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Top Five: grandes escenas de Julia Roberts

A propósito del estreno de El maestro del dinero, repasamos cinco momentos imprescindibles de la filmografía de la actriz

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LA NACION
Viernes 03 de junio de 2016 • 11:18

*1. La declaración de amor de Un lugar llamado Notting Hill (1999)

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Anna se despide de William por tercera vez en Notting Hill
Anna se despide de William por tercera vez en Notting Hill. Foto: Archivo

Las comedias románticas de Roger Michell suelen tener un factor en común: permitirles a los personajes momentos donde puedan respirar en medio de las fórmulas obligadas del género. En la subvalorada Morning Glory, por ejemplo, nos encontramos con muchas escenas en las que sus protagonistas se sienten reales y no construcciones de manual. En Un lugar llamado Notting Hill, por su parte, los instantes más genuinos se desarrollan en cenas de amigos y en situaciones mundanas como leer el diario en un sillón al caer la noche. Así es cómo Anna Scott no es tanto una estrella de Hollywood sino una persona con miedos, debilidades y errores como todo el mundo. En la declaración de amor que se lleva a cabo en el espacio de William ( Hugh Grant ) - esa pequeña librería de Notting Hill -, Julia Roberts despliega todo su encanto, incluso cuando su rostro se transforma ante la negativa de su interlocutor, quien recibe como obsequio el cuadro La Mariée/La novia de Marc Chagall, un símbolo de lo que representa para ambos individuos la felicidad más surrealista ("esto fue surreal, pero lindo").

*2. Vivian se va de shopping en Mujer bonita (1990)

"Gran error, enorme", la cita más emblemática de Mujer bonita
"Gran error, enorme", la cita más emblemática de Mujer bonita. Foto: Archivo

En el preciso momento en el que Vivian Ward (Roberts) emite la frase "gran error, enorme", Mujer bonita ejemplifica de la manera más literal sus dos aristas narrativas. Por un lado, las diferencias entre el mundo de esa prostituta Hollywood Boulevard y el del empresario Edward Lewis ( Richard Gere ). Por el otro, la abundancia de prejuicios en la alta sociedad, prejuicios que son abordados con el clásico tono ingenuo de la impronta del realizador Garry Marshall. Dentro de los makeovers del cine, el de Vivian yéndose de compras es uno de los más indelebles, con una Roberts que se erigía como la gran promesa de las comedias románticas. La trifecta de Mujer bonita se reuniría años más tarde en Novia fugitiva, pero con un Marshall en piloto automático, ya sin la velocidad y el ingenio de sus primeras producciones. Dato: por su interpretación de Vivian, Roberts recibió su segunda nominación al Oscar como mejor actriz - la primera había sido por su actuación secundaria en Magnolias de acero - y la escena "de Cenicienta" que nos ocupa fue parodiada con frecuencia en la cultura popular, y más recientemente en la gran comedia televisiva Broad City.

*3. El baile final de La boda de mi mejor amigo (1997)

Hay baile en el final de La boda de mi mejor amigo
Hay baile en el final de La boda de mi mejor amigo. Foto: Archivo

Si la pensamos dentro del contexto de las comedias románticas de los noventa, la película de P.J. Hogan fue una rareza, no solo por su final agridulce sino también por todo el recorrido que hace su protagonista Julianne (Roberts) desde que se entera que su mejor amigo Michael (Dermot Mulroney) va a casarse hasta que advierte que el amor que siente por él no es correspondido. Entre un evento y el otro, el film pone a esta (anti)heroína de cara a sus propios demonios, con una bienvenida despreocupación por si resultará empática ante los ojos del espectador. En consecuencia, el gran acierto del film es que ni Julianne es perfecta ni tampoco lo es su némesis Kimmy (interpretada por una entonces semi-ignota Cameron Diaz ), dado que ambas están motivadas por intereses que no resisten cuestionamientos. La escena del baile final, cuando suena "I Say A Little Prayer" y Jules es rescatada de la tristeza por su amigo George (Rupert Everett) excede el mero paso de comedia: es una declaración de principios acerca de cómo una mujer no debe ser definida por su interés romántico sino por sus logros individuales.

*4. La presentación de la evidencia en Erin Brockovich (2000)

Erin Brokovich, el film por el que Julia Roberts ganó su primer y único Oscar
Erin Brokovich, el film por el que Julia Roberts ganó su primer y único Oscar. Foto: Archivo

Vamos a dejarlo asentado de entrada: Erin Brockovich es una película construida enteramente para el lucimiento de Julia Roberts. No es casual que la actriz haya ganado su primer y único Oscar por esta biopic de Steven Soderbergh , ya que la misma combina una serie de aditamentos a priori irresistibles (caso real + protagonista avasallante + David vs. Goliat) con su actriz principal poniéndose al hombro escenas de lo más diversas. Roberts pasa de ser una máquina de insultos ingeniosos a una mujer que se quiebra cuando siente que está perdiendo a sus hijos. En la secuencia que dejamos a continuación no solo se percibe el carácter dominante de Erin - cuya tenacidad la llevó a ganar la demanda contra la empresa Pacific Gas and Electric Company - sino también la complicidad con su jefe Ed Masry (un extraordinario Albert Finney), quienes conformaron una dupla que supo equilibrar el conocimiento de las leyes con la sensibilidad social.

*5. La brutal discusión de Closer, llevados por el deseo (2004)

Junto a Clive Owen sacándose chispas en Closer, llevados por el deseo
Junto a Clive Owen sacándose chispas en Closer, llevados por el deseo. Foto: Archivo

Patrick Marber adaptó al cine su propia obra (dirigida por Mike Nichols) pero con resultados desparejos. Closer, llevados por el deseo es un exponente más de esas películas que no respiran cine, que se olvidan del dinamismo y la inventiva a la hora de la traspolación. Como contracara podemos mencionar Tom en la granja de Xavier Dolan, otro film basado en una obra teatral pero que no se olvida nunca del lenguaje cinematográfico. Asimismo, Closer se toma demasiado en serio a sí misma, y exuda una solemnidad que se vuelve absolutamente irritante. En relación a ésto, no es arbitrario que lo más destacable sea la interpretación de Clive Owen (quien había formado parte de la puesta teatral, aunque en otro rol), una mucho más descarnada que se permite el humor negro entre tanto corazón roto. La escena de la ruptura entre su personaje de Larry y el de Anna (Roberts) es fenomenal, con un in crescendo entre fascinante y devastador, con dos actores exprimiendo al máximo su talento.

PARTICIPACIÓN. ¿Qué otras escenas de Julia Roberts sumarían al listado?

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