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Un grupo de bachilleres que descubrió el teatro en las aulas

El elenco del Nacional Buenos Aires le pone poesía a las noches de la ciudad

Viernes 19 de octubre de 2001

Siempre vuelven. El colegio que los formó durante seis años ejerce sobre ellos una atracción tal que siempre están volviendo. Será por eso que, a pesar de estar conformado en su mayoría por egresados, el elenco de teatro que nació allí hace más de siete años conserva orgulloso el nombre de Grupo de Teatro del Colegio Nacional Buenos Aires.

En las escalinatas de entrada, los trece actores se pierden entre la muchedumbre de adolescentes vestidos casi unánimemente de jean. Hace ya un buen rato que sonó el timbre que marca que terminó la jornada pero se resisten a irse.

La entrevista se organiza espontáneamente en la pequeña sala de teatro del tercer piso que guarda recuerdos y escenografías de las distintas puestas que hizo el grupo. Se desata la nostalgia y la melancolía. Salen a relucir viejos sombreros, pesadas puertas de cartón, un saco que ya no le queda a nadie. Hace varios años que la sala les queda chica, por lo que debieron recurrir a otros lugares para llevar adelante nuevos proyectos. Pero allí quedó la emoción de La salud de los enfermos , el debut histórico del elenco; La casa de Bernarda Alba y El reñidero , entre otras.

Entre risas, el elenco del Nacional Buenos Aires se toma la actuación en serio
Entre risas, el elenco del Nacional Buenos Aires se toma la actuación en serio. Foto: Rodrigo Abd

El despegue fue quizá con Babilonia , la pieza de Armando Discépolo que durante dos años los paseó por distintos escenarios. Y ahora el desafío se los da El duende , la puesta que comenzó como teatro itinerante y que desde el sábado recaló en el Centro Cultural Borges.

De la nada

Hace casi ocho años, Orlando Acosta -con apenas 30 años de edad y algunos de actor y profesor- pasó por la puerta del colegio y no pudo resistir la tentación de preguntarle a los alumnos con los que se topó si había allí un taller de teatro, un grupo o algo relacionado con las artes escénicas. La respuesta fue un esperanzador no.

A los dos meses, previa presentación de un proyecto en el Departamento de Extensión Cultural, Orlando ya era el profesor de teatro del Nacional Buenos Aires, y a los siete estrenaba La salud de los enfermos , de Julio Cortázar.

Aún hoy, el taller de actuación es el semillero que nutre al elenco. Cada pieza necesita determinado tipo de actor y allí están ellos a la espera de que el profe los designe como los elegidos. Así fueron llegando los veinticinco actores que se rotan tareas de acuerdo a las necesidades: todos pasaron por la consola de luces y sonido, por producción, por prensa; todos volantean con la misma vehemencia. "Nunca un problema de cartel", resume, orgulloso de su gente, Acosta.

Mariano Saba tiene 21 años y hoy es uno de los seis actores de El duende . Su voz suena profunda como cuando se la presta a los versos de Federico García Lorca. "Somos gente de teatro, trabajadores de teatro, y para mantener esa ideología de grupo no importa qué función cumplás. Por ejemplo, yo hace seis años que estoy en el grupo y durante un año entero tuve que hacer sonido y colgar a Adela en el momento en que se mata en La casa de Bernarda Alba . De las cinco puestas en las que participé fue en esa en la que más aprendí, a esa obra la vivía y la sentía como si la estuviera actuando y no hay personajes masculinos".

La multiplicidad de tareas que están acostumbrados a ocupar los ayudó a que tampoco interfieran en la faceta actoral de sus vidas las carreras que acaban de comenzar o las que están en sus planes apenas los habilite el título de bachiller. Entonces aparecen ingeniería, arquitectura, letras, filosofía, derecho, música, ciencias de la comunicación. Y sí, hay dos o tres que estudian teatro en alguna escuela privada o en el Conservatorio.

"Arriba o detrás del escenario todos hacemos fuerza para que lo que allí suceda salga bien", resume Orlando, que no puede dejar de lado cierto orgullo paternal. Si bien para casi todos los tiempos de recreo terminaron, no es así para Irene Telias que desanda 5º, ni para su hermano Javier, que junto con Javier Mele y Leandro Rosenbaum, están entre los próximos egresados.

A esta altura los benefician los años de experiencia y el nombre que el grupo tiene tanto dentro como fuera del colegio. Ya no hay que convencer a fuerza de caras de piedad a los profesores para que les perdonen alguna hora, o le posterguen la entrega de un trabajo. Ahora son casi estudiantes ilustres que figuran en la enorme cartelera de entrada. Soñando un poco, en breve podrían compartir la histórica vitrina con los grandes hombres que pasaron por las aulas. En el rubro teatro se codearían con Onofre Lovero, Osvaldo Bonnet y Carlos Somigliana.

"Nosotros tenemos la necesidad de hacer teatro y lo que viene con eso vale, pero ninguno lo busca. Si un día aparecemos en esa vitrina será el resultado del trabajo, no de una búsqueda desesperada por llegar", dice Alejandra Marimón, y el resto de las caras confirman que se hace eco del pensamiento colectivo.

El duende . Viernes y sábados, a las 21. C.C. Borges, Viamonte y San Martín. Entrada, $5

Recrear a Federico cada fin de semana

Con lo recaudado, el grupo asumirá un nuevo desafío: Shakespeare

Los poemas de Federico García Lorca son el eje del último espectáculo del Grupo de Teatro del Colegio Nacional de Buenos Aires. Se trata de textos de Romancero gitano , del Poema del Cantejondo , Poeta en Nueva York , fragmentos de Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín , El maleficio de la mariposa y Bodas de sangre , tamizados con canciones de Manuel de Falla y del propio García Lorca. El duende quiere rescatar la lírica lorquiana y hacer un paralelo entre ésta y la vida del poeta que habla del amor, la sensualidad, la sangre y la muerte como ideas semejantes y que en la vida del hombre se dan simultáneamente. "En nuestro paso por las universidades con El duende nos encontramos con muchos estudiantes que quizá no llegaban a entender en detalle ese surrealismo, pero percibían las sensaciones. Eso fue hermoso", concluye Juan Coulasso, un histórico del grupo.

Verónica Pagés

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