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Colas en el Correo: comprar es rápido, retirar es eterno

Pese a los anuncios oficiales, el trámite puede tomar varias horas

Miércoles 25 de mayo de 2016
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LA NACION
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La sala de espera del Correo en la sede de Retiro; la cola que sale de allí lleva varias decenas de metros
La sala de espera del Correo en la sede de Retiro; la cola que sale de allí lleva varias decenas de metros. Foto: Alfredo Sánchez

La espera no termina nunca. Pese a los anuncios de comienzos de marzo, que planteaban el regreso del comercio "puerta a puerta", la sede del Correo Argentino en Retiro es escenario, día tras día, de largas y extenuantes colas de personas que deben retirar una compra o un envío de un familiar o amigo desde el exterior.

Entre las 9 y las 16, cada día el playón de ingreso al edificio de Antártida Argentina 1900 muestra, como una postal, una fila que parece no moverse nunca. En la vereda, mientras tanto, los vendedores de sándwiches (entre $ 25 y $ 27) y gaseosas ($ 20) están listos desde temprano para capitalizar esa clientela cautiva que espera sin remedio.

El trámite, una vez que se está dentro del edificio, presenta tres instancias y pone a prueba la paciencia de quien pretende hacerse con su paquete.

"Es un desastre", dice Pablo, un hombre de 60 años que ya hizo la gestión en otras ocasiones, sin dejar espacio para dudas. Carpeta en mano con todos los documentos necesarios, aguarda sentado en una de las 20 butacas de la improvisada sala de espera su turno para ingresar en el sector de la Aduana.

La demora total para quienes logran completar el trámite, siempre que hayan llevado todos los papeles (aviso del Correo, comprobante de VEP pago en la AFIP, formulario 4550/100 de AFIP completo), varía mucho de acuerdo al día y a la cantidad de gente, pero se puede llegar a prolongar hasta cinco horas.

Quienes ya pasaron por esta experiencia, cuentan que ahora la gestión es un poco más ágil y rápida que hace algunos meses, cuando la atención demoraba más de seis horas. Los debutantes, en cambio, no ocultan su fastidio por la espera y la gestión burocrática de un trámite kafkiano en muchas dimensiones.

Todo se hace en el mismo ambiente. El primer tramo es la fila hasta sellar el comprobante del Correo. Dos funcionarios de la empresa reciben a los visitantes, detrás de un pequeño mostrador naranja. Con esa autorización en mano, hay que hacer una segunda cola para pagar la tasa de almacenamiento y estadía en el Correo, que es de $ 50 por cuatro días y de $ 10 más por cada jornada adicional.

Muchos de los presentes se quejan por ese costo, que no sería necesario de concretarse el anunciado sistema de envíos puerta a puerta. "Compré dos cosas. Un paquete me llegó, y por el otro recibí el anuncio del Correo. Gasté 10 dólares en la compra, y acá me dicen que tengo que pagar 120 pesos para retirarlo. No vale la pena el tiempo. Lo dejé ahí y me fui", cuenta Marina al salir del edificio, a pocos minutos de su llegada.

Otros, mientras tanto, piden alternativas para agilizar la gestión. "El pago se podría informatizar, como ya se hace con los impuestos de la AFIP, para que se pueda pagar directamente en un cajero o por Internet y así hacer más corto el trámite", reclama Pablo, contador.

Una vez efectuado el pago, resta aguardar a que el número de operación recibido aparezca en las dos pantallas, la instancia más engorrosa de toda la gestión. "Ya vine cuatro o cinco veces. Lo que más te lleva es esperar a que te llamen", cuenta Sebastián. De pie, lee un libro sobre las funcionalidades del Excel para aprovechar el tiempo muerto.

A pocos metros, Silvana también espera con la autobiografía de Nelson Mandela en sus manos, aunque interrumpió la lectura para no perder de vista el llamado de los números. "Vine a las 9 y completé la primera parte del trámite en 1 hora 40 minutos. Hace no mucho vine otra vez por un colgante que había comprado, pero me cansé y me fui. Vale más mi tiempo que ese colgante", se queja, y cuenta que ahora vino a retirar una lámina. "Te lleva mucho tiempo, y es el horario de trabajo. Por suerte, mi jefe vino la semana pasada y sabe que se tarda bastante", recuerda. Junto a ella, Stella Maris aguarda de pie con el carrito de su beba, de apenas unos meses. Al llegar, logró que le agilizaran la primera parte del trámite y evitó las largas filas, pero no encontró ejecutivo que atendiera su pedido para dinamizar el final del proceso.

Mientras tanto, algunos caminan, varios se apoyan contra las paredes y los más afortunados esperan algo más cómodos en alguna de las butacas disponibles en la sala. Según cuentan quienes ya pasaron varias veces por el lugar, ahora hay menos sillas que hace algunos meses: fueron retiradas para conseguir mayor espacio para las filas.

En el edificio la información no abunda. Son escasos los carteles o las guías que indiquen el paso a paso. Muchos usuarios llegan tras leer foros o sitios web que detallan qué es necesario y cómo proceder. Los más astutos llegan acompañados, para hacer las filas simultáneamente y reducir así el tiempo de espera.

Para los que no conocen, el recurso es preguntar a los responsables de la seguridad, que reciben a los visitantes en la puerta de ingreso y asesoran (o no) según su humor. La falta de documentación es el principal escollo para el trámite. La mayoría se acerca con el aviso del Correo y con el comprobante del pago de los impuestos de la AFIP (se puede pagar en los bancos Comafi y Supervielle y por Internet), pero muchos olvidan la versión impresa del formulario 4550/100.

En ese sentido, otro foco de críticas es la falta de asesoramiento para llenar esa declaración jurada, gestión que se realiza a través de Internet. "Falta mucha información. Llegás hasta el formulario sin problemas, pero después es muy complicado para completarlo", dice Sebastián. "Yo me doy maña con la computadora, pero me costó, así que imagino que para la gente mayor debe ser un problema muy grande", agrega Pablo, quien vino a retirar un paquete de ropa de su mujer.

La espera termina cuando, como en un sorteo de lotería, el número de operación aparece en la pantalla. En ese momento, el cliente puede ingresar al sector de Aduana donde se verifica la documentación, se cotejan las declaraciones ante la AFIP y, de no haber faltantes o inconvenientes, se retira el paquete.

"En la Aduana nos trataron muy bien, pero en el Correo nadie te orienta ni te da información. No es claro para dónde ir", se queja Marcelo, quien estuvo más de tres horas junto a su mujer para retirar un envío que despacharon en Roma. "No vengo más", completa enojado, mientras le deja unos billetes al trapito que, "a voluntad", vigiló su auto estacionado en la calle.

Historia sin resolver

En 2014, una resolución de la AFIP estableció que cada persona podía traer del exterior hasta dos compras por año, por un máximo de US$ 50, y dispuso a su vez que quienes habían comprado por vía electrónica debían retirar su paquete en la sede portuaria de la Aduana, luego de presentar la declaración jurada y pagar las tasas e impuestos correspondientes, en un intento por desalentar este tipo de operaciones y frenar la salida de divisas en tiempos de cepo cambiario.

Pese a las críticas y quejas de los usuarios, por lo burocrático del proceso y las demoras en la gestión, la necesidad de realizar el trámite se mantiene, y si bien a comienzos de marzo el director general de la AFIP, Alberto Abad, anunció el regreso del sistema de envíos puerta a puerta, su implementación aún no se concretó.

"Está muy cerca. Venimos de un sistema que era más complejo de lo que podíamos suponer en un principio y todavía no se puede confirmar nada", informaron fuentes del organismo recaudador. Según adelantaron, el plan es retomar el puerta a puerta y habilitar la alternativa de retirar cada envío personalmente en el Correo con un costo variable "dependiendo de cada opción".

Requisitos básicos

Una vez recibido el aviso del correo con la llegada del envío, el usuario debe gestionar y pagar el VEP en el sitio web de la AFIP, donde también debe completar el formulario 4550/100

Con esos papeles, debe ir al Correo y pagar $ 50 por tasa de almacenamiento

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