0

Viaje al interior de El jardín de las delicias, el mayor hit de El Bosco

Los misterios creativos del artista holandés, un adelantado a su época, quedan a la vista en la exposición que esta semana abrió el Museo del Prado para recordar los 500 años de su muerte
Martín Rodríguez Yebra
0
1 de junio de 2016  

La reina Letizia observó bien de cerca el deslumbrante tríptico de El Bosco
La reina Letizia observó bien de cerca el deslumbrante tríptico de El Bosco Fuente: EFE

MADRID.- Todo empezó con un dibujo en pincel, a mano alzada, gris sobre blanco sobre tres tablas de roble. Jeroen van Aeken, El Bosco, esbozó rostros, una infinidad de cuerpos en poses eróticas, criaturas infernales, castigos aberrantes. Borró algunos, se obsesionó con otros, desplazó hacia abajo las figuras de Adán y Eva, rehízo a Dios.

Debajo de las capas de colores explosivos emergen, 500 años después de la muerte del autor, los trazos originales del tríptico que hoy se conoce como El jardín de las delicias, el jeroglífico más deslumbrante jamás pintado.

Las imágenes monocromáticas captadas por radiografía y reflectografía infrarroja resaltan entre las obras maestras que integran "El Bosco: la Exposición del V Centenario", en el Museo del Prado, donde, desde ayer y hasta el 11 de septiembre, se exhiben 23 de las 27 pinturas que se conservan del genio holandés, fallecido en 1516.

Es ante todo una invitación a sumergirse en los misterios creativos de un artista adelantado a su época. "Las claves para interpretar de manera completa sus contenidos se han perdido en nuestros días. Pero años de estudio y tecnología nos permiten un acercamiento más cabal a su obra", sostiene Pilar Silva, jefa del Departamento de Pintura Flamenca del Prado y comisaria de la muestra.

Está de pie frente a El jardín de las delicias, la pintura que obsesionó al rey Felipe II al punto de pedir que la desplegaran frente al lecho de su larga agonía en El Escorial, en 1598.

¿Dónde mirar primero? Los ojos se pierden en la avalancha de colores, mensajes cifrados, fantasías eróticas, criaturas imaginarias y tormentos terroríficos que pueblan las tres tablas.

A lo largo de los siglos, descifrar su significado inspiró infinitos debates entre los historiadores del arte. ¿Es un relato moralizante, una herejía, un delirio surrealista concebido en el final de la Edad Media?

"El Bosco pinta un mundo en el que nada es lo que parece. Todo es efímero y se desmorona", explica Silva.

En la tabla que abre el tríptico, El Bosco elige el momento en que Dios presenta a Adán y Eva. "El mal ya está presente aquí -explica la experta-. Arriba, la serpiente está esperando en el árbol de la vida, lo que nos indica que el pecado va a entrar en el mundo." De la fuente del Paraíso bebe un unicornio. Se solía creer que esos seres fantásticos purificaban las aguas, y acaso por eso van hacia ellas otros ejemplares de especies reales o imaginarias.

Imaginación desconcertante

Según reveló el análisis infrarrojo, esa parte de la obra sufrió cambios importantes respecto del primer boceto. El Bosco había pintado a Adán, Eva y el creador en medio de la escena y no al pie, como finalmente quedó. Había esbozado un Dios barbado que miraba a Adán, en lugar de la figura con la apariencia de Cristo que enfoca al espectador en la versión final.

La tabla central es un despliegue de imaginación desconcertante. Los jinetes que cabalgan jabalíes, osos, panteras conforman un cortejo de vicio y corrupción. En el estanque se bañan hombres y mujeres desnudos, muchos en poses sexuales. Hay plantas y frutas gigantescas. Elementos que se resquebrajan, como si el mundo -entregado al pecado- fuera a acabarse.

"El Bosco incluye relaciones heterosexuales y homosexuales. En el siglo XVI, la homosexualidad estaba prohibida y era duramente castigada. Pero él representaba a las figuras desnudas tan tenues que apenas tienen carne. No llaman a la sensualidad", comenta Silva.

En el proceso pictórico, también en el jardín se produjeron modificaciones importantes. Se eliminaron elementos y se reorientó el plano del paisaje.

La última tabla representa al llamado "infierno musical", a raíz de los instrumentos musicales que aparecen modificados como elementos de tortura. En el infierno, el agua se convierte en hielo: en la Edad Media se decía que el hielo era el castigo de los envidiosos. La escena está dominada por el hombre-árbol; una representación del diablo con el rostro de un hombre que se suele identificar con un autorretrato de El Bosco.

La fantasía desbordante de esa tabla incluye el monstruo con cabeza de pájaro que come personas y las defeca en un pozo, en el que un hombre vomita monedas. Una alusión al pecado de la avaricia. El Bosco desprecia el juego -aparece un hombre clavado por un puñal a una mesa con un dado entre las manos- y critica a las órdenes religiosas mendicantes, al dibujar un cerdo con el hábito de una monja clarisa.

De la tenebrosa escena, El Bosco quitó objetos y animales fantásticos que había incluido en el primer boceto, entre ellos un anfibio gigante de cuyo cuerpo emerge una esfera con un hombre en su interior. Puede apreciarse claramente en la radiografía que se exhibe al lado del cuadro. De forma excepcional, El jardín de las delicias se exhibe de modo que puede apreciarse la parte de atrás, donde El Bosco pintó en gris el tercer día de la creación (que se compone al cerrar el tríptico).

La iconografía del pintor de ?s-Hertogenbosch desborda las salas del Museo del Prado. Se pueden ver pinturas y dibujos llegados desde Venecia, Nueva York, Rotterdam, Filadelfia, París, Viena, Londres, Lisboa y Gante, más los originales que tiene el Prado en su colección permanente (como El jardín de las delicias). Sobresalen El carro de heno, La nave de los locos, el tríptico del Juicio Final y especialmente Las tentaciones de San Antonio Abad.

Cuenta la comisaria que El Bosco le tenía gran devoción a ese santo, porque sufría una enfermedad que se llamaba el fuego de San Antonio: "Le producía muchísimo dolor y se creía que San Antonio protegía de la muerte a quienes la sufrían". Con el tiempo se supo que esta afección era producida por el consumo de pan de centeno infectado de hongos. Además de tormentos físicos, producía visiones.

temas en esta nota

0 Comentarios Ver

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.