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¿Qué cambió en 25 años?

Jueves 19 de mayo de 2016
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Basta con recorrer la edición 25° de arteBA para entender cuánto cambiaron las cosas en este cuarto de siglo. Dentro y fuera del feria, el escenario es otro. Se mantiene firme el espíritu entusiasta de los organizadores, que más allá de las individualidades logró formar un equipo sin fisuras, algo que puede calificarse de milagro con tanto ego dando vueltas.

La continuidad hizo posible ajustar los engranajes, levantar el listón de la selección, plantear metas claras y acortar la distancia que nos separa del mundo. La lejana Buenos Aires es hoy uno de los destinos elegidos por coleccionistas y curadores por su oferta cultural excepcional, por la multiplicación de foros académicos y, especialmente, por la existencia de una cantera de artistas fuera de serie en todo el país. Las becas, clínicas, proyectos mixtos y el intercambio informal terminaron derribando esa barrera mental que era la General Paz. Y en este triunfo federal arteBA jugó un papel fundamental con el programa de matching funds y la apertura del Barrio Joven a galerías del interior.

En 1991, Buenos Aires no tenía ni feria ni bienal. Tampoco estaban Proa, el Malba, el nuevo Moderno, el Macba, la colección Fortabat, la Usina del Arte, Muntref, el Hotel de Inmigrantes, el CCK y el collar de carreras académicas de grado y posgrado que supieron actualizar una currícula a tono con la demanda. Tampoco existían el Museo de Neuquén, el Rawson de San Juan, los nuevos museos de Salta, el virtuoso contrapunto creado entre el Caraffa y el ex Palacio Ferreyra, en Córdoba; el Macro de Rosario y el MAR, de Mar del Plata.

Lo que va del patio del tilo del Centro Cultural Recoleta a los pabellones palermitanos de La Rural es mucho más que un recorrido por la geografía urbana. Esta edición "de plata" refleja el cambio de continente y contenido; la capacidad para asimilar con rápidos reflejos lo que era tendencia en el mundo. El arte conquistaba nuevos públicos y el artista, un nuevo lugar. Un espacio de mayor visibilidad, inaugurado por Andy Warhol, por el que ha transitado con éxito Marta Minujín y que hoy cultiva el millonario Jeff Koons. Más allá de estilos y humores, los artistas ampliaron su radio de acción hacia espacios que exceden con creces el ámbito académico, en un ejercicio cómplice con compradores y coleccionistas. Pero si hubiera que tomar un solo dato para entender el cambio de paisaje sería la voluntad de arteBA por ser una feria contemporánea y continental, capaz de hacer de la periferia un centro durante una semana sin tregua. Apostar por lo nuevo fue clave, también, para actualizar la mirada (y el gusto) de una sociedad todavía aferrada a expresiones conservadoras de cuño europeo. Nada estimula más el disfrute del arte que la frecuentación. En estos 25 años, galeristas y curadores acercaron y difundieron el arte conceptual, las instalaciones, el site specific, los videos y la performance. ArteBA abrió las puertas a manifestaciones audaces que nunca habían tenido vidriera propia, al tiempo que se profesionalizó.

Queda pendiente el mercado anémico. Todo indica que la edición de "plata" viene con premio. Va el botón de muestra: ayer al mediodía, la primera dama Juliana Awada, callada y certera, incorporó nuevas obras para su colección personal. Los puntos rojos en una feria... siempre son una buena noticia.

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