Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Un periplo desbordante

Sobre Avenida de los misterios, de John Irving

Domingo 08 de mayo de 2016
SEGUIR
PARA LA NACION
0

John Irving no escribe novelas. No hay artefacto, es decir, no hay truco que esté ahí molestando, metiéndose en los vericuetos de la narración, falseándola. No hay soberbia en un narrador como él, salvo que se la confunda con ambición y entonces pretenda echársele en cara el tiempo que demanda leer cada vez esos ejemplares voluminosos que de sostenerse en una sola mano provocarían una segura tendinitis. Irving es, a la antigua, un contador de historias, pero alguien que cuando encuentra una se mete de lleno en ella, sin medir las consecuencias. Lo paradójico es que, lejos de tratarse de un fundamentalista de la improvisación, el oriundo de Exeter es de aquellos que planifican cada paso, de esos que prefieren llevar al extremo la premisa hemingwayana de saber y después contar: "Como narrador siempre he creído y me he preocupado por tener bien armado el esqueleto, el plan de ruta, el mapa narrativo que, por lo general, me toma unos dos o tres años trazar en su totalidad. Trato de retrasar el acto de la escritura el mayor tiempo posible, ir aumentando la presión poco a poco, hasta que un buen día arranco y ya lo sé todo o, al menos, siento que así es: escribir conociendo todo lo que les sucederá a tus personajes es entonces algo muy parecido a leer", decía algunos años atrás, agregando que en adelante "sólo" le quedaba preocuparse por el lenguaje y el estilo.

Acaso ese modo de proceder, o ese convencimiento, resulte esencial para la fluidez y al mismo tiempo la desmesura con que Irving deja correr sus historias. Tal como podría señalar un profeta de la autoayuda, quien sabe adónde se dirige puede extraviarse en el camino con tranquilidad. Irving prefiere perderse, más bien navegar con frecuencia lejos de la nave madre, sin olvidar jamás que pertenece a ella. Avenida de los misterios -su última aventura- es entonces otra novela excesiva, como lo es casi por definición casi cualquier texto de más de cuatrocientas páginas -por fijar un número relativo-, pero es precisamente en sus excesos donde encuentra su mejor forma, en la posibilidad de que la experiencia de lectura resulte agotadora, definitiva. Lo que Irving narra es, siempre, una épica, y la épica necesita tiempo, necesita desarrollarse y crecer, lograr que la realidad del lector quede tomada, absorbida por la realidad de sus personajes. El autor de El mundo según Garp y Oración por Owen asume todos sus riesgos, incluso el de aburrir. Y de vez en cuando aburre un poco, sin culpas, consciente de que no hay mayor implicación en la lectura que la de transitar lo que el propio protagonista está viviendo.

El protagonista de Avenida de los Misterios es un escritor mexicano-estadounidense llamado Juan Diego, un hombre ya maduro cuya vida está tan repleta de peripecias que apenas puede ser contenida en una novela de John Irving. En verdad, el período clave de su vida -¿de toda vida?, ¿de todas las novelas de Irving?- es la infancia, allá donde era uno de los "niños de la basura", un empedernido y autodidacta lector bilingüe cuya biblioteca estaba hecha de lo que los otros descartaban. Juan Diego tiene una infancia pobre, pero a pesar de eso, a pesar de una madre cariñosa pero bastante difusa o esquiva, no le faltan protectores, entre ellos algo así como un padre adoptivo que acaso sea el real, un par de curas jesuitas y un seminarista que abandona la carrera por una prostituta travesti. Allá en la infancia están el momento y la persona claves en su vida: el primero, un accidente que lo deja rengo; la segunda, su particularísima hermana, a quien sólo él entiende, y que puede leer la mente y el pasado de algunos, "aunque no siempre acierta con el futuro". Juan Diego revisa ese pasado desde un presente plagado de ausencias, entre otras la del norteamericano a quien hizo una promesa -otro desprendimiento de la infancia- y que es la causa del grotesco viaje a Filipinas en el que se ha embarcado. Ese viaje es todos los viajes de su vida, y el desafío central de la novela es ver hasta dónde es posible vérselas con el pasado y salir medianamente ileso. Irving atraviesa ese periplo con maestría, y su triunfo rotundo no es sólo el de un libro sino también el de toda una literatura: esa que le exige al lector que deje todo, y todavía más.

AVENIDA DE LOS MISTERIOS

Por John Irving

Tusquets

Trad.: Carlos Milla Soler

637 páginas

$ 399

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas