Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

El feminismo se reinventa, entre la Red y la calle

CAMBIO DE ÉPOCA. Hashtags que funcionan como consignas políticas, convocatorias abiertas a varones, militancias flexibles: las demandas de género ingresan en el siglo XXI

Domingo 29 de mayo de 2016
0
Foto: Martina Trachtenberg

La publicidad es española, pero viene haciendo furor en las redes sociales argentinas (https://www.youtube.com/watch?v=1wX5tq-EStk). Tras constatar que el "66 por ciento de las mujeres españolas aseguran sentirse estresadas", las cámaras ingresan al ficticio "Restaurante Deliciosa Calma", donde se ofrecen platos especiales para féminas en estado crítico: "Crocante de no me caso porque no me da la gana con taquito de pavo", "Hoy no llego a recoger a mis hijos del colegio con loncha de pavo", acompañado de "Ya está su padre para hacerlo, digo yo", o extras de "Me la resbala". El tono, desde ya, es jocoso; el guión se da el gusto de incluir la actuación de Carmen Maura, María Barranco y Rossy de Palma -las célebres protagonistas de Mujeres al borde de un ataque de nervios-, ofrecer "Alcachofas de soy directora mundial y madre sobre virutas de pavo y reducción de jornada laboral", o hacerle decir a una actriz, cuando la maître le pregunta si tienen alguna alergia o intolerancia alimentaria: "Pues sí, a la presión social".

Probablemente el corto gustó tanto porque toca la fibra de cierto cambio de época en el universo de los discursos y acciones ligados al activismo feminista: desde la posibilidad de la risa (algo impensable en los épicos tiempos del comienzo) hasta la apertura a formas más porosas, que no se inscriben ni en la severidad de la militancia clásica ni en la terminología de las discusiones académicas, y que apuntan a la escurridiza política de lo cotidiano.

"Se rompió la "capilla feminista'", dice Dora Barrancos, emblemática estudiosa y militante en cuestiones de género, mientras enfatiza tanto las comillas del término "capilla" como el optimismo que le generan estos nuevos aires. "En términos metafóricos: el feminismo tenía sutiles ?reglas de admisión' -continúa Barrancos-; parecía inclusivo pero terminaba siendo bastante excluyente. Nunca fue un movimiento de masas." Justamente, y para confirmar que algo está cambiando, señala el carácter masivo de la marcha #NiUnaMenos, hito del que esta semana se cumple un año, y que puso en escena un fenómeno que se viene gestando desde hace unos quince años: las demandas de género tienen una convocatoria cada vez más joven y diversa, incluyen a los varones y, de a poco, van instalando una certeza: una sociedad de iguales no sólo es una sociedad más justa; también puede ser una sociedad más disfrutable.

El nuevo activismo

Si algo también puso de relieve #NiUnaMenosfue el potencial movilizador de las redes sociales. "Las redes sociales están jugando un papel muy importante en todas las discusiones cotidianas, están cambiando también la forma en que se comunica políticamente y transforman el activismo", describe Mercedes D'Alessandro, doctora en Economía e impulsora del blog Economía Femini(s)ta (http://economiafeminita.com). "Pero no todo lo que nace en Internet tiene el potencia de hacerse carne -insiste-. Para eso hace falta que haya una necesidad social, que se exprese un sentir colectivo. Las redes sociales permiten que gente que quizás no se sintió representada en un partido o agrupación política pueda participar espontáneamente, de modo intermitente, compartir una causa pero no otra. Se puede teletransportar a su espacio de «militancia» virtual con un solo clic. Pero para que su acción no caduque, ese participante necesita después un espacio de pertenencia, elaboración, discusión... Ahí aparece la necesidad de la militancia o la política más old school."

Por su parte, Ana Correa, consultora en Comunicación y una de las organizadoras de la marcha del año pasado, se pregunta: "¿Convocar por Twitter? Y, sí. Si la mecha prende más a través de las redes, ¿cómo no hacerlo? Es casi una obligación".

Correa, que considera que se inauguró una etapa donde nadie necesita credenciales de feminista para discutir sobre problemáticas de género, asegura que la movilización #NiUnaMenos logró, "con mucho trabajo y generosidad, un ensamble histórico entre distintas maneras de militar por los derechos de las mujeres".

Casi no hace falta recordarlo. El detonante de la marcha fue el hartazgo frente a una pasmosa sucesión de femicidios. Para las organizadoras, el principal logro fue instalar la violencia de género en la agenda pública, desnaturalizarla y darle visibilidad. Su convocatoria desbordó todas las previsiones, inundó las calles y plazas del país de mujeres de todas las generaciones y, dato notable para la historia de este tipo de reclamos, de muchos hombres.

En febrero de este año, el asesinato de Marina Menegazzo y María José Coni, dos jóvenes mochileras argentinas que recorrían Ecuador, volvió a encender las redes. #Viajosola fue el hashtag que esta vez inundó Facebook y Twitter. Con un espanto similar al que había provocado el asesinato de las turistas francesas en Salta en 2011, circularon los relatos de mujeres que reivindicaban ya no sólo el derecho a la vida, sino también el de pasear, caminar, conocer mundo o atravesar cualquier espacio público del modo, a la hora y en compañía de quien venga en gana.

A principios de este mes, el hashtag convocante fue #Rompamoseltechodecristal. Algunas de las organizadoras de #NiUnaMenos convocaron, esta vez, a discutir cuestiones directamente ligadas con la desigualdad de género: falta de representación femenina en espacios de poder, brecha salarial, ausencia de políticas en relación con los cuidados, doble carga laboral (empleo y tareas domésticas). El encuentro se realizó en el auditorio del Museo Evita, y entre el público estaban Julia Pomares, directora del Cippec; Mariela Belski, directora de Amnistía Internacional Argentina, y Lorena Moscovich, politóloga e investigadora de la Universidad de San Andrés. Del lado de las expositoras, había mujeres provenientes del periodismo, la universidad, el humor. "El desafío es sumar voces -resume Ana Correa-. No reemplazar las formas tradicionales de feminismo, sino sumar otras formas innovadoras, desde la comunicación, las redes, el arte, la literatura, el deporte. Desde el lugar en que cada una está".

Cuenta Correa que hay posibilidades de que #Rompamoseltechodecristal se traduzca en una plataforma web y nuevas convocatorias. Tras el primer encuentro, les llovieron mensajes de mujeres (y algunos hombres) con ganas de sumar iniciativas: desde quienes ansían democratizar y promover espacios femeninos en el fútbol hasta quienes desean renovar la mirada de género en el mundo de la publicidad. Hubo, incluso, una suerte de réplica a nivel oficial: la circulación de un GIF donde el Ministerio de Trabajo, con el hashtag #Rompamoseltechodecristal, divulgó información sobre la brecha salarial entre varones y mujeres.

Cuestión de época

"¡Porque es 2016!" Del otro lado de la línea telefónica, se escucha la risa de Natalia Gherardi, abogada y directora de ELA (Equipo Latinoamericano de Justicia y Género). Y sí: la frase evoca la que hiciera célebre el año pasado Justin Trudeau, el carismático primer ministro canadiense, cuando defendió la paridad de género simplemente porque? vivimos en el siglo XXI.

En esta línea, Gherardi asegura: "Estamos en el momento de dar un paso adelante". Porque es 2016. Y porque -continúa-, "si hablás de igualdad, hablás de feminismo". Por algo Trudeau no pierde oportunidad para declararse, abierta y públicamente, un hombre feminista. Algo similar ocurre en Estados Unidos, donde la discusión sobre la brecha salarial y los derechos reproductivos viene siendo uno de los puntos fuertes de la actual campaña presidencial, y donde el candidato demócrata Bernie Sanders se autodefinió como "feminista" y "mujer honoraria".

En la Argentina, al menos de momento, la promoción de estas temáticas se percibe mucho más activa a nivel de la sociedad civil que en el interior de la clase política. Para Gherardi, la gran clave está en lograr que las demandas feministas "salgan del gueto". Aclara: "Se trata de salir del círculo de conocidos; hay que involucrar en esta conversación a las personas no inicialmente convencidas. Es importante lograr que se entienda que no hay problemas de la mujer, sino que hay problemas de la sociedad que atraviesan a la mujer. Y que nos interpelan a todos".

En el caso de ELA, la abogada comenta que implementaron la estrategia de llevar temas de género a organizaciones que no sean de mujeres, como la ACIJ, la ADC o el CELS, y realizar proyectos en conjunto.

"Salir del gueto" implica divulgar y llegar a públicos más amplios, incluso con el humor. Gherardi rescata intervenciones como la que The Guardian hizo en 2013, al publicar la compilación de los "10 mejores momentos sexistas" de la política internacional (http://www.theguardian.com/politics/2013/jun/14/top-10-sexist-moments-politics). Inspiradas por la publicación británica, las integrantes de ELA hicieron lo propio con la realidad local y armaron el video "Diez momentos sexistas en la política argentina" (https://www.youtube.com/watch?v=ZTpCiwb47XY). Con todo, afirma Gherardi, en nuestro país aún queda mucho por hacer para que ciertas actitudes realmente se modifiquen. "A diferencia de lo que puede ocurrir en Europa, en la Argentina estos 'momentos sexistas', que hoy llamamos 'micromachismos' no tienen un costo político. De hecho, creo que todavía hay un gran desconocimiento y temor a la estigmatización por ser feminista. Se siguen confundiendo machismo y feminismo, cuando no son comparables. El feminismo es promoción de la igualdad; el machismo, expresión de la desigualdad y el sometimiento."

De todos los colores

Más allá de las dificultades, lo cierto es que hoy, en la Argentina, coexisten todo tipo de grupos y organizaciones de mujeres con una agenda similar: instalar la problemática de género en la agenda pública, ganar la calle, ampliar la adhesión social frente a estos temas. "Expresión poliédrica": así define Barranco esta emergencia de acciones "de todos los colores", que van desde la creación, en septiembre del años pasado, de la Red Interuniversitaria por la Igualdad de Género y Contra las Violencias (integrada por 36 universidades nacionales y que, de momento, desarrolló protocolos específicos en seis de ellas), las intervenciones de diversos grupos artísticos (responsables de intervenciones como los "Bombachazos" que se hicieron en algunas plazas del país, o los "Siluetazos contra los femicidios", realizados antes y después de #NiUnaMenos), o los colectivos de jóvenes lesbianas.

Asimismo, existen numerosas agrupaciones comunitarias, en distintos puntos del país, con distintos recorridos e historias. Un ejemplo paradigmático es la Red de Mujeres de La Matanza, que, en conjunto con el municipio (una articulación entre sociedad civil y Estado que no se da tan frecuentemente), creó Construyendo Ciudadanía, una red zonal de centros de prevención y asistencia en casos de violencia.

Valeria Tallarico, doctoranda de la UBA que estudia este caso y el de la organización Amas de Casa del País, observó que muchas de las integrantes de estas agrupaciones provenían del movimiento piquetero o la militancia cristiana. Con el tiempo, al discutir sobre reivindicaciones de género y construir sus propias organizaciones, fueron dejando las instituciones de origen para formar espacios propios. "Constituyen una forma de movilización que se dedica al avance de la condición de las mujeres y su bienestar sin formar parte de partido político o asociación alguna, y que tiene como prioridad los derechos de las mujeres", describe la investigadora. Por su parte, Graciela Di Marco, directora del Centro de Estudios sobre Democratización y Derechos Humanos de la Unsam, sostiene: "El feminismo popular, que emerge con fuerza alrededor de 1997, cuando muchas más piqueteras, campesinas, indígenas, obreras de fábricas recuperadas empiezan a ir a los Encuentros Nacionales de Mujeres, ha sido clave para lo que denomino ?el pueblo feminista'".

Todo lo indica: en cada rincón de la trama social pareciera haber una mujer que replantea su lugar en el mundo. Versiones siglo XXI de aquel "cuarto propio" que Virginia Woolf -que nunca se dijo feminista- tanto impulsó buscar.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas