argentino en el medio de la nada y vimos que a lo lejos había un ranchito. Fueron 3 horas de caminata, era de noche, no teníamos abrigo ni linternas y mientras caminaba por ahí sentía que Erika estaba ofuscada y se le piantaba una lágrima. Me sentí muy mal y me replanteé por qué estábamos haciendo esta locura. Pero después de eso, conseguimos ayuda enseguida y solucionamos el problema.

No se puede imaginar un viaje de tal magnitud sin algún obstáculo en el camino, pero ellos siempre mantuvieron el optimismo y el humor como bandera: "El otro día en la autopista de Alaska estábamos en una parte que es desolada, no pasa casi ningún auto y hasta podés manejar 10 horas sin ver a otro auto -cuenta Paul, evadiendo las carcajadas que se asoman-. Quise hacer una vuelta en U en el medio de la ruta y nos de repente vimos sirena y luces. Era la policía. Nos paró a un costado, se bajó del auto y se venía riendo. Nos preguntó dónde íbamos y nosotros estábamos tentados porque era bizarro al extremo, entonces el policía, que era canadiense, se estalló de la risa y nos dijo en inglés que si íbamos a hacer una vuelta en U miráramos para atrás y, sobretodo, que no haya un patrullero. ¿Cuáles eran las chances de que hubiera un policía ahí?".

Lograron el objetivo que se propusieron. Pero el camino no termina ahí. En unos días partirán rumbo al norte, a un pueblo con orillas al mar ártico y luego vivirán un año y medio entre Estados Unidos y Canadá, donde van a trabajar para pagar los tickets de avión de regreso y, por supuesto, la vuelta de Aurora en barco, que los acompañará hasta el final de su travesía.

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