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A la escuela después de la escuela, la solución a la tarea

Los chicos recurren a espacios en los que un adulto supervisa sus deberes y les enseña técnicas de estudio

Sábado 28 de mayo de 2016
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LA NACION
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En Kumon, los chicos asisten a clases dos veces por semana y tienen un material didáctico para su casa
En Kumon, los chicos asisten a clases dos veces por semana y tienen un material didáctico para su casa. Foto: Gentileza Kumon

La semana pasada, Ana, junto con el boletín de Julián, su hijo, que está en segundo grado, recibió una nota en la que la citaban a una reunión en la escuela. "Me imaginé de qué se trataba porque el boletín estaba un poco flojo. No fue una sorpresa, Juli es un poco vago y disperso, me cuesta que se siente a hacer la tarea y yo no estoy en casa para ayudarlo. Básicamente, en el colegio me recomendaron que buscara ayuda externa o apoyo escolar al menos hasta que incorpore hábitos de estudio", cuenta Ana, que está en busca de la mejor "escuela paralela" para Julián: una maestra particular que lo guíe en lo más específico del colegio, lo ayude con la tarea y, a corto plazo, a levantar las notas, o un centro donde puedan enseñarle metodologías de estudio con resultados de más largo aliento. La "escuela paralela" -el espacio al que cada vez más chicos recurren para que un adulto supervise sus deberes mientras aprenden técnicas de estudio que mejoren su desempeño- se volvió una solución muy valorada por padres con poco tiempo y paciencia para sentarse con sus hijos a estudiar.

Ir a apoyo escolar una, dos y hasta tres veces por semana se transformó en una de las tantas actividades de rutina que niños y adolescentes cumplen cuando salen del colegio, aun cuando en muchos casos asisten a doble jornada. Como para convencer a Julián, que va a una escuela privada de Belgrano, de que aceptara recibir ayuda extra, su mamá le prometió que iba a ser sólo por un tiempo, hasta que lograra emparejarse con el resto de sus compañeros y mejorar algunas notas. "No lo veo como algo terrible, sería una hora y cuarto una vez por semana que no interfiere para nada con el resto de sus actividades, como fútbol -dice Ana, que es psicóloga de pareja-. Y en el colegio no es que están las ocho horas estudiando. Muchas de esas horas las dedican a actividades recreativas, como música o gimnasia, que no tienen que ver con el intelecto", opina la mamá de Julián.

Si bien siempre existió ayuda escolar para aquellos chicos con dificultades de aprendizaje, lo novedoso es que muchos casos son niños y adolescentes que no presentan mayores inconvenientes en el colegio y asisten a estos centros o clases particulares de forma preventiva. Mariela Basaldúa, por ejemplo, decidió mandar a su hija a una maestra particular cuando empezó a notar que su hija le planteaba problemas que excedían su conocimiento y ya no podía ayudarla con la tarea de matemática. "Hoy les enseñan de una forma diferente de cuando yo iba a la escuela. Un día vi que Ema buscaba la respuesta a un problema de física en Brainly.lat, una página donde otros estudiantes supuestamente te ayudan a encontrar la respuesta, y decidí que mejor era buscar ayuda confiable en vez de recurrir a Internet -sostiene Mariela-. Por eso, en lugar de estar en casa dilucidando entre las dos qué era lo que había que hacer, opté por llevarla a un profesor particular. Es más que nada para que tenga un referente confiable a quien recurrir en caso de tener algunas dudas."

El final del primer bimestre, en el caso de chicos en escuela primaria, y del primer trimestre, si se trata de la secundaria, suelen ser, para los especialistas en educación, los momentos ideales para empezar a ajustar ciertos conocimientos que no han sido del todo bien incorporados. Ante la primera evaluación formal, padres e hijos se enfrentan con la realidad.

"La llegada del primer boletín del año suele ser un momento clave para la familia -dice Ana Caraballo, psicopedagoga y directora de Coaching Estudiantil-. Si los padres ven que el chico está medio flojo en algo, algunos buscan ayuda para no llegar a fin de año con materias para rendir. A veces, a los chicos les cuesta manejar los tiempos y organizarse con el estudio. Lo ideal es que puedan ver objetivamente su boletín, analizar sus puntos débiles y aprender también a ver sus fortalezas, que seguramente tienen. Buscamos que el chico sea protagonista y responsable de su aprendizaje", resume Caraballo, quien destaca la figura del tutor, que brinda herramientas para organizarse y sistematizar el estudio, antes que la del profesor particular, que suele explicar cuestiones de contenido puntuales, pero no tanto de aprendizaje.

Buscando cambiar la manera en que los chicos aprenden, el "método Kumon", de origen japonés, se posicionó como una de las alternativas de "escuela paralela" que más han crecido en los últimos tiempos. Focalizado en matemáticas y lengua, los centros Kumon reciben a chicos desde preescolar hasta secundaria. "Es un complemento de la escuela, que sirve para crear hábitos de estudio y organización. Con este método, los chicos adquieren más rapidez mental y aprenden razonamiento matemático y comprensión y análisis de textos, además del gusto por la lectura", cuenta Gabriel Gallardo, coordinador general de Kumon Argentina.

El método japonés implica una asistencia de dos veces por semana de 45 minutos y la utilización de un material didáctico autoinstructivo que el niño debe completar en su casa. "Tenemos chicos sin inconvenientes de aprendizaje que vienen a desarrollar su potencial, y otros con dificultades. Como es un método para trabajar a largo plazo, aquellos chicos con problemas en el colegio no van a encontrar la solución ya. Kumon no es para levantar la nota, pero obviamente el chico va a mejorar sus calificaciones a mediano y largo plazo."

Según Gallardo, los padres se acercan alarmados por la falta de concentración y hábito de estudio. "Pero los problemas de atención tienen que ver con que muchas veces no se entendió, y como el conocimiento es encadenado, si no entendiste el paso anterior no vas a poder entender lo que sigue. La diferencia con la escuela es que éste es un método personalizado. En los colegios, en cambio, no se respeta la individualidad. Y esto es malo tanto si te quedaste en el camino o si estás para más. La escuela enseña para todos por igual y no al ritmo del chico. A medida que avanzan en Kumon, se encuentran con contenidos por encima de su grado escolar."

Dentro de la escuela paralela también se cuentan los centros que preparan para ingresar al Buenos Aires, Pellegrini e Ilse. Hace unos años, era habitual que los alumnos de séptimo grado, después de clases, asistieran a algún centro como Silvina y Gustavo o Noesis para preparar el examen de ingreso. Hoy, la exigencia y la competencia por entrar a algunos de estos colegios nacionales de excelencia es tal que los chicos asisten a estos lugares desde sexto grado.

Pero aunque el gran objetivo es que su hija, que ahora está en sexto grado, se convierta a partir de 2018 en una alumna del Nacional de Buenos Aires, Santiago Martínez está satisfecho con los resultados que Mora está teniendo en el presente. "Desde que empezó a ir a este centro que la prepara para el ingreso levantó un montón su rendimiento. Pasó de ser una buena alumna a ser abanderada de su clase", cuenta con orgullo Santiago, que ve más cerca su sueño de que su hija estudie en el mítico colegio al que él no pudo ingresar.

Un poco en broma y un poco en serio, otro de los padres que aspiran a que su hija entre al Buenos Aires asegura que si fuera posible reemplazaría el colegio por el centro al que asiste dos veces por semana. "Aprende más allá que en la escuela", exagera. Claro: el colegio, además de ofrecer aprendizaje, es el espacio de sociabilidad por excelencia de la infancia y la adolescencia. La "escuela paralela" sólo es un lugar de estudio. Y contra eso no se puede competir.

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