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"En Buenos Aires se consume exageradamente y se tiran muchas cosas. Hay que producir y consumir menos"

Lo dice Dana Giesecke, socióloga alemana y directora académica de Futurzwei, fundación que desarrolla modelos de sociedades sustentables

Jueves 19 de mayo de 2016 • 18:14
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Aunque esta fue su primera visita a nuestro país, Dana Giesecke percibió en sólo unas horas que se consume mucho en nuestra ciudad. "Tanto en Buenos Aires como en el resto de las capitales de países europeos o de América del norte se consume exageradamente; tiran muchas cosas para poder volver a comprar algo nuevo. Pero el mundo debe darse cuenta que es necesario producir menos y de consumir menos, porque los recursos son finitos. Hay que utilizar mejor lo que se ha producido, reparar lo que se rompe, compartir, reciclar y volver a utilizarlo", detalla.

Y Giesecke sabe muy bien de lo que habla, convocada para participar de la conferencia Comunes -una iniciativa del Goethe-Institut junto a Minka, El plan C y Cultura Senda, en la que también participó Neal Gorenflo, un experto en economía colaborativa- esta socióloga es directora de la academia alemana Futurzwei, que recolecta y conecta historias modelo de personas que imaginan un futuro sustentable y trabajan para hacerlo posible.

Ella nació en Berlín y estudió sociología, arte y ciencias de la comunicación. "Nací en Berlín del Este, por ese entonces un territorio que inicialmente quedó bajo administración de la Unión Soviética y que luego pasó a ser capital de la República Democrática Alemana (RDA)-aclara y continúa- Eso me trajo ciertas ventajas, porque conozco bien tanto el sistema oriental como el occidental, dado que tenía 16 años cuando cayó el Muro". Es que cuando era niña Giesecke vivió una economía de la escasez y luego de la caída del muro de Berlín conoció la "economía de la abundancia", según ella.

-¿Cómo nació la fundación que dirige?

-En 2007, mientras se descubría que el cambio climático no era sólo un fenómeno relativo a las ciencias naturales, sino que también iba a tener implicancias sociológicas y económicas, se funda el proyecto Futurzwei (futuro perfecto, en alemán) y se empieza a comprender que es necesario fortalecer mucho más a la sociedad civil, que ya estaba buscando cómo solucionar el tema del cambio climático.

-Justamente, tomando como nombre Futurzwei, ¿cuál sería, según usted, el futuro perfecto?

-Es muy complejo. Ese futuro perfecto nos transporta hacia un futuro imaginario y después, a partir de ahí, nos hace realizar el recorrido inverso, hacia al presente. La pregunta es ¿qué habría querido ser yo? ¿Quiero haber querido ser yo misma y frente a mis hijos, esa persona? ¿Quiero ser una persona que consumió los recursos excesivamente?

-Son interrogantes que nos llevan a tomar conciencia.

-Sí, pero con la conciencia sola no basta. Hay que implementar diferentes formas de consumir y producir, y hay una palabra que lo abarca todo: menos. Al mismo tiempo, se debe producir a nivel local. Creo que para esta región, por ejemplo, pueden ser interesantes las cooperativas eléctricas o de consumo energético, pero también las cooperativas de consumidores. Hay que volver a los circuitos locales, regionales, que sean autónomos de la producción global.

-¿Cómo hacer para hacer una ciudad sea más sustentable?

-Creo que el primer aspecto importante es el tiempo del futuro perfecto. El segundo aspecto es asumir responsabilidad por nuestros propios actos, lo cual no siempre es posible, porque muchas cosas en nuestra vida, tan complejizada, no son visibles y no sabemos qué hay detrás. Por ejemplo, no sé en qué condiciones se realizó la remera que llevo puesta. Si se ha explotado a personas para fabricarla o si han hecho trabajar a niños.

No obstante, uno puede preguntarse a sí mismo cómo cambiar la realidad o cómo construir el futuro. No hay que echarles la culpa a los demás, si no también decirse a uno mismo qué cosas puedo cambiar, y hacer algo que nos permita avanzar, aunque esté dando pequeños pasos.

-Según su visión, entonces, ¿cómo serán las ciudades del futuro?

-No soy futuróloga, pero tengo la imagen de una ciudad que yo desearía que sea. Y podría hablar sobre esta ciudad. Pero quiero dar un ejemplo. En Berlín se realiza, una vez por año, el "parking day", es decir, el "día del estacionamiento". Este día los ciudadanos ocupan los estacionamientos y en lugar de haber autos las personas muestran que pueden hacer con esos espacios. Ponen reposeras, venden gaseosas y arman piletas plásticas para que los chicos jueguen. Eso haría desaparecer uno de los grandes problemas de los centros urbanos, que es el ruido y los vehículos.

Para mí una ciudad vivible sería una ciudad en la que, al menos el centro estuviera libre del tránsito vehicular. Lo digo porque esas cajas metálicas, que son los autos, obstaculizan la vista de las calles y las fachadas de las casas y edificios.

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