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Tomás Saraceno "La diversidad nos va a permitir sobrevivir; cuantas más formas de arte, mejor"

Días antes de viajar a Buenos Aires, donde presentará esta semana en arteBA obras inspiradas en arañas y ciudades flotantes, el artista tucumano radicado en Berlín compartió sus investigaciones recientes

Obra de Tomás Saraceno que presentará la galería Esther Schipper en arteBA
Obra de Tomás Saraceno que presentará la galería Esther Schipper en arteBA.
Domingo 15 de mayo de 2016
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PARA LA NACION
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BERLÍN.- El sol todavía pálido de la primavera berlinesa se cuela en la galería Esther Schipper. Tomás Saraceno (Tucumán, 1973) me recibe sonriente con un vigoroso apretón de manos y, antes de que pueda preguntarle por su participación esta semana en arteBA, me invita a acompañarlo y desaparece tras unas cortinas.

Llegamos a una sala oscura, donde un poco de luz deja ver una araña viva suspendida en su telaraña, puntos blancos se sacuden en una pantalla negra y un ruido irregular vibra en el aire. Saraceno observa orgulloso el conjunto y lo describe con el entusiasmo propio del niño o del científico. "Es una especie de diálogo. La telaraña y la araña tratan de hacer un concierto junto con el polvo que se mueve en el aire y que, escaneado y amplificado en la pantalla, envía vibraciones a la telaraña. También nosotros, al entrar en el cuarto, producimos turbulencias que llegan a la tela."

Tomás Saraceno
Tomás Saraceno. Foto: Pablo Sanguinetti

Una turista española lo mira maravillada. "Me quiero casar contigo", le dice. Los tres reímos. El sonido alcanza la telaraña, que emite una vibración, que es amplificada por el altavoz, que remueve el polvo suspendido, que al agitarse emite otra vibración, que se reencuentra con las risas que aún suenan en el aire. Ahora todos formamos parte de la red tejida por Saraceno. Es el particular cruce de miradas que convierte al arquitecto tucumano afincado en Berlín en uno de los nombres con mayor proyección internacional del arte argentino contemporáneo.

A caballo entre la arquitectura, la ciencia ficción, la biología, la exploración espacial y la astrofísica, Saraceno se deleita con la "música" de los arácnidos, reflexiona sobre la ciudad sustentable con sus Cloud Cities (Ciudades nube, burbujas interconectadas y flotantes), descubre el polvo como espejo de las estrellas, inventa sistemas para cartografiar las telarañas y colabora con agencias espaciales como la NASA para hacer volar esculturas itinerantes. Su obra interesa por igual en la Bienal de Venecia y en la cumbre del clima COP21.

El universo, fuente de inspiración para Saraceno
El universo, fuente de inspiración para Saraceno. Foto: ESO/EFE

¿Cuándo descubriste el interés por las arañas?

Creo que me encantan las telarañas porque soy arquitecto. También hay muchos astrofísicos que describen las telarañas como el origen del universo, sugieren que tienen una morfología parecida. Cuando te mantenés observando eso, empezás a descubrir que todo está dentro de todo. Después de tantos años, sigo descubriendo facetas que antes no percibía. En el caso de la instalación que acabamos de ver, se trata de expandir la percepción sensorial: los humanos percibimos sólo un determinado espectro de colores o sonidos, estamos como atrapados dentro de un mundo que pensamos que es el único. Pero existe una diversidad de cosmovisiones que están construidas alrededor de los sentidos que cada animal tiene. Me gusta pensarlo como un concierto: una forma de construir algo juntos que va más allá de lo humano.

¿Llevarás este tipo de trabajos a arteBA?

A arteBA llevamos algunas de esas telas en las que experimentamos con encuentros entre dos tipos de arañas que tienen grados de sociabilidad distinta. Es un experimento para ver en qué medida una especie puede reutilizar y adaptar su sociabilidad a una estructura preexistente.

Es una idea sorprendente hacer arte con algo que a mucha gente le genera miedo o asco...

Algo que nunca quisiste tener en tu casa se transforma en una puesta en escena. El polvo que respiramos todos los días pasa a ser observado cuando lo iluminás. La araña se transforma en una obra de arte. Se trata de cambiar esa percepción. Es una sensibilización hacia otras especies que viven con nosotros.

¿Es verdad que en tu casa tenés un laboratorio con arañas?

Así es. Según la estación del año llegamos a tener cerca de 300 arañas vivas, algunas de las cuales se reproducen. Colaboramos con mucha gente: con el Museo de Ciencias Naturales de Berlín, con el Museo de Fráncfort. Muchos aracnólogos de todo el mundo, interesados por los experimentos que hacemos, nos mandan arañas.

Pero habrá muchas colecciones de arañas en todo el mundo...

Lo que no existe es una colección de telarañas. La gente se obsesionó con la parte que no es la tela: ponen la araña en formol y de eso sí hay muchas colecciones. Yo me especializo en telas más complejas, las tridimensionales, que son difíciles de observar, fotografiar, digitalizar. No existía hasta ahora un escáner que pudiera medir todos los segmentos de una tela bien compleja y todos los puntos y nodos en el espacio. Es muy difícil porque la tela es muy finita. Desarrollé junto con otras universidades un método para hacer esta digitalización y ahora lo está mejorando el MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts).

Esto es una constante en tu trabajo: un proyecto estético y experimental que termina cobrando relevancia científica.

Creo que son proyectos que ponen en crisis los límites del mundo natural e invitan a despertar sentidos para reconstruir esas relaciones entre la arquitectura, la percepción, quién vive en quién, cómo están interrelacionados, etc. ¿La telaraña es parte del animal? ¿Esa arquitectura que construye es parte intrínseca de su cuerpo? También tratamos de pensar que la telaraña puede ser una especie de instrumento musical y amplificamos sus vibraciones para pensar si ellas sienten algún tipo de alegría o juego al tejer: algo más que la telaraña como instrumento para cazar mosquitos o parte de un ritual de seducción.

A la inversa, encontrás inspiración estética en ideas científicas.

Esta mañana descubrí que el polvo está lleno de ácaros... ¡Que son de la misma familia que las arañas! Cada vez que te concentrás en algo, ves que está todo relacionado. Yo lo veía en las estrellas. Vengo de Bolivia de hacer una película en el Salar de Uyuni; me pasé un mes y medio mirando nubes galácticas y cósmicas. Entonces ahora en el polvo veo también estrellas.

El aire es otro nodo importante en esa red de conceptos relacionados con los que trabajás. ¿Qué se podrá ver de esto en arteBA?

Llevamos una o dos de mis Cloud Cities. Esas burbujas unidas tienen que ver para mí con una especie de polvo que está en el aire y de algún modo se autoorganiza. También se refieren a la idea de flotar, de cambiar la perspectiva. Estamos como en un barco a vela, flotando en un planeta que tiene determinados recursos, a una determinada velocidad, con una determinada dinámica... Y dentro de un ecosistema al que no le hemos prestado mucha atención. La idea es provocar esa reflexión. Batimos así un récord al conseguir por primera vez que una persona se elevara en el aire con un globo calentado por el sol en larga distancia de tiempo sin necesidad de quemar combustible fósil.

Otra vez, un proyecto artístico con relevancia científica...

Estoy trabajando con la Agencia Espacial Francesa, que es la única que probó esas energías alternativas en los años 70; lograron dar la vuelta al mundo con eso. Además, tengo unas esculturas aéreas que parecen burbujas, semimetalizadas, semitransparentes y muy livianitas, que también se calientan con el sol. En el departamento de Ciencias Planetarias y Atmosféricas del MIT me están ayudando a predecir cuáles son las trayectorias que estas esculturas pueden alcanzar sin quemar hidrocarburos. Especulamos que pueden volar hasta tres años sin estar en órbita, siempre con la velocidad de los vientos y la termodinámica. Me encanta pensar sobre las coreografías que estas esculturas pueden trazar y, tal vez, inspirar a otra gente a desprenderse de esa adicción a quemar hidrocarburos. Y me gusta la idea de un ballet. Por eso las partículas de polvo flotando. Últimamente estoy obsesionado con estos movimientos de aire.

También colaboraste con la NASA. ¿Qué hiciste con ellos?

Estuve en el programa Universidad Internacional del Espacio. Después de un mes y medio, me llamaban "el señor de los globos". Intenté convencerlos de que se puede llegar al espacio sin quemar hidrocarburos.

¿Este cruce de disciplinas tan heterogéneas es un rasgo general del arte contemporáneo?

No lo sé... Tengo amigos que trabajan en estos campos, pero no me gusta homogeneizar. La diversidad es lo que nos va a permitir sobrevivir, así que cuantas más formas de arte, mejor.

Además de las obras con telarañas y de las Cloud Cities, ¿exhibirás algo más en Buenos Aires?

Estamos planeando alguna exposición en la Argentina, pero no puedo decir cuándo, dónde y cómo. La idea es trabajar con el Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, donde tengo amigos aracnólogos. Queremos ir a estudiar unas especies de arañas sociales en el norte de la Argentina. Estaría bueno ver qué podemos armar luego junto con las arañas.

Naciste en Tucumán. ¿Cómo fue la trayectoria hasta ocupar un lugar tan relevante en el panorama mundial del arte?

De Tucumán tengo poco. Cuando tenía un año, mi familia se exilió en Italia durante la dictadura, porque mi viejo era italiano. En 1983 regresó la democracia y ellos decidieron volver en 1986. Yo tenía 13 años. "¿Volvemos? ¿Adónde ?volvemos'?", pensé. Por eso cuando me preguntan de dónde soy, yo digo "del planeta Tierra". ¡Punto! Y por eso tal vez me invento estas ciudades volando, porque la idea de "volver" es una cosa problemática para mí. Por ahí tenemos que inventarnos un nuevo tipo de territorialidad o de pertenencia. Luego, al estudiar arquitectura en Buenos Aires, los profesores tenían ya una sensibilidad hacia el arte, y las historias que más me interesaban tenían que ver con eso. Estudiaba con Ciro Najle, Claudio Vekstein, Martín Olavarrieta. Claudio me dijo: "¿Por qué no te vas a Alemania a estudiar a la Städelschule de Fráncfort?" Ahí, de a poquito, me fui enganchando más con la gente conectada con el mundo del arte.

También te influenció el encuentro con Gyula Kosice...

¡Sí! El arquitecto Sergio Forster me había invitado a dar una clase de teoría de la arquitectura en la UBA y ahí Federico Prat me enganchó con Gyula Kosice. Fui a verlo al taller y me encantó. Lo invité a la UBA a dar una clase y a hablar de sus ciudades hidroespaciales. Después me vine a Europa y estaba el proyecto Utopian Station; les dije que tenían que conocer a Gyula y logré invitarlo a un grupo de exposiciones. Le tengo mucho respeto y estoy tratando de que el mundo lo conozca. Es un artista genial.

¿Por qué elegiste quedarte en Berlín? ¿Qué tiene esta ciudad?

Tampoco sé si estoy acá. Viajo bastante. Hablo muy mal el alemán; todo el mundo habla inglés. Es una ciudad muy abierta, los alquileres no son muy caros y moverse es muy fácil. Hay muchos artistas, mucha vida. Algunas cosas las sufro más, pero cuando hace frío y es Año Nuevo, me voy a la Argentina.

¿Cómo se percibe el arte argentino desde afuera? ¿Qué proyección y qué peso tiene a nivel internacional?

No lo sé. Hay varios artistas que están trabajando bastante bien. Están Amalia Pica y Adrián Villar Rojas, que hizo la Bienal de Venecia. León Ferrari ganó el León de Oro en la Bienal, expuso en el MoMA... Creo que hay bastante presencia y estaría buenísimo que pudiéramos tener más. Me parece importante que el gobierno invierta más o se tome más en serio lo que el arte puede construir. En los últimos años en la Argentina yo hacía tres trabajos a la vez: encuestas en la calle, entrevistas... En este sentido, Alemania es más generosa. Hay becas, residencias... Mantienen una infraestructura que te permite dedicarte a otra cosa.

¿Sentís que no podrías haber desarrollado tu trabajo si te hubieses quedado en la Argentina?

Tampoco lo podría haber desarrollado si no viniera de la Argentina. Siempre tengo esa sensación de urgencia, de no saber qué pasa mañana. La tenemos con nuestro gobierno, con la política, con todo. Acá la gente tiene otra sensación, está muy tranquila. En la Argentina tenemos esa flexibilidad que está bueno ejercitar para no quedarse mucho en el establishment.

¿Cuál es el germen de tus ideas, a caballo entre la ciencia y el arte?

Mi mamá es bióloga; mi hermana también estudió biología. Mi tío es físico, mi hermano también. Mi viejo, ingeniero agrónomo. Debe haber genes que me han determinado. El otro día sacaron cuatro páginas con mi trabajo en Nature Physics, la revista más importante de ciencia. Mi tío me dijo: "Ni yo saqué esto, ¡desgraciado!"

¿POR QUÉ LO ENTREVISTAMOS?

Porque es uno de los artistas argentinos contemporáneos con mayor proyección internacional y vendrá a arteBA

BIOGRAFÍA

Tomás Saraceno nació en Tucumán en 1973. Pasó la mayor parte de su infancia en Italia y en 1986 regresó a Buenos Aires, donde se formó como arquitecto en la UBA. Actualmente reside en Berlín. Fue invitado a la 27» Bienal de San Pablo y a la 53» Bienal de Venecia. Sus trabajos incluyen colaboraciones con la NASA y el MIT.LA FOTO. "Si tuviera que mencionar algo que me inspira, sería el universo. O los multiversos, no hay que ponerlo en singular."

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