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Dígame "licenciado": ahora se podrá ir a la universidad para ser escritor

La primera carrera de grado abrió su inscripción en la UNA y la respuesta superó las expectativas; el creciente interés por aprender a escribir y otras causas del fenómeno

Jueves 02 de junio de 2016
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LA NACION
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Carlos Gamerro, parte del equipo docente de la licenciatura
Carlos Gamerro, parte del equipo docente de la licenciatura.

Además de aconsejar a los aspirantes a escritores que se procuraran un cuarto propio, Virginia Woolf les recomendaba que bebieran vino, que salieran a pasear, que llevaran un diario íntimo y que se rodearan de otros escritores y artistas. Quizás esta última indicación explica el fenómeno sostenido de talleres de escritura brindados por narradores y poetas en la Argentina. Pero eso no es todo. Al creciente interés por aprender a utilizar la escritura como factor creativo, a las universidades nacionales -como la maestría de la Universidad de Tres de Febrero que dirige María Negroni- y los institutos privados -como Casa de Letras, donde da clases Leopoldo Brizuela, entre otros- se suma ahora la primera carrera de grado pública para convertirse en escritor profesional.

La noticia de que la UNA (la Universidad Nacional de las Artes, ex IUNA) tendría una licenciatura en Artes de la Escritura se conoció a comienzos de año, y cuando abrieron la inscripción, la convocatoria superó todas las previsiones: más de 1700 personas, desde egresados del secundario hasta jubilados, se presentaron para formarse en el campo de la narrativa, la poesía, la dramaturgia, el guión para cine y TV y los formatos mediáticos. El plan de estudios contempla, además, un área de Técnicas de Escritura, centrado en la práctica del taller; de Semiótica y Análisis Textual; de Teoría, Estética e Historia, y de Industrias Culturales. La carrera dura cinco años: escribir es un arte de la paciencia.

Un área que estaba vacante

Cuenta la profesora y narradora Elsa Drucaroff que en 2015 pasó algo histórico en la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires. "Hubo una movida de docentes jóvenes y estudiantes para que se declarara la escritura creativa como «área de vacancia» (materias no cubiertas) y se llamó a concurso para eso, no sin discusiones y resistencias. Gané ese concurso y di un seminario de grado optativo que tuvo 257 inscriptos en un horario central." Eso es más del doble de lo que suele tener una convocatoria de ese tipo y en ese ámbito. Angélica Gorodischer, Gustavo Nielsen y otros autores fueron invitados a encuentros abiertos a la comunidad, y Birna, una editorial independiente, publicará este año una antología de cuentos escritos en ese seminario. Drucaroff cree que la licenciatura de la UNA es un síntoma de los déficits de las carreras de Letras. "Es importante que haya escritura creativa para un futuro investigador o futuro docente, vaya o no a ser escritor, en universidades públicas", confirma la autora de La patria de las mujeres.

Asistir a un taller de escritura no garantiza que alguien se vaya a convertir en escritor; algo similar ocurre con los que toman clases de piano o de canto. Sin embargo, nombres como Samanta Schweblin o Ángela Pradelli afinaron su obra en ese ámbito. Santiago Llach, poeta y editor, coordina hace años cursos de lectura y escritura. "La institucionalización de la formación en escritura creativa, artística o literaria es una señal de que existe una demanda para ella -dice-. Ese crecimiento se relaciona con el hecho de que las tecnologías digitales produjeron una vuelta masiva a la escritura. La literatura se ve modificada por esa experiencia social: hoy es mucho más difícil que hace 30 años decir qué es un escritor." Llach señala que en la Argentina de 1990 todo era más restringido. "Uno leía un aviso en una revista o suplemento cultural, llamaba a un número fijo y empezaba un taller con alguien de quien tenía pocas referencias. Era un espacio de socialización central de quienes querían escribir", recuerda el editor del mítico sello Siesta. "La carrera de la UNA viene a suplir una falencia que se le ha solido objetar a la carrera de Letras, orientada sólo a la crítica, la investigación y la enseñanza de literatura. Y es un paso más hacia el crecimiento y la consolidación de la enseñanza de escritura relacionada con la creación artística; es un síntoma de un mercado en franca expansión. En lo particular, en estos años en mis talleres la demanda creció y lo sigue haciendo, y lo mismo pasa en otros que conozco."

Martín Kohan, escéptico, igual enseña en la carrera
Martín Kohan, escéptico, igual enseña en la carrera. Foto: LA NACION / Dafne Gentinetta

Nace una licenciatura

La nueva carrera surgió en el rectorado de la UNA, que en principio propuso a Tamara Kamenszain hacerse cargo de la dirección. Aunque la poeta y crítica finalmente no aceptó el cargo, integra junto con Martín Kohan, Arturo Carrera, Ariel Schettini y Carlos Gamerro el equipo docente que dirige un narrador: Roque Larraquy. El autor de La comemadre comentó a LA NACION que la preinscripción a la nueva carrera superó las previsiones: más de 1700 personas de todas las edades, con o sin obra publicada, se habían anotado para cursar las materias a partir de agosto. La instrumentación de una especie de CBC, llamado CINO (Curso de iniciación, nivelación y orientación), funcionó como filtro. Así, la matrícula se redujo a 800 y, debido a las exigencias del curso de nivelación (un seminario de teoría y análisis textual y un taller de escritura), se intuye que la cifra disminuirá aún un poco más para cuando se inicien las clases. También al frente de las comisiones del CINO estuvo un grupo de escritores, editores y críticos jóvenes: Pía Bouzas, Sandra Buenaventura, Julián López. Ellos evalúan las habilidades de los inscriptos con parciales y bibliografías en las que resuenan lecturas de las carreras de Letras (como textos de Roland Barthes o Giorgio Agamben) y otras periféricas, como las columnas de Rafael Spregelburd para Perfil o un ensayo de Alejandro Rubio sobre Mauricio Macri. Hay también una materia común a todos: Estado, sociedad y universidad.

Otras habilidades que los aspirantes deben poseer son menos sutiles: conjugar verbos correctamente, no separar sujeto de predicado con coma ni abusar de los gerundios. Antes que la ideología del texto o los pliegues de la argumentación conviene evitar las faltas de ortografía. Pero eso se abordará en el transcurso de la carrera. ¿Serán los escritores los más capacitados para atender esa demanda específica en la formación? Los concursos para las cátedras de la UNA están previstos para dentro de dos años.

"Debo confesar mi escepticismo acerca de que pueda enseñarse a escribir bajo formatos de regulación institucional -señala Kohan-. Eso lo planteo desde un comienzo, cuando tomo esta clase de trabajo. Sí creo que la formación de lectores es no sólo posible sino además muy valiosa, y que hay quienes pueden valerse de esos saberes de la lectura para encarar de mejor forma su escritura. Hay una pregunta nodal en la crítica literaria: ¿cómo está hecho un texto? Quien quiera escribir tiene mucho para aprender de esa pregunta, pero eso que hay para aprender se aprende en la lectura." La tarea del autor de Bahía Blanca y Fuera de lugar, entonces, apuntará a la lectura y a intentar hacer a un lado la voluntad de escribir para autoexpresarse y la urgencia, para él curiosa, de "ser escritor".

Larraquy señala que la licenciatura intenta crear "una profesionalización de la escritura para diferentes formatos". Bouzas y Buenaventura coinciden en que se puede enseñar a escribir. "Lo que es intransferible es la relación con la lengua, con la necesidad de la escritura, con el imaginario propio y singular", apunta Bouzas.

Rosario Bléfari, una de las alumnas de la flamante carrera
Rosario Bléfari, una de las alumnas de la flamante carrera.

Otras voces, el mismo ámbito

"Me inscribí en la carrera por el plantel docente y con la expectativa de tener una preparación formal para un oficio como es escribir", cuenta Genaro Press, que trabaja como editor free lance en sellos locales, y actualmente está haciendo el curso de nivelación. Como otros alumnos, Press cree que el filtro del seminario de análisis es evidente, aun para los que tienen cierto recorrido universitario o formación previa vinculada a la escritura. "El saber no ocupa lugar pero imaginaba que, al menos en esta instancia, el camino a la carrera iba a ser más accesible -sigue-. En el taller te hacen presentar un proyecto de novela, que hay que ir corrigiendo. Y al final del trimestre, te aprueban o desaprueban según la evolución del proyecto."

La edad y la formación de los inscriptos a la licenciatura son muy variadas, va desde los recién egresados de la escuela con 17 años hasta personas de 70, algunos con otras carreras ya cursadas y profesiones diversas. "Me interesa primero que nada por curiosidad; es lo primero que me generó", reconoce Rosario Bléfari, alumna inscripta en la flamante carrera. "Cuando me enteré de que se abría la carrera de la UNA, pensé cómo sería, cómo la darían, quiénes serían los profesores y los alumnos. Quise verlo de cerca, en persona, vivirlo y participar", cuenta la cantante y actriz, quien destaca que la licenciatura en Artes de la Escritura es una carrera de artes y no de humanidades. "Es como estudiar actuación o danza", remarca.

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